ir a la portada de ELPajarito.es

Feria por San Miguel

La antigua feria y mercado de San Miguel llegó a ubicarse extramuros de la antigua medina, al norte, en la zona del actual Santo Domingo y Romea.

Celebramos en estos días la tradicional Feria de Septiembre, o de San Miguel como comenzó llamándose. Durante siete siglos se mantienen unas celebraciones procedentes del Privilegio Real otorgado por Alfonso X de celebrar Feria y Mercado. Privilegio que entendemos da carta de naturaleza a una actividad anterior, el mercado, confirmando su continuidad dentro de una ciudad que había alcanzado un alto grado de desarrollo económico: agrícola, industrial y comercial. Y que se consagra a través de esta concesión por fecha, plazo y lugar, que en una primera versión se propuso trasladar al otro lado del río “para mayor comodidad de los moros”,rectificado, según Fuentes, en 1310.

La feria anual debemos imaginarla entonces, igual que ahora, como algo esperado y extraordinario; representaba el gran mercado medieval, que se extiende en forma de puestos, tenderetes y atracciones diversas por toda la ciudad. A él acuden gentes de la farándula, encantadores y juegos diversos, como tipos, personajes característicos y oficios que en estos días dan alegría y color a esa fiesta mayor. El mercado se celebraría los jueves y así perdura hoy, y la feria durante quince días desde el de San Miguel Arcángel. Su recinto se establece en unas veinte tahúllas, con carácter de espacio franco, libre de alcabalas. La feria anual terminará extendiéndose por las calles y plazas, constituyendo sin duda un acontecimiento asombroso del que participan todos los vecinos, cristianos o mudéjares, vecinos o forasteros. La concesión del mercado, y la asignación de calles a los oficios, llevará consigo más adelante la regulación del uso de las calles y la supresión de zocos espontáneos con un comercio ambulante que ocupaba cualquier pequeño ensanchamiento de las callejas.

Con la conquista comienza una etapa de declive, en la que, con excepción de la apertura de la Trapería y Santa Catalina, no se acometen obras de ampliación o urbanización, limitándose probablemente el rey castellano a permitir el normal discurrir de esta actividad. Citando a Fuentes, la ubicación dispuesta para la celebración de la Feria de San Miguel y Mercado sería el espacio extramuros a la Medina al Norte, las actuales Santo Domingo y Romea, antes del Esparto. Un anchurón continuo entre los muros de la Arrixaca del norte por el este, la que hoy ha sido descubierta; la Judería al oeste, la Muralla de la ciudad, con al menos dos puertas, del Mercado y de Ben Amadi, en la actual Jabonerías, con el Palacio y Reales o huertos al norte. La primera zona tradicional de expansión, un gran recinto vacío junto a la medina densificada en la que el único vacio lo representaba el patio de la Mezquita Aljama. Lugar de expansión extramuros de esa ciudad cerrada que continuó pareciéndose a sí misma durante esta primera etapa cristiana. Frutos aporta nuevos datos de esa época como de su evolución en tiempos posteriores, y de sus funciones como espacio comunal, paseo, recinto de fiestas y lugar de ajusticiamientos. “La plaza encerraba además de los conventos, la Cárcel de caballeros… la horca y la picota. También estaban en ella el Almudí y la Casa de la Sal.”

El otro espacio abierto extramuros sería la plaza denominada del Almenar, que Fuentes sitúa junto al muro del Alcázar Nuevo, también anterior a la conquista, en la que se celebran juegos y mercados de modo tradicional. De modo que en invierno el mercado se celebra al sur, con los años a lo largo del frente fluvial, como atestiguan las fotografías de la época, mientras que en verano se localiza al norte con ambiente más apacible, con independencia de esta feria anual que, como cita extraordinaria, se dice que se extendía y ocupaba toda la ciudad, compitiendo incluso con las tiendas fijas del obispado en Trapería y otros lugares.

 “... y como zacatín hicieran de cualquier ancho de la Ciudad, y en particular de la plaza de la Almenar, donde hacían los moros juegos de sortijas y cañas, dio D. Alonso otro privilegio para que los mercados en verano fuesen en la plaza de la Arrixaca en Santo Domingo el Real...”

Motivos hay no solo para participar de la fiesta que por unos días de tiempo despreocupado ofrece sus atracciones, de las que siempre es bueno disfrutar, de esta feria eterna de hoy, como para evocar la que en cada uno de nosotros radica en la memoria: días de caballitos, coches de choque, espejos de la risa, fenómenos y tantas otras cosas que nos ilusionaron en su día, especialmente en estas jornadas septembrinas, tiempo de jínjoles y membrillos, tramusos, dátiles o cascaruja, casetas de tiro, tómbolas y puestos diversos, emplazadas por disposición real entre la pausa veraniega tras la recolección y la vuelta a lo cotidiano. Pero también para sentirnos orgullosos y reconfortados de mantener viva nuestra historia y tradiciones.

 

Añadir nuevo comentario