Una postal de Navidad

Parece que hay cuchillos afilados en los perfiles cálidos del viento de diciembre. Escribió Jean Jaurès que el coraje es buscar la verdad y decirla. Es sencillo que resplandezca en tiempos de zozobra, es rentable utilizarla cual hacha vengadora en el árbol caído, mientras gotean la savia y sus burbujas amarillentas. Pero sobre todo es sencillo opinar cuando se representa a una persona enferma de amnesia, sin pasado, sin casi presente, caída unos segundos antes en el jardín de las delicias y las palabras inocentes.

“Las palabras que usemos entonces no nos definirán como personas, tal vez sí como sombras de lo que quisiéramos o quisimos ser en algún momento pasado, presente o futuro”

Es humano desconocer la historia porque nos aleja del pecado original y nos convierte en hermosas miradas de niño con el azul de la pureza en el iris retoñado. En tiempos de zozobra los cuchillos son rayos de sol clavados en el costado de la verdad. Miradas de venganza se posan en los desheredados que lamen sus heridas mientras observan melancólicos las escalinatas que conducen a lo que un día fue su morada. Dagas brillan en la noche estupefacta, ¡echemos sus restos a la brisa de la madrugada, que viene salada de un levante al alba ensangrentado! Arriba, una pancarta anuncia la entrada al Templo y los reyes destronados reclaman su retorno entre coros celestiales y tinajas prestas para recoger la savia de los árboles talados por el metal justiciero de nuestros señores feudales.

Aquí, en esta tierra barrida por el infortunio, esperamos sentados la llegada de los ejércitos de la noche, que nos traen la paz y la palabra calma, y nos sentamos a la puerta de la casa abandonada esperando ver pasar el cadáver de nuestro peor enemigo: el tiempo que todo lo deshace, la poesía, el arte, el amor, los restos del naufragio que un día fue nuestra propia vida…

Pronto será Navidad, pero las palabras que usemos entonces no nos definirán como personas, tal vez sí como sombras de lo que quisiéramos o quisimos ser en algún momento pasado, presente o futuro. Hay que convertir las sombras en luz, hay que ser luz que ilumine el futuro. Todo lo demás es vano, todas las palabras pronunciadas, fuegos artificiales que fenecen en el vacío.

La luz, esa es nuestra pasión. ¡Que estas fiestas la encontremos al fin y la hagamos presencia eterna de nuestra mortal existencia!

¡Felices Fiestas!

 

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