El único presidente con la cabeza alta

Cuando los retratos de los presidentes autonómicos de Murcia nos miren desde no sé muy bien qué pared, el único que podrá hacerlo con la cabeza bien alta será el recién defenestrado por su propio Partido Podrido. La corta vida de la autonomía murciana —toda hija del 78— nos cuenta una historia bien triste en lo que a sus mandatarios se refiere. Dejando aparte al preautonómico Pérez Crespo, el resto de primeros espadas instalados en San Esteban por más o menos tiempo ha salido con el rabo entre las piernas. Y con mucha vergüenza. Salvo el último, digo.

Unos por errores propios, otros por disfunciones de su partido y alguno —el huido, el más longevo, el genuinamente petulante— por su propia soberbia ineficiente. El balance que se puede hacer de las prestaciones de los gerifaltes autonómicos murcianos no es que deje mucho que desear: es que da vergüenza ajena. Si el nivel de nuestra autonomía ha de medirse por el de aquellos que la encabezaron, estamos apañados.

Repasemos. El primero que salió de mala manera, obligado a dimitir por un supuesto intento de soborno nunca suficientemente aclarado —¿trincaron los sujetos sobornables o no?— fue aquel que se encaramó a la primera magistratura regional después de haber propugnado la guerrilla urbana y campesina en la huerta de Murcia. Ahora, reconvertido en columnista egregio por el mismo a quien supuestamente intentó “untar”, hace profundas reflexiones tras sus aventuras empresariales latinoamericanas.

El siguiente de la lista, del mismo partido, se enredó en tampoco se comprende exactamente qué tipo de inversión para acabar repudiado por la inmensa mayoría de diputados de su partido y verse obligado a renunciar tras bastantes semanas de ostracismo público, denostado por tirios y troyanos hasta que el Partido Podrido lo rehabilitó.

Por cierto, de aquella fabulosa inversión que tuvo como mascarón de proa al conseguidor de todos los conseguidores, hijo de la mayor palanca que tuvo Estados Unidos en Madrid en tiempos pretransicionales, casi nada más se supo: ¿dónde está esa famosa dinamización empresarial del Campo de Cartagena, esas sinergias rescatadoras y creadoras de un tejido industrial hasta el momento ignoto, esa masiva creación de puestos de trabajo…? Probablemente, en el mismo lugar que la dignidad de los propiciadores políticos del asunto.

La tercera sucesiva, que no en discordia, tuvo que asumir el desastre creado por sus antecesores: falta de vis y de altura políticas; mermada por sus compromisos anteriores con las familias que llevaron al desastre a su partido; e incapaz, por eso mismo, de adoptar posturas resolutivas que amortiguaran el desastre anunciado. No fue por méritos propios, pero salió por la misma puerta de atrás vergonzante que sus dos conmilitones precedentes.

¿Y el cuarto? ¡Qué decir de la mayor promesa fallida, fatua y petulante que la Región ha tenido! Maestro en ofrecer el oro y el moro, y luego capaz de justificar lo injustificable a base de palabrería inocua, vacuas frases hechas, nulidad gestora, pero muy aparente, y reparto de prebendas materiales e inmateriales a troche y moche por las que se ha ido el peculio regional a espuertas, sería merecedor por sí mismo de una gran enciclopedia del despropósito político cuyo último capítulo es la desaladora de Escombreras. Por no cansar hablando de Novo Carthago, Marina de Cope, Polaris, Umbra, Biblioteca… Productos todos de una nefasta gestión de lo público y, ¡ojo!, de lo privado.

Después de todo esto —y de lo que viene judicialmente con el señorito heredero del Auditorio—, al menos hubo uno, dirán nuestros nietos, al que largaron porque dijo lo que pensaba y pretendió aplicarlo. Lo llamativo es que el balance de los 33 años de autonomía es triste, muy triste: porque lo que han reflejado y representado los cabezas visibles de la organización política salida del 78 hace ruborizar a cualquiera. Salvo en un caso.

Comments 4

  1. La Sita says:

    Peor para ellos; si no le
    Peor para ellos; si no le hubieran puesto la zancadilla ahora tendrían su habitual mayoría absoluta.Tenían una ocasión de oro para lavar la cara al partido. Han demostrado que no les importan los ciudadanos, ni la región, ni siquiera su partido; lo único que les ha importado es salvar su culo, que el señor Garre les iba a dejar al aire.
    Y con la zancadilla, en vez de partirle los dientes, lo han elevado a los altares.

  2. José Luis López says:

    “Maestro en ofrecer el oro y
    “Maestro en ofrecer el oro y el moro,” Vendedor de humo, igual que aquel charlatán de Orihuela, Ramonet, vendedor de mantas de Palencia, peladores de patatas y otros artilugios que, cuando se jubiló, instituyó el Campeonato Mundial de Charlatanes, si nuestro charlatán autóctono hubiera concurrido seguro que se habría proclamado Campeón del Mundo con el digno nombre de Ramonet II

  3. cosicas claras says:

    es mucho resumir,…
    Si el nivel del periodismo se hubiera tenido que medir por su compromiso por la democracia y la pluralidad sobre todo de aquellos que más venden, quizas estemos hablando de otras cosas. Estos presidentes y estos gobiernos son el reflejo de una sociedad que pese a quien le pese es así. Lo que ocurre que la superioridad moral de una cierta izquierda siempre tiende a salpicar a los demás y señalar en otros los defectos e imperfecciones de una sociedad. Murcia es así, compadre; ha sido tan grande el silencio de los corderos del sistema que aquellos que alzaron su voz criticando sus perjuicios para el bien común se convirtieron en un problema.

  4. Alonso Quijano says:

    ¡No nos representan!
    Estos señores no nos representan porque no han sido elegidos por los ciudadanos, el sistema electoral no permite que los ciudadanos elijan al presidente ahora se elige a los diputados y estos son los que realmente eligen al presidente. El cambio de la ley electoral debe permitir la elección directa del presidente en distrito único a doble vuelta, si en la primera ningún candidato alcanza el 50%, los dos primeros se enfrentan en nueva votación y de esa forma el que gana siempre tiene mayoría absoluta y representa a más de la mitad de los electores.

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