Juego abierto en la Asamblea Regional

 

“Me da pena soñarme rompiendo mis alas / contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme” (José Hierro)

No sé si alguna vez encontraré el libro que trajo mi padre de su trabajo un noviembre de 1988, titulado “Una construcción atípica en la arquitectura actual”. La construcción atípica era la Asamblea Regional y mi padre era encargado de obras. Por mucho que busqué su nombre en el libro, no lo encontré. Pero pensé que aquel edificio debía ser algo importante porque había venido a presentar el libro, y la obra, un poeta que encandilaba: José Hierro. Después de la muerte de mi padre, en un tórrido agosto de 2010, fui muchas veces a la Asamblea Regional. Por motivos de trabajo, por supuesto no políticos. Realmente, la arquitectura de la Asamblea Regional es atípica. Subiendo y bajando escaleras se ven los murales de Pepe Lucas, del que mi padre decía, seguramente en un sentido artístico, que estaba loco. Hay pintores interesantes en las estancias administrativas. Maravillosos son dos cuadros de Párraga, sin olvidar los de Muñoz Barberán o Luzzy.

En nombre de la igualdad nos roban hasta las certezas de lo que debe ser una sociedad moderna

Nunca entré a la Asamblea en vida de mi padre, jubilado en los noventa de una de las empresas de Florentino Pérez, uno de los maravillosos acreedores de la Comunidad Autónoma gracias a la desaladora de Escombreras. Ciertamente todos nuestros acreedores son gente maravillosa, algo incomprendidos, eso sí. Tanto a los que les debemos plata como a los que les debemos porciones de nuestras descarriadas e incrédulas almas. En nombre de la igualdad nos roban hasta las certezas de lo que debe ser una sociedad moderna, y terminamos creyendo que hay que mantener pecuniariamente los privilegios de una aristocracia de sangre, de creencia o de vanidad. En nombre de la libertad nos despojan hasta del orgullo de los Comunes y ya no sabemos quiénes somos pero sí lo que debemos ser, lo que nos cuesta dinero y alienación. En la Asamblea Regional, seguramente en todas las sedes de la soberanía popular, a la defensa de los privilegios se le llama seriedad, o responsabilidad o decencia. Entrar en un lugar tan sagrado para la democracia, pasear cotidianamente entre mármoles, mosaicos, pinturas, eclecticismo arquitectónico, debe hacernos sentir importantes, uno de los peligros más evidentes para las personas que nos sentimos iguales al común de la humanidad.

No sé si me arrepiento o no de no haber acompañado a mi padre cuando la obra diseñada y dirigida por Rafael Braquehais estaba en construcción. Por entonces, yo era adolescente y mantenía un injusto conflicto intergeneracional, que solo lo curó el tiempo y la reflexión sobre los aciertos y errores de mis actos. Pero tendía a pensar que no, que no se pueden visitar edificios fríos, sin alma, sin el espíritu del pueblo. Y posiblemente hasta 2015, la Asamblea Regional fue un mausoleo por el que deambulaban figurantes de una comedia o de un drama, si pensamos en la gente que sufre y no encuentra respuesta. Ocho legislaturas de mayorías absolutas y mucho mármol en derredor.

Con la aprobación de los Presupuestos Generales de la Región de Murcia 2016, los diputados regionales de la oposición han debido aprender en carne viva esa cita célebre de Giulio Andreotti que afirma que “el poder desgasta, pero la oposición mucho más”. Es sabido que hace años que los partidos gobernantes no elaboran leyes en sede parlamentaria, que se hacen en los ministerios o consejerías. Después de 20 años de poder omnímodo, la apertura del juego sigue favoreciendo a los mismos. Los nuevos jugadores comienzan perdiendo las primeras partidas hasta que van conociendo las reglas, que muchas veces no son públicas. Con el tiempo la bisoñez se convertirá en experiencia, pero visto lo visto el martes pasado, durante la aprobación de los Presupuestos regionales, quizá sería más interesante, y rápido, aprender desde el poder, no desde la oposición. Al menos, se evitarían burlas e insultos.

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