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La mujer asesinada en Caravaca mató a su marido y lo echó en una fosa para cerdos

Una historia cada vez más truculenta. Encarnación, la mujer de 58 años que fue asesinada el pasado fin de semana en Caravaca junto a su pareja, el ganadero José Navarrete (52 años), mató a su marido a tiros en 2005 en Vélez Rubio (Almería) y luego enterró el cadáver en una fosa para cerdos. Encarnación fue condenada a seis años de cárcel por quitarle la vida a su cónyuge y tras salir de la cárcel se trasladó desde Vélez Rubio a Caravaca. La Guardia Civil detuvo el domingo a un hombre, Juan Álvarez, de 52 años, en relación con el crimen de la pareja en Caravaca y hoy prestará declaración ante el juez. 

“Encarnación ha tenido que perder la cabeza; si no, nadie se explica que haya podido matar a su marido”. Con estas palabras mostraba en 2005 su sorpresa un vecino de Vélez Rubio, situada a unos 150 kilómetros de la capital almeriense, ante la noticia del parricidio registrado en el municipio. Antonio López García, un ganadero del sector porcino, de 50 años, murió a manos de su mujer, Encarnación T. M., de entonces 47 años, tras mantener ambos una fuerte discusión. El crimen se produjo en el paraje de Los Guiraos, en la barriada de Los Gatos, a unos cuatro kilómetros del casco urbano de la población. La parricida, tras disparar en la cabeza con una escopeta de caza a su marido, metió su cuerpo en una gran bolsa de plástico que sepultó luego en una fosa utilizada para enterrar a los animales que mueren en la granja de cerdos propiedad del matrimonio. Posteriormente telefoneó al 112 para avisar de que había matado a su esposo. Encarnación declaró que había enterrado el cadáver en la finca, aunque sin concretar el lugar exacto. Por este motivo, la Policía Judicial de la Guardia Civil y los agentes locales tuvieron que efectuar un intenso rastreo, que finalizó con el hallazgo del cuerpo. Mientras los agentes peinaban la finca, la mujer alegó que no quería aproximarse a la fosa para no ver el cuerpo sin vida de su marido, y se quedó rezagada. En ese momento, aprovechó para coger la escopeta de caza que había escondido en el tronco de un árbol y se disparó con la intención de quitarse la vida. El tiro le impactó en la barbilla, por lo que fue trasladada hasta el Hospital de Huércal Overa. Los vecinos de víctima y agresora, consternados, no daban crédito a lo ocurrido. “Antonio y Encarnación trabajaban y vivían de su explotación porcina y en sus tierras y no tenían problemas económicos; además, tampoco se sabía que tuvieran desavenencias familiares. Aparentemente, se llevaban bien”, explicó entonces un miembro de la Policía Local. El matrimonio tenía tres hijos y dos nietos, de su hija mayor. 

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