El nuevo PSOE, el ‘pedrismo’ y la renovación

El pasado 1 de octubre de 2016 asistimos atónit@s a la autodestrucción de un partido político. No porque se defenestrase a un secretario general, cosa que pudiera ser lo lógico y deseable si ese secretario general se volviera loco, resultara ser un corrupto o condujese al partido a la catástrofe. El problema es que el motivo no era otro que el poder. Sin ir más lejos, podemos ver ahora cómo destacados dirigentes del partido que alertaban del peligro de las hordas vandálicas de Podemos, les ofrecen, sólo unos meses después de aquello, pactos de gobierno con tal de mantenerse en el poder. El poder, he ahí la gran cuestión.

En la comunidad de Murcia ya pudimos vivir hace unos 24 años cómo el propio PSOE hacía caer a Carlos Collado, rehabilitado después ¡por el Partido Popular! ¿Y todo por qué? Por el poder. A día de hoy llevamos 22 años viendo a ver si aprendemos la lección.

“17 personas no pueden imponerse sobre los designios de decenas de miles. Si ocurre, significa que ese partido no es democrático y algo más grave: que es un partido aristocrático, donde un grupo de personas se cree con derechos superiores a los de los demás”

Como decíamos antes, el pasado 1 de octubre se produjo un proceso de autodestrucción, no por la destitución en si del secretario general, sino por los motivos, las formas empleadas y su significación. 17 personas no pueden imponerse sobre los designios de decenas de miles. Si esto ocurre, significa que ese partido no es democrático, y significa algo más grave aún: que es un partido aristocrático, donde un grupo de personas se cree con derechos superiores a los de los demás. Y aquí se inicia el objeto de la reflexión que me he permitido plantear en este artículo.

La reacción que se produjo entre la militancia, y entre centenares de miles de simpatizantes, motivada por la indignación, se instrumentalizó en la organización casi espontánea de la militancia a través de plataformas que exigían la celebración de un Congreso Extraordinario, precedido de primarias, lo antes posible. Una vez que Pedro Sánchez decidió dar el paso hacia la candidatura para la Secretaria General del PSOE, las plataformas se reconvirtieron en Plataformas de Apoyo a Pedro Sánchez. A esto se le llamó “pedrismo”, o “sanchismo”, y significó la materialización de esa respuesta de indignación que muchos de nosotr@s sentíamos. Pero hubo algo más en el movimiento generado resultado del análisis de las causas del “1 de octubre negro”, y fue un movimiento de renovación que diera como resultado la creación de un PSOE renacido más acorde con las nuevas realidades que la ciudadanía reclama.

“Houston, tenemos un problema…”, ya que “pedrismo” y “renovación” no son la misma cosa, sino que han ido juntos como peregrinos durante una parte del camino, y ahora, una vez que el “pedrismo” ha llegado a su destino (la restitución de Pedro Sánchez en la Secretaría General del PSOE) la “renovación” sigue su camino, resultando amenazadora para muchas estructuras del partido y para muchos miembros, pedristas incluidos, del partido.

El PSOE, y ahora nos referiremos ya al PSRM, debe renovar su discurso, sus maneras, actitudes, sus estructuras, su relación con la sociedad civil, con los otros partidos; debe cambiar su manera de hacer oposición, su manera de relacionarse con el poder; debe, en definitiva, refundarse, pero no haciendo añicos lo anterior, sino tomando lo mejor que tiene, actualizándose, integrando y absorbiendo.

Ahora bien, una vez remozado el partido, ¿quién le da la noticia a la sociedad murciana de que ese PSRM que estaba esperando ya ha llegado? Desde mi punto de vista, esto sólo pueden hacerlo los artífices de la renovación, que son los que tendrán la credibilidad ante esa misma sociedad cuya confianza reclaman. Esto es, no pueden ser “renovación” los que llevan 15 ó 20 años en la primera línea política, sean “pedristas”, “sanchistas” o “madridistas”. Sin embargo, y en ese mismo orden de cosas, tiene todo el sentido que compañeros y compañeras que han defendido otras opciones distintas a la candidatura de Pedro Sánchez se integren y aporten su valor añadido en la primera línea política cuando tengan como bagaje no el haber estado mucho tiempo en sus cargos, sino todo lo contrario, llevar poco tiempo, y, por lo tanto, poder ser representativos de la renovación. La renovación no es el “pedrismo”. La renovación es la gente nueva.

Los compañeros y compañeras que han representado al PSRM durante 20 años en distintos cargos políticos tienen todo mi respeto. Han soportado una dura carga, como la que siempre conlleva la ostentación de un cargo; no podemos prescindir de ellos. Todos somos necesarios. Los recién llegados, en primera línea, con frescura, y con fuerzas e ideas renovadas. Los veteranos, apoyando, asesorando… echando una mano, como todos, en la medida de nuestras posibilidades. Sólo así seremos creíbles. Sólo así seremos el nuevo PSOE que la sociedad murciana está esperando.

 

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