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El sueño de San Joy ‘Pueblo revolucionario’ salta por los aires "a guantazos"

P. S.
Imagen de dos jóvenes de San Joy publicadas en Facebook.

“Abandonamos nuestro sueño, interrumpido a guantazos por dos de los compañeros con los que empezamos a trabajar en la rehabilitación del pueblo”. Así se expresan siete de los jóvenes que han dejado el pequeño pueblo de San Joy, en la sierra de La Pila, tras vivir en él y trabajar a diario en su reconstrucción durante tres años. Y se han ido denunciando que ya no pueden vivir en el denominado ‘Pueblo revolucionario’, pues no soportan más las amenazas y agresiones físicas de dos vecinos y excompañeros de proyecto, a los que acusan de haberse adueñado del lugar. Estas dos personas quitan hierro al asunto y afirman que no propinaron ninguna paliza a sus excamaradas, sino que “fueron cuatro guantazos de colegio”. El caso es que la trifulca acabó con una denuncia en la Guardia Civil presentada por los supuestos agresores, que declararon que la pelea la empezaron los que resultaron peor parados. Al final habrá hasta juicio.   

Los siete miembros del colectivo que ha abandonado San Joy han publicado en Facebook un comunicado en el que afirman que “dos de las personas del grupo original y que habitan actualmente Sanjoy han llevado a cabo diversos actos de violencia (insultos, amenazas, golpes…) sobre nosotros de manera que, no pudiendo aguantar el mal ambiente y la presión, hemos decidido abandonar el pueblo y el proyecto”.

El colectivo agradece el apoyo a todos los “que habéis colaborado en este sueño de comunidad vivencial asamblearia, horizontal, autogestionada y no violenta”, y realiza un resumen de los hechos “en un relato consensuado por todos los abajo firmantes para que sirva de ejemplo en experiencias futuras”.

El comienzo de la historia

“Esta es nuestra historia: el comienzo tiene lugar en la Plaza del Ayuntamiento, durante la primavera del año 2011. El grupo que dio inicio al proyecto viene de la Acampada 15M y los coletazos de actividad tras la misma. Los lazos personales son recientes, pero marcados por la intensidad de los acontecimientos que tuvieron lugar. El grupo, aunque indefinido, empieza a caracterizarse por tener como seña de identidad una orientación marcada por la acción y la ejecución de proyectos concretos, más que por un debate político-filosófico”, se indica en el comunicado.

“Se comienza a trabajar en SanJoy en enero del año siguiente. Dormíamos juntos, en el suelo: sacos de dormir, velas, leña, toldos, azadas… El pueblo empieza a reconstruirse, se pide apoyo, se abre este face, se generan eventos y las primeras personas empiezan a residir en Sanjoy. Al principio nos encontramos con la oposición y desconfianza de los propietarios, pero la hostilidad cesa pronto tras las primeras conversaciones y nuestro evidente esfuerzo por devolver la vida al pueblo”.

El comunicado continúa: “El principal objetivo es la reconstrucción del sistema de regadío para la práctica agrícola y ganadera, y la reconstrucción de las casas en avanzado estado de deterioro para poder habitarlas (se comienza a vivir en las que presentan mejor estado); intentando aunar todo esto con la labor social que pretende tener el proyecto, trabajando en apoyo mutuo, construyendo nuevas cosas juntos, y demostrar que otra forma de vida es posible a través de los valores que el propio grupo vaya generando. Así se construyen balsas y corrales, se aran campos, pero también se generan talleres, comidas populares benéficas, conciertos de punk-rock, conciertos acústicos… Nuevas personas aparecen y en los eventos participa gente de todas partes. El grupo crece. Se van habilitando espacios y habitaciones. San Joy se convierte en un proyecto social conocido y reconocido”.

En el momento álgido, según el comunicado, San Joy llega a tener una decena de residentes fijos y otros tantos colaboradores con diferentes propuestas y grados de implicación. “Es en este momento es cuando la relación sentimental entre dos habitantes se hace sólida y anuncian la llegada de un hijo y el deseo de construir una vivienda independiente. Se habla y en general no hay problema con ello ya que la llegada de un hijo necesita una independencia y necesidades que una casa en la que viven 5-8 personas no puede ofrecer. Y, más aún, teniendo en cuenta que uno de los objetivos del proyecto es reconstruir casas e ir repoblando el pueblo”.

“Por desgracia y con mucha tristeza –prosigue el comunicado–  esto fue un punto de inflexión en el colectivo. Nadie imaginó que esto sería el principio del fin. A partir de este momento las relaciones empiezan a ser tensas, surgen desacuerdos y diferentes discusiones: por el tema de reparto de trabajo, dedicación a las labores generales del colectivo, implicación en la reconstrucción de la casa… El grupo se divide y crecen las tensiones entre los que construyen la nueva casa y los que siguen ocupándose de las tareas agropecuarias y tareas comunes del proyecto. La cohesión del colectivo se deteriora día a día y son frecuentes los gritos, reproches, insultos… Se hace necesario un trabajo urgente para la comunicación no violenta y llegar al consenso asambleario, y a la resolución de conflictos, pero en este aspecto el grupo no ha trabajado suficiente y carece de herramientas y acuerdos básicos”.

Tensión y primeras agresiones

“Las tensiones van creciendo, los gritos son frecuentes en las asambleas que se celebran, y finalmente, un malentendido provoca el ataque de un compañero a otro con repetidos gritos y golpes en la cara, mientras el agredido se muestra pasivo y pide que cese la situación y que se hable tranquilamente todo. Los demás intentan detenerle sin éxito. Días más tarde, este mismo agresor coge por el cuello a un vecino que anteriormente formaba parte del grupo”, añade el comunicado.

Y así fue como en junio de 2014 “comienza a convertirse en pesadilla lo que fue un sueño de paz y revolución. Tras esta primera agresión física, algunos miembros abandonan San Joy, y otros proyectan abandonarlo. El desánimo crece a medida que el verano va entrando y las tareas agrícolas y ganaderas se hacen más duras: desilusión, tensión y menos personas trabajando no ayudan a recuperar fuerzas…”.

Tras este primer episodio de violencia física, “el equilibrio nunca más se recupera. En la nueva casa se habla de expulsar a los golpeados para restablecer la paz, pero la opinión no es compartida y esto hace que cada vez más, la pareja, ya con su hijo en vida, se recluya en su casa independiente, con sus padres y algún que otro amigo muy ocasional”,

Durante un año, las escasas relaciones que se han producido entre la familia y el resto de los habitantes de San Joy han sido “para retomar el conflicto con nuevas amenazas, gritos, insultos y un acoso permanente… Pensando que el tiempo curaría heridas y convenceríamos a esta persona de que cesase en sus formas, hemos intentado mantener el proyecto, generando nuevos eventos, meditando nuevas formas de coexistir en San Joy, pero lamentablemente no ha sido posible llegar a un acuerdo”.

La agresión más violenta

El colectivo que ha abandonado San Joy explica que “pasado un año de la primera agresión se produjo una aún más violenta. Y en esta ocasión ya son varias las personas que golpean. No solo el agresor de hace un año sino también su padre, su mujer y varios amigos, golpean a tres compañeros. Dos de los golpeados son los mismos de hace un año, el otro es una persona que recientemente ha llegado a colaborar y que nadie conoce todavía. Tras esta segunda agresión queda un juicio pendiente en el que estamos todos los miembros del colectivo original como testigos y víctimas”.

“Todos y cada uno de los firmantes (algunos que llevan en el proyecto de Sanjoy desde sus inicios) hemos sido víctimas de la violencia verbal o física y la extorsión de estas personas que aún hoy habitan SanJoy. Actualmente, las casas están ocupadas por los familiares y amigos de los agresores, estos últimos son personas que han llegado al pueblo muy recientemente. Hoy en San Joy hay candados donde había puertas abiertas…Hay piedras donde había asambleas. Hay una caravana en la antigua era, se usa el ladrillo para construir…”.

Además, el colectivo explica que “desconocemos a las nuevas personas que habitan SanJoy. Uno de los nuevos habitantes, el que actualmente ocupa la primera casa que habitamos y que fue golpeado junto a los otros dos, había dicho que se iba, pero continúa allí. Algunos de los nuevos habitantes ya nos han insultado, sin conocernos, por la información que esta familia les ha dado, y ya hemos sido amenazados con piedras e incluso echados del lugar que nosotros mismos rehabilitamos”. 
“Por estas razones, hemos abandonado el pueblo y cerrado el proyecto. Del sueño original sólo quedan las casas que se arreglaron, las balsas donde hoy se almacena aún el agua, la acequia que se recuperó con la ayuda de los colaboradores que participaban de nuestra ilusión… Tan sólo dos de los actuales habitantes contribuyeron a la recuperación de este pueblo. Los demás, a cambio de ocupar nuestro lugar y cerrar casas que no les pertenecen, protegen el entorno y nos echan con piedras y nuevas amenazas e insultos”, concluye el comunicado, que está firmado por Maury, Pepa, Orky, Iban, Natalia, Erika y José Luis.