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Corona de Aragón

06/05/2015

La ciudad era perfecta, al menos para sus propósitos. De tamaño medio, todavía había gente que la consideraba un pueblo donde todo el mundo, o casi, se conocía, donde las relaciones sociales eran formalmente modernas pero en el fondo tan clasistas como las habían sido siempre, desde la Restauración y más allá, hasta los primeros pobladores de la conquista cristiana que se apropiaron de los vergeles, de los valles y de las tierras mejores. Llegaron de Castilla y de la Corona de Aragón, si hacemos caso a los cronistas, los modernos y los contemporáneos, que tejen la historia con el hilo dorado que guía los designios de las clases dirigentes.