A favor de la mujer

El jueves celebraremos el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), pero no se puede todavía celebrar la igualdad plena de las mujeres. Sin embargo, junto con las historias de atrocidades extraordinarias y violencia cotidiana, también existe otra realidad donde, como nunca antes, son más las niñas que asisten a la escuela y son más las que obtienen un título; donde la mortalidad materna se ubica en los niveles más bajos de la historia; donde las mujeres ocupan cargos de liderazgo y se ponen de pie, se hacen oír y exigen medidas.

“Al observar hoy el progreso lento e irregular hacia la igualdad de género, parece que tuvimos la expectativa exageradamente ambiciosa de acabar pronto con un régimen de desigualdad de género y opresión absoluta que había durado, en algunos casos, miles de años”

La cuestión no está como hace 20 años; se logran avances que todavía son a regañadientes y en especial por los mismos gobiernos de los países más desarrollados. Si hubieran cumplido con sus promesas, hoy estaríamos observando muchísimos más avances en materia de igualdad que las pequeñas conquistas que estamos celebrando en algunas áreas. Estaríamos hablando de igualdad para las mujeres en todos los ámbitos y podríamos estar hablando de un mundo más sano, con una prosperidad más uniforme y más afable.

Al observar hoy el progreso lento e irregular hacia la igualdad de género, parece que tuvimos la expectativa exageradamente ambiciosa de acabar pronto con un régimen de desigualdad de género y opresión absoluta que había durado, en algunos casos, miles de años. La baja representación de las mujeres en la toma de decisiones políticas y económicas amenaza su empoderamiento. Ocho de cada diez parlamentarios en todo el mundo todavía son hombres. La mortalidad materna disminuye, pero todavía hay 140 millones de mujeres en todo el mundo sin acceso a la planificación familiar moderna.

Más niñas van a la escuela y más niñas están completando su educación; los países en gran medida han eliminado la brecha de género en la educación primaria. Muchas más niñas están ingresando también a la escuela secundaria, pero existe todavía una amplia diferencia entre los niveles educativos alcanzados por las niñas y los niños.

Hay más mujeres trabajando, y con ello logran una independencia económica que las hace más libres, pero falta mucho para lograr la paridad de género en el empleo y mucho más para alcanzar la igualdad salarial.

Basta ya de promesas, hay que instar a los líderes políticos a unirse a las mujeres en una gran alianza en favor de los derechos humanos, la paz y el desarrollo. Les pido que muestren un ejemplo de su propia vida sobre el modo en que la igualdad beneficia a cada persona: hombre, mujer, niño y niña. Y les solicito que lideren un cambio en el ámbito nacional que enfrente las disparidades de igualdad de género que sabemos que todavía persiste.

Si los hombres se unen a las mujeres del mundo; si redoblan esfuerzos por la igualdad a partir de las bases fundadas durante los últimos años; si entre todos exigimos las inversiones necesarias, forjar alianzas con la empresa y la sociedad civil y hacerse responsables de los resultados, esto podría lograrse antes.

Si al final las mujeres obtendrán la igualdad, ¿para qué esperar? Por eso celebramos el Día Internacional de la Mujer con confianza en la expectativa de que tendremos aún más motivos para celebrar el año próximo y en los años venideros.

 

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