Palabros

Las noticias se parecen a las de los días anteriores, o las de los últimos tiempos, ya que los males parecen eternos: guerras, bombardeos y atentados, ahogados o muertos, entre otras. La globalización difunde las malas noticias casi en tiempo real. Eso en cuanto a la información internacional; de lo local mejor no hablar: el periódico hay que llenarlo de contenidos, entre los que destacan los que facilitan desde los gabinetes de prensa de las instituciones, como de equipos de fútbol u otros que llenan las páginas deportivas. Noticias que pudieran ser de cualquier día del año, o de cualquier otro año, en este mundillo en el que apenas sucede nada que sea notable. Si nuestra capacidad de asombro no tiene límites, sí los debe de tener la del martilleo constante sobre algún asunto, que se termina por convertir en agobiante. Como la cuestión, crisis o conflicto de los últimos meses y que va para largo.

“Los últimos comentarios de los candidatos, además de su escasa autoestima o sentido del ridículo, ponen de manifiesto su falta de ideas y su amor por la propaganda”

Buenas noticias hay pocas en este tiempo en el que nos hemos acostumbrado a que las cosas sean lo más inmutables posibles; desconfiamos de los cambios y nos sentimos cómodos con nuestro estrenado conservadurismo. Mal asunto, nos quejamos de cualquier cosa que se aparte de lo que nos conviene o nos resulta simpático. Así, se forman plataformas, mareas o colectivos de gente descontenta por algún motivo, que se traducen en marchas o manifestaciones desfilando con lazos, batucadas y banderolas. Movimientos que son un éxito de ventas para los fabricantes de camisetas, que distinguen a sus componentes uniformados de este modo en defensa de su causa. Les distingue la camiseta ad hoc de distintos colores, o con lemas impresos, según se trate de protestar o pedir una cosa u otra. Seguimos instalados en esa idea heredada de que el Estado paternal puede atenderlo todo y que las cosas las debe de pagar otro.

Los últimos comentarios de los candidatos, o de la clase política en general, además de su escasa autoestima o sentido del ridículo y su pobreza discursiva –por lo general son poco aficionados a la lectura y ágrafos en general–, ponen de manifiesto su falta de ideas y su amor por la propaganda y, a falta de otra cosa, las hojas de ruta dirigidas, según piensan, a gentes que son como ellos. Por ejemplo, no se dice hombres y mujeres. El que se dice más progresista de todos dice españoles y españolas, diputados y diputadas, europeos y europeas, trabajadores y trabajadoras, entre otras tabarras semejantes que repiten machaconamente con independencia del objeto de sus discursos cada vez más huecos. Una cantinela que debe de ser contagiosa, ya que se escucha en otros foros como si fuera incorrecto o una falta de consideración no hacer esta distinción. La última es la de las portavozas. Nuevos palabros como seña de identidad de los que se proclaman de izquierdas. Todo por lo de la visibilización, otro palabro, de la desigualdad. Los de la derecha también diferencian pero en sentido inverso. El femenino delante, como corresponde a quienes han ido a colegio de pago.

Jóvenes y jóvenas, dijo una de estas lumbreras encargada de la igualdad, como mayores y mayoras,dijo otra al expresarse en una ocasión, para erigirse en redentoras de las féminas sometidas por el machismo, empezando por los guardianes del lenguaje,que han impuesto eso de que el masculino lo englobe todo. Se lleva oficialmente procurar la igualdad, por no llamarle uniformidad, como se debe procurar a su vez la diversidad para que nadie se sienta discriminado. Rechazando todo lo que termine en fobia. Con lo que es femenino o neutro se les crea un conflicto; como lo de jovenas, imbécil por ejemplo debería valer para todos y todas. O por reciprocidad a la inversa con los ciclistos o ciclistas, oculistos frente a oculistas, etc.

Hojas de ruta, lugares comunes y suposiciones que exponen estas gentes haciendo lo que mejor saben: intentar desprestigiar al adversario con frases que creen ingeniosas y no pasan de ser chistes viejos y malos, como lo es por lo general su bagaje discursivo, que se alimenta de consignas y guiones que se les facilitan desde la organización. Que vienen a exponer que, puesto que el otro es malo, confíe en mí, como si la maldad de uno llevara consigo la bondad del otro. Es lo que toca, lo que se lleva en estos tiempos en los que la información se encuentra por todas partes, en los medios tradicionales, televisiones, prensa y radio, y en el mismo teléfono móvil a través de las ondas. Es difícil ignorar las noticias, aunque no es prudente, nunca lo ha sido, comentarlas con desconocidos o con personas de opinión contraria. Tal como somos, nos puede llevar a tener un disgusto o recibir una respuesta desagradable.

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