Los tramposos

Sabido es que el papel lo aguanta todo, que entre que es muy sufrido y que la catadura moral de cierta clase de políticos solo corre pareja con su desvergüenza, el caso del “mastergate madrileño”, un deja vu, segunda versión de la película del tal PAS, aquel pícaro que de presidente mindundi devino en simple majadero, tras recibir el apoyo incondicional de su partido hasta que lo achicharraron del todo, nos trae a la luz historias que ilustran lo anterior. Y que vienen a hacer bueno aquello de dime de qué presumes y te diré de qué careces.

“Sorprende que un señor gallego, de las mareas, haya dimitido por algo así, dando mal ejemplo a los demás, la excepción dentro de este festival de mentirosos compulsivos”

Al parecer, a quien llegó a presidir las Cortes españolas y el Gobierno vasco, no le duelen prendas. Creyó que le convenía figurar como ingeniero, sin que conste si inició siquiera carrera alguna. Y así siguiendo ejemplos anteriores, lo insertó durante años en su currículo. En cuyo caso no llegó a aprobar ni la música. Ni puede evitar que terminara por salir a la luz este fraude, sin el mínimo rubor. De su habilidad como trepa nos queda la maniobra para no mojarse en la elección de secretario general, para poder unirse al ganador a posteriori. Al fin y al cabo, una especialidad de ingeniería en nadar y guardar la ropa; ingeniero de supervivencia se le podría llamar.

El firmante de la moción de censura reconoce haber falseado igualmente su currículo, haciéndose pasar por licenciado en matemáticas en base a haber dado durante un tiempo clases particulares, o de apoyo como cuenta el caradura, porque así se lo pusieron otros, no él, que de este modo, además de tramposo, se manifiesta además como un intruso. Ejerciendo y alardeando de algo peor, de un presunto delito, como cobrar y ejercer como un falso profesor engañando a alumnos.

La cosa es que esta serie de fantasmones se encuentra por doquier, y de formas curiosas. La presidenta obtiene por la cara un título o diploma que le regala agradecido uno de los propietarios de chiringuitos que en base a la autonomía universitaria se ha montado un negociete aprovechando las instalaciones, servicios, gastos y medios que le proporciona esa universidad convertida en supermercado, en la que se accede a la cátedra de forma hereditaria o se multiplican en el caso de que haya más de un hijo. El título parece ser que existe, pero como prueba final de una serie de fraudes. Singular es también el máster de la joven promesa, que convalida asignaturas de la carrera cuyos conocimientos debería ampliar. Un máster absurdo al alcance de cualquier licenciado con tal de abonar la matrícula en beneficio del comercio al que llaman universidad y al que no se quiere desprestigiar más todavía.

También tenemos el caso de aquellos que modificaron el concepto de licenciatura por el de “estudios”, como podrían haber puesto lecturas o aficiones. Papel mojado, o sea, nada de nada que reseñar como mérito. Si es que llegaron a comenzar alguna de estas carreras universitarias, acreditan a través de esta fórmula haber sido esos malos estudiantes que por vagos o incapaces han encontrado en la política su capacidad para trepar a base de codazos en los aparatos de los partidos. A eurodiputada una de estas zotes, lo que nos da idea del nivel y la exigencia que se da en la cúpula de ciertos partidos.

Por no hablar de los fusilamientos de trabajos que permite internet, de las tesis o tesinas inútiles o compradas en el mercado. Como cierta tesis de la que se habla por ahora por uno de sus compañeros de partido.

Y dentro de esto,  por los aparatos, que quedan en el caso de un falso médico en “soltero”, de doctor a titulado, un pecadillo venial, o en diplomas de asistencia a jornadas de lo más variopinto, por titulaciones, másteres o adornos de bisutería universitaria, de la tienda de otros tan pícaros como ellos, tenemos que soportar este espectáculo que nos muestra al desnudo en manos de quiénes estamos, con su doble moral, sus culos al aire sin ningún pudor, y la desvergüenza de una serie de tramposos que han encontrado su modus vivendi a través de enredos y de degradar la política a la medida de sus tropelías. Sorprende que un señor gallego, de las mareas, haya dimitido por algo así, dando mal ejemplo a los demás, la excepción dentro de este festival de mentirosos compulsivos que restan importancia a la suyo mientras magnifican lo de sus rivales, como si hubiese dos categorías de embusteros, o las suyas carecen de importancia. Desgraciadamente no podemos huir del país.

En esta clase de asuntos, la de hermosear currículos por la cara, como la señora que se resiste hasta que la compensen con algo. A la presidenta habrá que darle algo, y si no al tiempo, como se dice en estos casos.

 

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