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¿Y por qué no estudiar matemáticas?

Ya han acabado las pruebas de acceso a la universidad donde los alumnos se juegan el futuro en un examen. Una vez con las notas en la mano, deben decidir si están dispuestos a dedicar gran parte de su vida a realizar una profesión de la que aún no saben nada. Las carreras se reformulan y se reajustan y ahora son muy diferentes a lo que eran antes. Hay algunos estudios que continúan siendo un clásico pero, con el tiempo, la sociedad los ha valorado de una forma diferente. Este es el caso de las matemáticas: de que nadie quisiera estudiarlas a ser una de las carreras para las que se necesita una mayor nota de corte, siendo una de las más demandadas por la amplia gama de posibilidades de aplicación.

No, las matemáticas no tienen por qué ser aburridas. Estudiarlas lleva a que el cerebro se plantee cuestiones que de ninguna otra forma haría. Ya lo dijo Galileo Galilei: las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el Universo. De este lenguaje con el que el ser humano comenzó a explicar el mundo que le rodeaba, podemos distinguir dos ámbitos: la representación numérica y los procedimientos matemáticos. El primero se definiría como el conjunto de elementos que sirven para codificar y representar cantidades, como los dígitos o los gráficos. Estos últimos están relacionados con el lenguaje y, por lo tanto, dependen del hemisferio izquierdo del cerebro. El segundo se refiere a la facilidad de ejecutar operaciones y, dentro de este grupo, encontramos las aproximadas, relacionadas con la capacidad viso-espacial y con el hemisferio derecho, y las exactas, definidas como el talento para combinar mentalmente valores. La diferenciación de estos dos espacios de acción de las matemáticas se pudo averiguar gracias a la observación de pacientes con lesiones cerebrales y de lo que podían y no podían hacer tras tener afectada una parte del cerebro. 

Las matemáticas, con el tiempo, han pasado de ser la asignatura aburrida que hay que estudiar para pasar de curso a concebirse como algo imprescindible para explicar nuestra realidad. El problema reside en que las matemáticas son presentadas a los estudiantes como una ciencia muy abstracta, por lo que es complicado poder ver su utilidad o practicidad a priori. Estudiar estas ciencias exactas es la mejor manera para abrir a los jóvenes la posibilidad de dedicarse a profesiones que ni siquiera se había imaginado.

Los brókers son esas personas que se dedican a gestionar carteras y a mover el dinero de las grandes fortunas para hacerlas crecer. Para ser un buen bróker puedes ser una persona con olfato para las finanzas o tener una preparación sólida en matemáticas. De hecho, esta es una de las carreras que se tienen en cuenta a la hora de que agencias o sociedades de valores acepten a aspirantes. Trabajar en bolsa es una de las carreras que más dinero generan aunque también las que más estrés producen, así que con una base sólida de conocimientos numéricos se eliminan obstáculos en el camino.

La música está íntimamente ligada al lenguaje matemático. Existen numerosos estudios que vinculan el aprendizaje de la música a los resultados académicos en las matemáticas. Sin embargo, hay pocas vinculaciones entre ambas disciplinas en el sistema educativo aunque hay estudios que intentar revertir esta tendencia como el European Music Portfolio – Maths: Sounding ways into Mathematics, un proyecto europeo que propone el uso integrado de la música y las matemáticas en países como España, Reino Unido, Suiza o Rumanía. Las matemáticas también se han encargado de crear fórmulas que puedan aplicarse a la música con el objetivo de sacar conclusiones relacionadas con las emociones, como la fórmula matemática de Jacob Jolij que se encargó de predecir la canción que produce mayor bienestar, quedando como ganadora Don't Stop me now de Queen.

La relación entre la programación y las matemáticas es más que evidente. Para empezar a programar hay que saber nociones básicas como sumar, restar, multiplicar o dividir; saber obtener porcentajes de un número; el sistema de coordenadas cartesianas; la numeración decimal y binaria y el teorema de Pitágoras. Esto evidencia que no son necesarios unos altos conocimientos matemáticos para comenzar con la programación. Pero la cosa se complica si el propósito es diseñar videojuegos. Está claro que es necesario saber dibujar y tener imaginación para crear nuevos mundos, pero si no se tiene este talento pero sí se es experto en matemáticas, también hay un sitio en este oficio. Los diseñadores 3D de los personajes de un videojuego, que puede ir desde un ciervo a un superhéroe, el diseño de obstáculos o del escenario donde se mueven necesitan usar fórmulas matemáticas para averiguar su posición y su localización con respecto al resto de personajes. Además, las matemáticas son necesarias para la definición de algoritmos que indiquen la dirección y trayectoria de, por ejemplo, un balón o la velocidad de movimiento de una máquina tragaperra en una sala de juegos de casino.

Pero seguro que nadie se imagina la necesidad de esta ciencia exacta para crear algoritmos que ayuden a descifrar patrones de comportamiento. Algunos de ellos ya están funcionando en medicina para poder hacer mejores diagnósticos gracias a un análisis más preciso de las pruebas. Otros se están aplicando a la revolución que viene de mano de los autos autónomos, ya que los nuevos algoritmos pueden estudiar el entorno con mayor profundidad para una conducción más eficaz y, por increíble que parezca, las matemáticas son una herramienta infalible capaz de analizar el comportamiento humano que tan útil puede ser para que las compañías aseguradoras puedan 'cazar' a los defraudadores.

Estos son solo algunos ejemplo de cómo la ciencia más exacta de todas se ha convertido en un arma infalible para aplicarse a la realidad. La vida evoluciona y los nuevos oficios también, por eso es un buen momento para plantearse que el estudio de las matemáticas puede ser una buena opción de futuro. Claro, eso sí, si la nota de corte te alcanza.

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