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Chapí 17

Éramos grandes. Tal vez el viento nos hacía crecer y tocar con las yemas de los dedos las nubes blancas de la tarde prematura. Y nuestras sombras se acortaban, y nuestras voces sonaban alegres y nuestras miradas eran alegres y los troncos de madera crepitaban en la barbacoa. Sí, éramos gigantes al final de la carretera bordeada de pinos y eucaliptos. Y allí, por Santa Ana, cantaban Albano y Romina Power, y la carretera oscura y los campos, y algunos almendros entre los cultivos y los molinos derruidos.

Todos reunidos, en Chapí 17. Amigos, cómplices, el mineral pulido en el fondo del torrente, brillando en el agua transparente. Arriba los álamos blancos agitados por el viento, por ese cálido sueño que nos hizo grandes.

Crepitaba la leña en la barbacoa, brillaba reflejándose en los cristales del comedor. Y allí dentro el vino, el calor de la complicidad. Había un dintel de madera y un reloj como de estación de ferrocarril, y armas antiguas, y un marinero viejo con barba y pipa de bucanero. Y hasta un árbol de Navidad había. Pero sobre todo había calidez, la de la gente que no necesita casi hablar para sentirse acompañada. En aquella casa, con un marinero viejo meciéndose la barba y el reloj como de estación de ferrocarril rebotando en mi frente.

Éramos grandes. ¡Qué pocas cosas se necesita para serlo! Una copa de vino, carne a la brasa, pescado, dulces de diciembre… y un buen cava, pongamos un Colomer Costa (guárdame la chapa del tapón que las colecciono). Y allí estábamos, ¿cuántos éramos?, ¿cuántos faltaban? Ya anochecía, el humo de la chimenea se confundía con los grises de un cielo apagado.

Fue en Chapí 17, perpendicular a la calle Mozart, no muy lejos de la plaza de la iglesia y de las acacias, y de los campos cultivados y de las balsas de riego. ¿Cómo nos llamábamos?, ¿bajaba agua por la rambla de Miranda? Los eucaliptos paralelos a la carretera, luego la redonda y ese cielo de diciembre, triste pero con un corazón que se salía de la Vía Láctea (el de la anfitriona, el del anfitrión). ¿Alguien puede hablarnos de la creación del Universo, de las estrellas y de la vida? Tal vez aquella tarde entre amigos, en Chapí 17, pueda explicar muchas cosas: por qué seguimos luchando, amando, cayendo y levantándonos. Somos gigantes, nuestras voces forman olas de calidez.

Aquella tarde en Chapí 17.

 

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