Memoria Histórica y chantaje

De la vida política de mis abuelos paternos solo sé dos cosas: que mi abuelo, adolescente durante la guerra y trabajador del Arsenal de Cartagena, era obligado a presenciar los fusilamientos de sus compañeros; y que mi abuela, una niña entonces, sentía un miedo atroz cada vez que sonaban las sirenas y tenía que ir a refugiarse de los bombardeos.

Puede parecer que ahora estos recuerdos familiares poco tienen que ver con la realidad política de nuestro país. Sin embargo, últimamente algunos acontecimientos me han hecho pensar en el trauma social que compartimos todos los españoles y al que todavía no nos hemos podido enfrentar, entre otras cosas, porque los mismos intereses que comenzaron la guerra en el 36 no nos dejan.

Una frase de mi madre, hija de una familia que simpatizaba con el franquismo, me demostró hace días que todos, descendientes de vencedores y vencidos, necesitamos ser capaces de mirar a los ojos a nuestro pasado cercano y colectivo para poder desarrollar una vida social en condiciones. La potente carga emocional de un “hijo mío no te metas en política, ten cuidado” es algo a lo que que muchos de los que queremos ejercer todos nuestros derechos civiles hemos tenido que enfrentarnos en alguna ocasión.

El chantaje continúa. Los mismos que se beneficiaron de la victoria fascista pretenden que salte de generación en generación el miedo que pasaron nuestros abuelos, sacar réditos de una guerra que, más que “civil”, fue la expresión clara de la lucha de clases. Por eso interesa mantenerlo, porque interesa a quienes todavía manejan las redes clientelares tejidas en la dictadura, porque alimenta el conformismo y la sospecha del otro, lo que nos dificulta, aún hoy, el poder organizarnos.

Por si no fuera suficiente con los traumas psicosociales no resueltos, el PP se saca de la manga una ley mordaza que nada tiene que envidiar a los titulares de los diarios falangistas de la posguerra: “El Gobierno usará el rigor de la ley contra quienes directa o indirectamente perturban el orden, la paz y la unidad”. Además, las paredes de las sedes de nuestros partidos, y las de los barrios que resisten, aparecen llenas de pintadas amenazantes en cuanto el poder establecido se siente incómodo.

La presión aumentará conforme se acerquen las elecciones. Ya lo estamos viendo con el chantaje al pueblo griego que quiere salir de la dictadura de los mercados. Este año, año de cambios, nos intentarán amedrentar con las consecuencias económicas de la profundización democrática. En España, se utilizará voluntaria o inconscientemente el miedo a esas heridas que supuestamente están cerradas cuando se pretende investigar con rigor lo que sucedió hasta hace tan solo cuatro décadas, pero que supuran cuando intentamos aproximarnos a una democracia real.

Está bien que hablemos de aquellos años, pero sobre justicia, verdad y reparación. Escuchemos los relatos de quienes vivieron la represión y no las sandeces de tertulianos sin escrúpulos. Como recomienda Naciones Unidas, es necesaria una comisión de expertos independientes que establezca un relato veraz sobre las violaciones de derechos humanos durante la Guerra Civil y la dictadura, como se ha hecho en muchos otros países, donde además se ha investigado el impacto en los descendientes de familias que vivieron conflictos políticos violentos. Solo así podremos aspirar a una democracia real y sana en 2015. Solo así superaremos los traumas colectivos y podremos resistir el chantaje de mercados, partidos clientelares y tertulianos de medio pelo.

Carlos Egio. Periodista y miembro de Podemos Murcia

 

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