ir a la portada de ELPajarito.es

Entre nosotros

“Te hemos visto cruzar nuestras vidas como un rayo inesperado en un cielo cuajado de estrellas, y hemos sido felices sin haber podido disfrutar tu presencia”
(Andreas Athan)

Es como el fin o el principio. No tiene cabeza, no tiene rabo. Nadie ha sabido nunca de donde vino, tampoco por qué permanece y no se disipa en el tiempo como todo lo estéril. Aquí está entre nosotros. Bebe agua, vino o champán. Viaja a extraños países, esas tierras doradas que no aparecen en los mapas, esos valles alargados, blancos en invierno, verdes, luminosos en primavera, con castillos colgados en las quebradas. Abajo el río, azul, limpio, con riberas de arena carmesí.

No sabemos de donde venimos, tampoco nuestro destino, ni el color de nuestra desdicha, ni el sabor de los helechos en la umbría. Allí te veo, bajo un cielo de hojas, de ramas que enmarañan la luz blanca del amanecer. Y no sé como abrazarte, como besarte porque no encuentro tus labios, ni tú sexo… es todo tan extraño. Con la claridad llegamos a intuir el principio, acaso el epílogo del poema que la naturaleza graba en la cáscara de las hayas, junto al lago, el musgo y las criaturas que nos habitan en el interior, en ese bosque oscuro y húmedo que se cierne sobre nuestra credulidad.

Te hemos visto cruzar nuestras vidas como un rayo inesperado en un cielo cuajado de estrellas. Y hemos sido felices sin haber podido disfrutar tu presencia. Porque eres efímera, una luciérnaga latente, las primeras luces iluminando el valle. Al otro lado, las paredes rojizas, las sombras de los sauces al atardecer. A pesar de no poder sentirte más allá de un suspiro, sabemos que estarás entre nosotros en algún momento impreciso del futuro, a pesar de que vivimos una pesadilla sin cabeza y sin cola, una pesadilla gélida, la pesadilla de todas las tierras medievales. La corona, el molino, la herrería y los mendicantes en un eterno fluir por los caminos, los ríos y los mares. Envueltos en harapos bajo la nieve te veo cruzar nuestras vidas y hacerlas un poco más dignas de ser vividas.

Ahora te esperamos en silencio. No se puede hablar de ti sin que nos acusen de crímenes de lesa humanidad. La Historia es a veces así de loca. La historia o los cronistas que tocan el laúd junto a un fuego que no quema porque es un espejismo enmedio de la nada sin boca y sin cola. Eterna parece nuestra espera, eterno el resentimiento que nos devora el alma. Solo queda luz para esperarte y esta es cada vez más tenue, hasta que vivamos en las tinieblas.

Y no sabemos como abrazarte, ni como abandonarnos a tu larga espera porque tu eres nuestra última estrella en el confín del Universo, y sabemos que tu boca es de azahar y que tu sexo nos rodea y nos lleva a un infierno de llamas blancas y placenteras.

 

 

Añadir nuevo comentario