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Artesanos de Fez

Juro por Dios que no hay alfares como los de Fez. ¿Que sí? Ya me lo dirás cuando vayas al barrio de los andaluces. Nada del manto de la Virgen denosedónde. El azul de los esmaltes de la cerámica de Fez es una fantasía de los cielos más limpios de los países más impolutos. Y como siempre hicieron los gremios de artesanos, guardan celosamente sus secretos. ¿Azules? Verdes, dorados, en toda su gama, negros profundos.

En Fez, que ellos dicen Faas, digo, en Faas al Bali (antiguo) hay, en la zona del barrio de Los Andaluces, algunos alfares que conviene visitar. Lo digo porque su amor a la tradición hace que sigan usando los mismos procedimientos de siempre. ¿Los practicaron en Córdoba, en Granada? Sin duda conservan maneras y motivos, pero hay que verlo. Allí esta dormida nuestra historia. Cómo niños de corta edad aprenden el oficio cizallando piezas de colores del tamaño de una uña, a veces. Tres o cuatro golpes secos con una pequeña piqueta muy afilada, en la línea que habían trazado previamente, dibujando la pieza y la pieza perfecta se va al cesto. La velocidad con que lo hacen es fascinante. Cómo componen luego en un maravilloso puzle una mesa o una fuente. Los niños… (no están explotados, también estudian) se preparan para ser artesanos cabales. Cuando te acercas, levantan la cabeza, sonríen un instante y siguen con lo suyo. Si les caes bien o tu pareja les resulta simpática, te regalan una pieza que es un elemento mínimo donde, sin embargo, está toda la fuente para la que trabajan. Las piezas de esa fuente son de un centímetro o centímetro y medio. Y las más difíciles, estrellas, octógonos, círculos…

En cuanto a las piezas de arte, como esa que está delante de una cortina de bordado faasi, los pintores son excepcionales y cada pieza única… No encontrará dos iguales. Un truco que al principio me molestó es que cuando desafortunadamente se daña un borde lo cubren con una chapa de finísimo latón. Después me di cuenta de que ello añadía belleza y apariencia de riqueza. Vete a Fez o Faas, como prefieras. Está lleno de recuerdos de los benimerines y de los cristianos que se fueron a vivir allí cuando las persecuciones de Córdoba. El Bali, el antiguo, convive con el Jedid, el nuevo. Fez el Jadid es una mellah o barrio de la sal (los judíos comerciaban con ella). Es un barrio muy activo comercialmente y es de ver la imaginación de la joyería. Está dentro de la muralla y al lado del palacio del rey… Ello generaba en los judíos sensación de protección en tiempos difíciles.

La cortina me la bordaron en Alcazarquivir (Palacio Grande) y al verla, tengo anudado en los ojos un recuerdo especial para Aziza, la abuela de una alumna y amiga de la universidad Nahid, que me consiguió la bordadora. Obra de arte también. ¡Aziza! Dios mío, quizá te hable algún día de la bondad, generosidad y ternura que albergaba en su corazón. Y era piadosa musulmana. Que lo sepas.

¡Vete, hombre! Date un paseo por las dos medinas, la del Bali genuinamente marroquí, y la del Jadid, la mellah judía. Lo pasarás maravillosamente. Anda, no me hagas repetírtelo que voy a parecer una celestina de turismo. Pero encarecidamente te lo ruego, no vayas como turista, sino a gozar de los ojos, los perfumes y la música que suena por todas partes. Y si quieres comprar alguna cosa, selecciónala en el Artisanat en la zona nueva. Ellos suelen buscar piezas de la mejor factura... Como esa fuente.

 

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