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"Los padres han de inculcar a sus hijos que nadie debe de tocarles en sitios que les resulten incómodos o molestos"

Para conocer más sobre los agresores sexuales, intentando profundizar en sus perfiles y patrones, entrevistamos a Blanca Vázquez Mezquita, psicóloga y autora del libro "Abuso sexual en menores, evaluación y tratamiento”
Blanca Vázquez Mezquita es psicóloga especialista en psicología clínica, legal y forense.

Un minuto y medio. Es el breve periodo de tiempo que una persona adulta necesita para ganarse la confianza de cualquier menor que, por ejemplo, se encuentre jugando alegremente en el parque. Resulta un total desconocido para las víctimas, pero únicamente basta con un sutil engaño, desde pedirles ayuda para ir a buscar a un perro, ofrecerles chucherías o ir a buscar a otro niño, para llevárselos con él mientras su madre está despistada hablando por teléfono. El perfil de esta situación podría encajar con alguno de los numerosos casos en los que, por desgracia, un menor ha sido secuestrado para ser agredido sexualmente. Pero no siempre el abuso ha de ser realizado por un desconocido. También ocurre por parte de familiares o personas cercanas.

Por ello, el abuso sexual de menores es una de las mayores preocupaciones de los padres. Sobre todo cuando sus hijos creen contar con la capacidad suficiente para discernir quién les puede hacer daño o forzarlos en una relación a ir más allá de lo aceptable.

Para conocer más sobre los agresores, intentando profundizar en sus perfiles y patrones, Blanca Vázquez Mezquita, especialista en psicología clínica, legal y forense con adultos y niños, además de autora del libro "Abuso sexual en menores, evaluación y tratamiento”, ha querido responder a las preguntas de La Crónica del Pajarito sobre uno de los temas que más espacio ha ocupado en los medios de comunicación en los últimos tiempos. 

Los términos pederasta y pedófilo pueden parecer equivalentes. ¿Qué diferencia existe entre el pederasta y el pedófilo?

En mi opinión, son diferencias terminológicas que, realmente, no afectan al problema. Así, el pedófilo es la persona que se siente atraída por un niño pero sin llegar a abusar del menor, mientras que el pederasta es la persona que lleva a efecto la conducta. Por esta razón, en ocasiones se puede hablar de una persona pedófila que no tiene que resultar, a la fuerza, un pederasta. Esta sería la forma más sencilla de explicar estos dos términos a la sociedad.

¿Existe un perfil establecido para personas con este tipo de comportamientos?

El perfil de un pedófilo es muy amplio. Estas personas pueden tener una inclinación sexual hacía un menor y agredirlo, pero también encontramos a quienes lo hacen con personas adultas. Por tanto, un perfil concreto es muy difícil de establecer porque la personalidad puede ser muy variada. Y es que la edad de inicio de estas inclinaciones comienza desde muy joven y se extiende hasta llegar a ser bastante mayor. La media de un adulto puede oscilar entre los 39-40 años.

¿Es verdad que la mayoría de los agresores sexuales de menores son varones?

Cierto. Si nos remitimos a las estadísticas, los delitos de agresión, en general, a cargo de mujeres son mucho más reducidos que en el caso de los hombres. En el caso de las agresiones sexuales ocurre lo mismo, las cifras en el caso de las mujeres son inferiores a los hombres. Además, muchas de estas agresiones vienen mediatizadas por el varón, es decir, a veces la mujer participa como cooperadora necesaria pero no es la que lleva la voz cantante en las agresiones sexuales.

¿Cuáles son las causas que les empujan a estas personas a cometer este tipo de abusos?

En el caso de un pedófilo primario, quien solamente tiene relaciones sexuales con niños, es capaz de cometer el abuso porque no existe ningún tipo de culpabilidad al respecto. La razón es que existen unas serie de distorsiones cognitivas que le hacen pensar que, pese a ser hechos que están prohibidos por las leyes, en realidad no está haciendo mal alguno a los menores. Respecto al pedófilo secundario, quien normalmente tiene relaciones sexuales con adultos, lo que parece que desencadena  el agredir sexualmente a un niño es que, en un momento determinado, se produzca una situación de estrés, sobrecarga o crisis critica.

¿Qué tipo de niños eligen y cómo son las características de estos niños?

El abuso sexual infantil es un mundo muy grande y complejo, donde se estudia tanto a la víctima como al agresor. Hasta el momento, lo que se ha visto con las víctimas es que existe, en primer lugar, un tipo de agresión sexual denominada intrafamiliar, que se deriva, en la mayoría de los casos, en las niñas y que resulta más violenta. En segundo lugar, encontramos una agresión sexual que se deriva en los niños y que tiene que ver con personas conocidas del entorno del menor. Este tipo de agresores sexuales, por desgracia, se da en la mayoría de los casos. Por su parte, los agresores que eligen a menores que no forman directamente parte de su familia son aquellos pequeños que se encuentran en situación de riesgo social y con una familia desesctructurada. Esto no tiene que ver tanto con el poder adquisitivo de las familias sino con que los menores pasen mucho tiempo en soledad porque falte una de las figuras parentales y, por ello, sean más vulnerables a sufrir ese tipo de abusos.

Durante el juicio al pederasta de Ciudad Lineal éste se ha mostrado frío y distante, además de incapaz de afrontar sentimiento de culpa o de reconocer los hechos. ¿Esta actitud es normal en este tipo de agresores sexuales?

No es frecuente que una persona permanezca tranquila e impasible con acusaciones tan graves, aunque es posible.  No obstante, existe un tipo de personalidad, denominada psicopática, donde la persona carece de síntomas de ansiedad o sentimientos de culpa y que agrede, generalmente, por el placer de aterrorizar a la víctima. En concreto, este señor correspondería a este perfil. Sin embargo, cuando el psicópata resulta ser un agresor sexual la reacción que suele tener ante un juicio es diferente a cuando el agresor sexual padece, por ejemplo, un trastorno de personalidad dependiente.

En países como Alemania y Canadá se está apostando por lo que llaman “prevención primaria”, que consiste en ofrecer terapia gratuita para pedófilos que la quieran, financiada públicamente, cuyo objetivo es evitar los abusos antes de que ocurran, ayudando al potencial agresor a controlar, eliminar o prevenir su parafilia sexual. ¿Qué opina de que en España no exista nada parecido?

En mi opinión, en España veo necesario invertir en prevención primaria como se está llevando a cabo en otros países europeos. Sin embargo, nuestro país se encuentra a años luz respecto a otros en lo que se refiere a investigación y desarrollo. Las campañas de prevención en menores son muy buenas pero, evidentemente, hay que darle una salida a la gente que padece una serie de impulsos delictivos y que necesitan un tratamiento. No obstante, la eficacia de los tratamientos en estos casos es un tema controvertido. Y es que las terapias para agresores sexuales, que únicamente se realizan cuando ya se encuentran encarcelados, han sufrido numerosas críticas cuando el agresor reincide y es conocido por la sociedad a través de los medios de comunicación. Debemos recordar que ningún tratamiento es eficaz al cien por cien, ni el tratamiento contra el cáncer, la malaria o tan siquiera las vacunas.

Para las víctimas el hecho de que una persona abuse de su persona debe ser algo tremendo de aceptar. ¿Qué tipo de ayudas se ofrecen a quienes han sufrido estos abusos?

Las víctimas disponen de unos centros de ayuda por agresión sexual, dependientes de las Comunidades Autónomas y totalmente gratuitos. El problema es que, al igual que no se realiza una prevención primaria, tampoco se hace un excesivo énfasis en el tratamiento de las víctimas. En España, las víctimas se encuentran contempladas casi como testigos en procedimientos penales, pero se encuentran muy descuidadas a nivel de tratamiento. No obstante, es cierto que las personas que han sufrido una agresión sexual tienen una Ley de Víctimas y, una vez pasado el juicio, tienen una indemnización civil, bien pagada por el agresor sexual o por el Estado, pero no disponemos de una Ley Especial de Víctimas Menores. 

La comunicación es fundamental para la prevención. ¿Cómo se puede hablar de sexualidad con un niño?

Los padres han de fomentar la confianza en sus hijos desde muy pequeños e inculcarles que nadie debe de tocarles en sitios que les resulten incómodos o molestos y, en ese caso, comunicarlo inmediatamente. No osbtante, yo siempre digo que en este tema hay que recordar que si generemos una situación de alarma o caos, a veces es peor que el propio hecho. Por ejemplo, en casos exagerados, pasa un niño delante de un hombre mayor y este último le da un azote en el culo, porque mucha gente tiene ese hábito, y de aquí ya pasamos a que el hombre ha abusado sexualmente del pequeño; o cuando los niños tienen una conducta de autoexploración, porque forma parte del conocimiento de su propio cuerpo, se crea el pensamiento de que el menor ha sufrido un abuso sexual.

Muchos padres se quejan de la facilidad con la que los niños  pueden acceder a la pornografía, por ejemplo a través de Internet. ¿Puede suponer el origen de una violencia sexual?

Internet es un grave problema. España es el segundo país, después de Estados Unidos, donde más descargas existen de pornografía infantil por parte de adultos. Esto es una parte del problema pero, por otro lado, tenemos el acceso de los menores a la pornografía por Internet. Este hecho, evidentemente, no beneficia a los niños ya que el abuso sexual es toda interferencia en la sexualidad del menor o en su desarrollo, es decir, la interferencia en el normal desarrollo de su sexualidad. No es lícito que un niño tenga imágenes inapropiadas a su edad porque resulta claramente perjudicial para los menores dado que se crea una banalización del sexo que conlleva a un tipo de abuso. Espero que en algún momento se tomen medidas. 

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