ir a la portada de ELPajarito.es

"Sevilla tiene dos partes, dos partes bien diferentes…"

Kiko Veneno, Raimundo Amador y Rafael Amador, sentado. (Foto: JCH)

…Y una de ellas –la de "donde vive la gente"– acudió a la convocatoria "Sevilla con Rafael Amador" para rendir homenaje a uno de esos pilares indiscutibles de la música en español. El concierto, celebrado en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de La Cartuja lleno hasta la bandera, congregó a un sin par de artistas reunidos para la ocasión, excepcional ocasión, en torno al compositor, guitarrista y cantante sevillano Rafael Amador, miembro principal de Veneno y Pata Negra.

Felicitaciones para Rafael Amador.

Enrique Carrasco, Canijo de Jerez, Pájaro, Lole Montoya, Gudalberto, Esperanza Fernández o Kiko Veneno fueron la cabeza de un cartel entre los que figuraban, además, Storm, la Familia Amador, Diego Amador (con Guatama del Campo) o Tomasito, que durante más de cinco horas mantuvieron al público embelesado. De la honestidad de Diego Carrasco –Toma KeToma–, acompañado de su hijo y de la guitarra de Curro Navajita Plateá, a la soleá de Gudalberto –Smash– interpretada en su shitar; el jaleo de la fiesta de Los Amador, con esas mujeres en pie de guerra al compás de sus hombres; el rock de Storm o el de Pájaro, que estuvo brillante como es normal en él y su banda; la algarabía de Canijo de Jerez y su troupe, acompañado por María Luna y Tomasito, que fue el único que interpretó dos de esas canciones "de ayer y de hoy" del famoso dúo, las populares Juan Charrasqueado y Todo lo que me gusta es ilegal, que compartió con las composiciones de Los Delincuentes, dedicadas al Migue con besos al cielo; Toñi, la nieta de Raimundo, cantando No dudaría acompañada de su abuelo a la guitarra; Esperanza Fernández interpretando el himno gitano, Gelem Gelem, sin acompañamiento alguno en medio de un respetuoso silencio; el caos sonoro de Diego Amador, teclista de jazz de raíces flamencas, que se acompañó del saxo de Guatama del Campo, flamante ganador del Filón 2015 en La Unión; Lole Montoya, solemne, intentándolo ante la incapacidad de Raimundo, que salió airosa tras interpretar Romero verde y Un cuento para mi niño; y, como no podía ser de otro modo, Kiko Veneno para el final de fiesta, con Raimundo Amador y Rafael Amador, Veneno, haciendo Los delincuentes y Volando voy, que desató al público en lo que será, probablemente, la última imagen que veamos de esos tres juntos. Qué lujo verlos de nuevo; qué imagen, la de Rafael, sostenido y acompañado ante la incapacidad de poder mantenerse erguido en el escenario, sentado, chamullando El blues de los niños al compás de su hermano, o agitándose en la silla coreando aquello de "…un día comen en frío y otros en caliente…" con Kiko mandando con la guitarra en ristre, emocionado, siempre amable.

Realmente uno tiene el sentimiento de que ésto no volverá a repetirse. El estado físico de Rafael, aquejado de lo que parece ser un mal locomotriz, le impedirá cualquier tipo de expresión musical; Raimundo Amador está lejos de lo que un día fue, aquel gran guitarrista que nos encandiló con sus bluslerías y aquellos punteos imposibles de escalas trepidantes. No. Ya no queda nada de eso que nos hipnotizó… Nos quedan los discos, los recuerdos y sus canciones, aquellas que nos contaban la historia de aquellos managers de Huelva, el medio calvo y el de la coleta; o la de Cayetano, el camello del Polígamo del Sú, "…que estará en casa la papa comiéndose una tostá"; la de aquel que se columpió en la plaza del Tardón y se lo llevaron detenío… y tantas y tantas canciones que seguirán recordándose en esa parte de Sevilla donde vive la gente.

Gracias a Luna y a Francis Cubero por el apoyo a este enviado especial.

Añadir nuevo comentario