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Santiago Posteguillo: “Podemos aprender de Roma, Trajano quería que los corruptos devolvieran el dinero robado”

El escritor valenciano, uno de los autores de novela histórica más reconocidos no solo en España sino también en el extranjero, prepara su próximo libro
Santiago Posteguillo (Foto: Efe)

Pocos escritores han sabido aunar con acierto el frío relato histórico con la trepidante ficción de una novela. Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) ha dado con la tecla. Filólogo, lingüista, doctor europeo por la Universidad de Valencia y profesor titular en la Universitat Jaume I de Castellón (UJI) es autor de más de setenta publicaciones académicas. Su andadura literaria comenzó en 2006, cuando publicó su primera novela, Africanus, el hijo del cónsul (2006), primera parte de una trilogía que continuó con Las legiones malditas (2008), finalista del Premio Internacional de Novela Histórica Ciudad de Zaragoza, y La traición de Roma (2009). Esta trilogía obtuvo, además, el Premio de la Semana de Novela Histórica de Cartagena y el Premio de las Letras Valencianas otorgado por la Generalitat Valenciana en 2010. En 2011 comenzó a escribir la trilogía de Trajano con Los asesinos del emperador, que quedó finalista en los Premios de la Crítica Literaria Valenciana; Circo Máximo. La ira de Trajano (2013); y La legión perdida (2017). Santiago Posteguillo ha recuperado el mundo antiguo con maestría y precisión para enseñarnos lo parecidos que somos los seres humanos del siglo XXI a aquellos antiguos romanos: “De Roma podemos aprender de los errores. Hubo emperadores terribles cegados por el poder y la corrupción y otros, como Trajano, que el tema de la corrupción lo tenían clarísimo: conseguir que los corruptos devolvieran el dinero”. En 2015 la Generalitat Valenciana nombró a Posteguillo Escritor del Año y en la actualidad es uno de los autores de novela histórica más reconocidos no solo en España –sus libros han llegado a estar entre las diez novelas más vendidas– sino también en el extranjero. Hablamos con él en el marco de su conferencia Roma, literatura y empresa: tres vértices de un mismo triángulo, en la Fundación Adeit.

Tu currículum marea. Profesor, investigador, conferenciante, escritor. ¿Cerebrito, rata de biblioteca, ambas cosas? ¿Cómo es una jornada habitual de trabajo de Santiago Posteguillo, su día de hoy, por ejemplo?

Pues me he levantado a las seis cuarenta y cinco para poder coger un tren, llegar a la Universidad y empezar a dar las clases. Hoy tenía suerte porque las clases empezaban a las diez. Cuando empiezan a las nueve me levanto a las cinco cuarenta y cinco. Prefiero ir en transporte público. En el tren puedo ir mirando las clases o escribiendo o revisando algo que haya escrito. Luego llego a la Universidad, desayuno, doy mis clases. Después voy al despacho, hago tutorías con los estudiantes y, en el caso de hoy, tren de vuelta. Resulta que esta mañana se me ha olvidado pagar la extensión. Me refiero a que yo tengo un bono Castellón-Puçol, y he tenido que pagar la sobretasa o multa aquí en Valencia. Como iba con tiempo, he podido tomar un café y he estado revisando algo de la nueva novela. Luego he venido aquí, a la Fundación ADEIT, para impartir la conferencia sobre Roma y empresa. Ahora estoy contigo, haciendo la entrevista. Por la noche espero llegar a casa y cenar con mi familia. A veces es un poco excesivo pero hay que ir combinándolo todo.

 

Entonces, ¿escribes cuando puedes?

Sí. Literalmente cuando puedo. Antes, cuando escribía la primera trilogía, en la medida que todavía no era un escritor muy popular, disponía de más tiempo porque no tenía que ir a tantas conferencias ni me llamaban de tantos sitios, lo que está muy bien que suceda pero te obliga a hacer unos equilibrios diferentes. Las escenas más complejas prefiero escribirlas en mi casa o en la casa de campo que tenemos en Segorbe, si bien es cierto que en los trenes se puede revisar muy bien trozos que has escrito. Escribir, lo que se dice escribir, cuesta más, por la gente impertinente que hay en los trenes mirando el móvil, pero más allá de eso hay que optimizar el tiempo. El director de Planeta a menudo me dice que debería darles un curso de optimización del tiempo en la editorial, pues se asombra de la multitud de cosas que hago a veces.

Eres profesor de literatura inglesa y experto en siglo XIX. En tu primera incursión literaria viras, sin embargo, hacia la antigua Roma, una época de la que se ha escrito mucho y bueno, con predecesores, entre otros, como Robert Graves, Collen McCullough o Marguerite Yourcenar. ¿Qué tenía de seductora Roma para ti en aquel momento en que empezaste a escribir?

Bien, hay un libro de un autor que nunca recuerdo, tendría que mirarlo, Think like an artist, y ahí había una frase que me impactó: “Si fracasas vuelve a intentarlo, pero no intentes exactamente lo mismo”. Yo siempre he querido escribir y ser novelista y había intentado cuando tenía veintipocos años escribir una novela erótica –supongo que era muy joven–; luego lo intenté con el género negro y en ambos casos no lo conseguí, no conseguí el interés de los editores. Así que cuando a los tenía treinta y pico años vuelvo a intentar lo de la novela, me decidí por seguir contando historias pero busqué otra fórmula, y como también me apasionaba la historia desde siempre –podría haber estudiado historia muy a gusto– pensé: ¿por qué no combinar dos pasiones? Novela, que es mi primera pasión, e historia. Y parece ser que esa es la mezcla que ha funcionado.

¿Qué te animó a continuar con esta etapa de la historia en tus obras posteriores?  

Dentro de los distintos períodos, Roma es un momento que a mí me interesa mucho porque, si bien llevas razón al decir que se ha hablado mucho de él, realmente nos lo han contado los ingleses y Marguerite Yourcenar. Pero Britania era una puñetera esquina del Imperio de la que los romanos se fueron cuando las cosas se torcieron un poco mientras que Hispania era la primera provincia continental que conquistó Roma. Somos una región muy romanizada y dimos como mínimo tres emperadores romanos muy importantes. Yo creo que nuestro punto de vista puede ser bastante relevante. Así que me parecía que podíamos contarlo, que podíamos hablar de Roma también nosotros. Lo que sí me parece bien es tener a los anglosajones de modelo en la medida que son buenos narradores y muy entretenidos. Creo que está bien aunar el entretenimiento anglosajón con el rigor que solemos tener en Francia, Italia, España o incluso Alemania sobre el mundo histórico romano.

¿Novela o novela histórica? ¿Tiene algún sentido literario esta diferenciación?

Bueno, yo creo que un escritor hace novelas. Evidentemente, dependiendo del ámbito en que te muevas, podemos decir que Jane Austen hacía novela romántica, que el Frankenstein de Mary Shelley inicia el género de la ciencia ficción, que Conan Doyle –y si me apuras Edgard Allan Poe con Los asesinatos de la Rue Morgue– inicia la novela o el relato de crímenes, pero yo no creo que ni Jane Austen, ni Mary Shelley ni Poe estuvieran pensando en un género o en otro. Estaban contando historias. Lo que pasa es que lo clasificamos todo. Yo creo que lo importante de una novela que yo escriba es que sea entretenida, pero no me molesta para nada el que pueda llevar el calificativo de histórica. Me parece orientativo para un lector. No me parece mal. Pero es novela.

¿La historia pesa? Lo digo por lo voluminoso de los libros…

Lo que ocurre con la historia es que puede ser una cadena. El tema te encadena un poco en la medida en que si decides, por ejemplo, que vas a hacer una novela negra tendrá que haber un crimen, por lo menos uno, y si no te gusta hablar de crímenes, no escribas una novela negra. Si escribes novela histórica lo que tendrás que hacer es seguir algo la historia. Entonces te encadena un poco en la medida que no podrás hacer todo lo que quieras con los personajes. Puedes hacer muchas cosas pero hay que combinarlo con un cierto rigor histórico.

Tus novelas son auténticos best sellers. La fórmula del éxito en una novela sería…

Es difícil. Una vez recuerdo que vi un curso de literatura creativa que decía “cómo escribir un best seller” y firmaba “Fulanito Peláez”. No recuerdo ni el nombre, y me dije: “bueno, si no recuerdo ni el nombre, hombre, pues no sé…” Ahora bien, si vamos a “cómo llegar a número uno del tenis” y te lo va a explicar Rafa Nadal, pues entonces podemos decir “vamos a escucharlo”. Pero que lo diga “Menganito de no sé qué…”, uf… Entonces, realmente es difícil saber qué es lo que hace el éxito literario. A veces hay libros que triunfan y no sabes por qué. Ojalá lo supieran los editores. Yo creo que las cosas que funcionan bien en mis novelas y que atraen a lectores de muy diversas edades y de diferentes géneros es una combinación de lenguaje sencillo, ágil, directo, dinámico y mucha acción –digamos una narrativa muy anglosajona–, pero también la sensación que tienen los que me leen de que soy muy fiel a la historia. Eso funciona bien. Y luego un enorme enfoque cinematográfico. Las grandes escenas de acción están montadas como si fueran una película y yo creo que en un mundo tremendamente audiovisual como éste en el que vivimos es necesario. En el siglo diecinueve se podía escribir de una forma pero en el siglo veintiuno no podemos escribir olvidándonos del mundo audiovisual, no solo el del cine sino el mundo de las series de televisión. Tener eso en cuenta es importante.

Sobre tu “promiscuidad” editorial… Has cambiado varias veces de editor, hasta llegar a Planeta. ¿A qué se ha debido?

 

El tema está en que, cuando intento publicar, me dicen que no todas las editoriales de este país pueden hacerlo, excepto una, que fue Ediciones B, pero tardó ocho meses en contestarme, y en ese período me respondió una pequeña editorial. Como fue la única que lo hizo publiqué con ellos. Luego Ediciones B se interesó y publiqué con ella la segunda parte y bueno, hecha la segunda parte recuperamos la primera e hice toda la trilogía en Ediciones B. Es verdad que en el mundo editorial que hay montado en España existen dos grandes grupos: uno es Planeta y el otro Random House Mondadori. Es casi la misma polaridad que Real Madrid y Barça, y lo que ocurre es que esto funciona igual que en el fútbol. Cuando un jugador destaca, normalmente lo fichan y a mí Planeta me fichó, me hizo una oferta muy interesante y decidí pasar con ellos. Ahora Ediciones B ha sido comprada por Random House, lo que quiere decir que yo tengo parte de mi obra con uno de los dos grandes grupos editoriales y la otra con el otro grupo editorial. Es decir, parte de mi “promiscuidad” editorial se debe a mí y la otra parte a las circunstancias de los grandes grupos, que se van comprando entre ellos.

Entre libro y libro has ido publicando ensayo divulgativo, el último El séptimo círculo del infierno, que presentaste hace muy poco. Da la sensación de que eres casi como el atleta que, después de correr una maratón, hace una sesión de crossfit para matar el gusanillo. ¿Qué diferencia en cuanto a desgaste personal hay entre escribir novela histórica y ensayo?

Sí, es cierto que es un desgaste diferente. Está bien la comparación. Cuando uno hace, por ejemplo, un cinco mil, hay un desgaste, pero cuando uno hace un maratón el desgaste ciertamente debe ser muy superior, lo suponemos. Una novela histórica, y no te digo ya una trilogía, requiere una tensión de seis o siete años constante, trama, personajes, etcétera, y es una tensión narrativa importante que no tienen los ensayos divulgativos que hago o, mejor dicho, las colecciones de relatos, aunque en realidad es un género híbrido, porque son relatos literarios pero culminan con una cuña ensayística o periodística. Estas colecciones no requieren esa intensidad pero tienen su trabajo y también están muy fundamentadas, pues se basan en cómo he estado dando mis clases en la Universidad. Ahí tenía mucho material. Pero lo que me mueve a hacer estas colecciones no es cambiar de intensidad en el ritmo de trabajo sino divulgar sobre la historia de la literatura e intentar llamar la atención, sobre todo a los jóvenes, de autores clásicos muy importantes que ellos no leen porque los consideran distantes, o creen que no tienen nada que contarles. Mi experiencia de veinticinco años en la Universidad me lleva a pensar que desde lo anecdótico, de lo curioso de la vida de los escritores, puedes atraer a los chavales a que se lean sus libros. Entonces utilizo la herramienta de la anécdota para llamar la atención sobre lo fundamentales que son las novelas de estos autores y estas colecciones están hechas con esa finalidad. También pienso que es bueno aprovechar el tirón, entre comillas, que pueda tener por la popularidad que he adquirido, porque si esto lo hubiera escrito desde el principio quizá no se lo habría leído nadie. Ahora los utilizan en institutos, en secundaria, en literatura universal, en lengua española, etcétera. Está funcionando muy bien entre profesores y clubes de lectura.  Me llaman de muchos colegios y aunque me gustaría ir a todos, no puedo lamentablemente.

Sobre tu actividad como profesor de literatura creativa, das clases en la UJI. También impartías en sus inicios el curso de narrativa Museo Iber, cuya promoción 2008/2009 ha dado una buena cosecha. Hace poco presentaste la novela de Raúl Borrás Esclavos del Honor, el año pasado a Sebastián Roa y Las cadenas del destino, que ha obtenido el premio Los cerros de Úbeda de novela histórica 2017. ¿Qué significa para ti ser mentor en cierto modo de alumnos como estos? 

Yo siempre digo lo mismo. Ellos escribían ya muy bien. Si algo tuvo ese curso es que, en un momento en que no había lugares en Valencia donde pudiera reunirse gente que escribía, tuvimos un sitio donde reunirnos y, bajo mi guía, un día hablábamos de personajes, otro del punto de vista narrativo, etcétera. Estas personas que escribían bien y que tenían interés por publicar encontraron un grupo donde podían intercambiar opiniones e ideas. Yo siempre digo medio en broma medio en serio que lo que yo les dije no les ha afectado negativamente, pero en realidad creo que fue una cuestión de retroalimentación entre todos, porque leíamos los textos que hacían unos y otros, hacíamos comentarios… Fue muy enriquecedor. Y luego lo que pasó es que di clases una o dos veces más y no pude seguir con ello porque no tengo tiempo material. Ahora doy sesiones de literatura creativa a nivel de máster o en universidades de verano porque me lo piden. Dentro de poco voy a Cambridge como visiting scholar, y daré allí alguna sesión de literatura histórica. En Londres, en Queen Mary, donde tengo una antigua alumna, quieren que dé una charla sobre La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, que van a utilizar ahora allí para los estudiantes de español. Luego, en el máster de literatura creativa de la Universidad Complutense de Madrid, he dado alguna sesión. También en la Universidad de Zaragoza, en la Escuela de escritores de Granada y en la Universidad de Heidelberg me llamaron los de Traducción. Voy como invitado donde me requieren pero no es el mismo compromiso que estar varios meses enseñando, con lectura además de los materiales que hace la gente.

Sobre la cultura clásica y humanidades. ¿Qué pueden ofrecer a la sociedad de la información? ¿Debería tener la Universidad un papel más activo en su defensa?

Desde luego. Es absolutamente fundamental el equilibrio entre una enseñanza científica, técnica y humanística. Nos hace falta, es indiscutible, investigación médica, técnica, ingeniera, tecnológica, pero yo no quiero médicos ni ingenieros ni técnicos que no tengan una formación filosófica o humanística, de tal forma que no sepan si las decisiones que van a tomar en su investigación son éticas, que no se planteen hacia dónde nos llevan. Los gobiernos quieren robots. Gentes inteligentes en sus disciplinas pero robots. Y la capacidad de pensar te la dan las humanidades. Hay que conocer la historia para no repetir los errores, la filosofía para saber lo que es ético y moralmente correcto y lo que no.

¿Qué puede enseñarnos Roma sobre la empresa? ¿Y para mejorar nuestra desastrosa política?

La idea en la empresa es volver al origen, al principio, no en técnica sino en nuestros corazones, variar la forma de hacer empresa no solo buscando el máximo beneficio incluso a costa de vender un mal producto. De Roma podemos aprender de los errores. Hubo emperadores terribles cegados por el poder y la corrupción y otros, como Trajano, que el tema de la corrupción lo tenían clarísimo: conseguir que los corruptos devuelvan el dinero.

Pregunta obligada. Una pista en primicia sobre tus próximos proyectos.

Te puedo decir que será novela, novela histórica, pero no puedo decir nada más, ni si será o no una trilogía.

 

 

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