Pensiones sostenibles, productividad y trabajadores del conocimiento

Las pensiones actuales no son sostenibles. Eso dicen los que quieren que nos hagamos planes privados de pensiones. Es decir, los bancos. Y no solo los bancos están interesados. También lo están los grandes empresarios que tienen en nómina miles de trabajadores a los que resulta muy conveniente bajarles las cotizaciones a la Seguridad Social. Esos mismos empresarios tienen acciones en bancos y empresas de seguros. Es lógico pensar que financien de una forma o de otra tanto a los gobiernos de derechas que hacen leyes que les interesan al auspicio de un corrupto y vetusto sistema neoliberal, como a los periodistas a sueldo, hagiógrafos y panegiristas de sus tropelías.

En este momento existen dos personas trabajadoras por cada pensionista, y el número de los unos y los otros se igualará en treinta años. Además, las personas pensionistas que se van incorporando cobran pensiones mucho más altas que las se van muriendo. Ante este panorama, los “listos” nos aconsejan que nos hagamos planes de pensiones privados (con ellos, a ser posible…), y que aceptemos trabajar más años y cobrar menos (no sólo menos pensión, sino también menos sueldo). Es decir, que nosotros, los que sustentamos y conformamos el sistema, seamos cada vez más pobres, y los que nos hacen estos planteamientos, cada vez más ricos. Además, los voceros de la misiva, es decir los políticos neoliberales, pretenden que les votemos. ¿Y saben ustedes qué es lo peor? Que nos lo hemos creído. Y les votamos.

“Es falso que el sistema sea insostenible, quienes dicen eso quieren hacerlo insostenible ellos, para obtener pingües beneficios con los planes de pensiones privados y por ahorrarse una pasta en sueldos al reducir las cotizaciones a la Seguridad Social, a la par que una pasta en impuestos”

Vayamos por partes y pongamos la máquina de razonar a funcionar a ver qué pasa.

Los pensionistas actuales están considerados, y con razón, un sector muy “pasivo” desde el punto de vista económico. Consumen poco y contribuyen poco al desarrollo. ¿Ha pensado alguien en el grado de deterioro físico de nuestros mayores debido al modo de vida que han tenido? Desde luego, un modo de vida infinitamente más duro que el que tenemos ahora. Ellos no tuvieron un estado del bienestar suministrado por los gobiernos socialistas, y los derechos que nosotros hemos disfrutado y de los cuales ya nos van quedando pocos, por cierto. Su vida ha sido muy dura. ¿Y sus pensiones? ¿Ha pensado alguien en la miseria que cobra la mayoría de nuestras personas mayores? Con los huesos hechos polvo, y sin prácticamente nada que llevarse a la boca, o poder calentar la casa en invierno, ¿qué esperan que consuman? Sin embargo, quienes actualmente estamos a unos treinta años de la jubilación llegaremos, razonablemente, con una salud mucho mejor conservada, teóricamente con mayor poder adquisitivo (ya veremos…) y desde luego, una mentalidad mucho más consumista y no basada en el sacrificio como la de nuestros padres. Es decir, los mayores de dentro de treinta años no seremos un sector “pasivo” económicamente hablando, sino una extraordinaria fuerza motriz de la economía. Interesa que seamos muchos, que gocemos de buena salud y tengamos buenas pensiones. ¿Quién podría imaginar mejores y más ávidos consumidores? Es falso, pues, el concepto de sujeto “pasivo” no consumista en la persona pensionista del futuro.

Después está la cuestión del número. La pirámide poblacional. Oigan, ¿es que no han oído hablar de los fenómenos migratorios? ¿Acaso no saben que, desde que el hombre es hombre, ha emigrado en busca de recursos y mejores condiciones de vida? Si dentro de treinta años necesitamos jóvenes preparados, que nadie dude que vendrán del mundo entero y tendremos dónde elegir. Como Alemania hace actualmente ante su falta de relevo generacional cualificado: nutrirse de españoles, griegos y portugueses. ¿Algún problema? Por lo tanto, también es falso el concepto de “sólo un trabajador por pensionista”.

¿Qué hay de la productividad? Porque cuando se habla de sostenibilidad de las pensiones de lo que se habla en realidad es de cuánto somos capaces de producir, y no tanto de cuántos somos los que producimos. Lo que ocurre es que a día de hoy tenemos que ser un número a razón de dos personas trabajadoras por pensionista para que las cifras cuadren. Desde la Segunda Revolución Industrial la productividad se ha duplicado, por término medio, cada sesenta y cinco años (y eso teniendo en cuenta guerras mundiales, gripe española y las últimas y devastadores epidemias de viruela…). Los sueldos se duplican aproximadamente cada 35 años. Además, un factor a tener muy en cuenta es la ley de Moore, según la cual la potencia de los microchips se duplica cada dos años (recordemos que hoy día todo depende de microchips). Además, ¿sabían que los empleos que habrá dentro de veinte años aún no están inventados? Lo razonable es pensar, y no hace falta ser muy halagüeño, que, en condiciones de paz, la productividad de los trabajadores y las trabajadoras en el mundo occidental se duplicará en treinta años, de manera que, aunque se cumpliese que en España habrá sólo una persona trabajadora por cada pensionista, lo cual sabemos que no es cierto por el fenómeno de la inmigración, este trabajador o trabajadora será el doble de productiva de que lo es hoy día. Por lo tanto, presuponer que habrá un déficit de productividad debido a una “falta de personal”, es falso.

¿Y es que acaso la sociedad del futuro, la de dentro de treinta años, se va a parecer a esta sociedad como para que sea “insostenible”? No, para nada. Vamos a una “sociedad del conocimiento”, constituida por “trabajadores y trabajadoras del conocimiento”. Según el 3g Smart Group and Advance Workplace Associates, la productividad de “los trabajadores del conocimiento” está basada en seis factores: la cohesión social, la percepción de apoyo de la organización, el intercambio de información, la visión y claridad de objetivos, la comunicación externa y la confianza. Esto es, todos factores organizacionales. Es decir, que dependen de nosotros. ¿Creen que no serán las empresas capaces de hacerlo, cuando les va en ello su futuro y, además, ya lo están haciendo?

Por cierto ¿han oído eso del factor de sostenibilidad? Pues nada, que como se supone que vamos a vivir mucho, hay que pagarnos menos… Otra trampa. Y ésta es mayúscula. El factor de sostenibilidad es un estadístico, y como tal, aplicable a poblaciones. La estadística es una ciencia que explica y predice la composición y el “comportamiento” de las grandes poblaciones estadísticas –pensionistas en este caso–; pero no puede, porque nadie puede, establecer predicciones sobre el comportamiento, el futuro, de una persona en particular. Es decir, vivirá más años el que tenga la suerte o la desgracia de vivir más años, pero esa persona no tenemos por qué ser usted o yo. ¿O es que acaso la gente no sigue muriéndose joven de cáncer, accidentes, violencia, etc, etc…? Es inadmisible que me quiten dinero “acusándome” de vivir demasiado, cuando nadie sabe cuánto voy a vivir yo concretamente. ¿Y si vivo poco, entonces qué hacemos? Menudo fraude. Por no hablar de que la esperanza de vida es una variable relativa en adaptación continua. Depende de factores externos de toda índole, no controlables, que pueden hacer que ésta suba o baje. Por ejemplo, en España la esperanza de vida es, antes de la crisis, pongamos que de 85 años por término medio. Surge la crisis y de forma automática la esperanza de vida baja. ¿Cómo afectaría esto al factor de sostenibilidad? ¿Pasarían a pagarme más dinero por haber disminuido la esperanza media de vida de la población? Todos sabemos que una vez que deciden pagarte menos, nunca vuelven a pagarte más. Al menos los mismos que tomaron la decisión de pagarte menos. Es un auténtico complot contra la población.

Es falso que el sistema sea insostenible. Lo que ocurre es que quienes dicen eso quieren hacerlo insostenible ellos, para obtener, por un lado, pingües beneficios con los planes de pensiones privados, y por otro lado ahorrarse una pasta en sueldos al reducir las cotizaciones a la Seguridad Social, a la par que una pasta en impuestos al reducirse las aportaciones al sistema público de pensiones sostenido con impuestos progresivos. No, no, si tontos no son…

¿Por qué las mujeres no tienen hijos en España? ¿Se ha perdido el instinto de procreación, o como dijo aquél, es que ya no hay “hombres en este pueblo”? Tampoco parece que esto sea cierto. Parece que es más bien que ser mujer, y madre, y esposa, y trabajadora, y cuidadora, en este país, es, sencillamente, una tarea imposible. Cuando hay que ser esposa, trabajadora y cuidar de los ancianos, la mujer no tiene más remedio que renunciar a ser madre. ¿Dónde están las políticas de apoyo a la natalidad, a la conciliación familiar, y a la emancipación de la mujer en este país? Pues esperando a un partido progresista, democrático, que cambie las leyes injustas y revierta esta situación. Sólo las políticas socialdemócratas que invierten en el ser humano a largo plazo promoviendo la extensión y desarrollo de los derechos y la igualdad de oportunidades puede sacarnos del marasmo en el que nos encontramos y sentar las bases de un futuro preclaro, sostenible y habitable.

Si queremos pensiones, defendamos el sistema y fortalezcámoslo. Fomentemos la natalidad con políticas que apoyen a la mujer y a las familias; promovamos el retorno de nuestros jóvenes semiemigrados-semiexiliados ofreciéndoles aquí, en su país, las oportunidades que otros les niegan. Invirtamos en futuro, en desarrollo, mejoremos nuestra productividad y arrimemos el hombro para mantener nuestra hucha de pensiones, en vez de sacar dinero de ella para dársela a los bancos y que posteriormente hagan negocio con nuestro presente y nuestro futuro. No son tontos, no. El problema es que nosotros y nosotras, a veces, lo parecemos.

 

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