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'Manchester frente al Mar,' la importancia de un buen guión y un buen montaje

La cinta de Kenneth Lonergan ya es una de las películas más importantes del año 2017 y firme candidata a acaparar todos los premios en la próxima gala de los Oscar de Hollywood

Se ha estrenado en España (en Murcia aún permanece en las salas Centrofama y Nueva Condomina) la tercera película de Kenneth Lonergan, con una animada campaña de publicidad al tratarse de una de las más firmes candidatas a los premios Oscar rivalizando con ‘La La Land’ (Damian Chazelle, 2016). ‘Manchester frente al mar’ es un film mucho más convencional que su anterior ‘Margaret’, con un tono entre realista y dramático con ciertas reminiscencias de la obra de autores como Arthur Miller o Eugene O’Neill, y que mezcla de forma inteligente y muy sutilmente ciertas pinceladas de comedia.

Cassey Affleck interpreta a Lee, un atormentado conserje de edificios de la ciudad estadounidense de Boston que de repente se enfrenta a la obligación de volver a su ciudad natal tras la muerte de su hermano Joe -interpretado por Kyle Chandler- y descubrir que éste le ha designado en su testamento tutor legal de su sobrino. Pero Lee lleva la carga de una terrible tragedia que le llevó a exiliarse a Boston, lejos de su ciudad natal. Este hecho sirve de detonante para que el director Kenneth Lonergan realice un estudio sobre el dolor irreparable, la pérdida y los lazos familiares. 

El joven actor Lucas Hedges interpreta a Patrick, el sobrino huérfano de Lee. Patrick es un adolescente precozmente mundano con dos novias, deportista con las típicas vulnerabilidades adolescentes y que se encuentra algo desorientado cuando Lee aparece en la ciudad para darle la noticia de la muerte de su padre. 

La ciudad de Manchester by the Sea, un pueblo real del estado de Massachusetts con una imponente bahía, junto a sus vecinos configuran un personaje más dentro del retrato opresivo que sufre Lee, trascendiendo la simple localización para ese viaje de reencuentro y de redención que emprenden juntos tío y sobrino.

El excepcional montaje de la película intercala la acción con una serie de flashbacks que van sacudiendo la mente de Lee y la del espectador. Una conversación con un médico en un ascensor del hospital nos lanza a un primer flashback donde encontramos a su hermano Joe en el hospital, y es ahí donde descubrimos que sufría una enfermedad cardíaca, en una escena más cercana a la tragicomedia, para a continuación volver al presente con un Lee a punto de ver el cadáver de su hermano en la morgue del hospital. A partir de ahí, Lonergan nos va mostrando ese pasado en su película en incrementos con escenas cada vez más cruciales, cuidadosamente colocadas, y cada una de ellas desencadenada y justificada por donde están los personajes y sus recuerdos. Los flashbacks resultan por tanto un instrumento narrativo fundamental en la película que nos desgrana, con píldoras ejemplarmente montadas, un pasado de Lee en el que incluso vivió feliz junto a su esposa Randi –interpretada por Michelle Williams-, sus hijos y su hermano Joe.

En ese aspecto se aleja de la historia cinematográfica del gran melodrama hollywoodiense, tomando como referente películas tan importantes, y en algún caso tan olvidadas, como ‘Gente corriente’ (Robert Redford, 1980), de la que sin duda adapta la narrativa a píldoras a través del flashback, o de ‘El Indomable Will Hunting’ (Gus Van Sant, 1995), pero sin alcanzar la complacencia de éstas, sobre todo la segunda, y resultando una obra más madura donde las reacciones de sus protagonistas son creíbles y donde momentos de un abyecto terror son filmados con absoluta rotundidad al ritmo de un hermoso adagio de Tomaso Albinoni, bordeando magistral y sutilmente la frontera del drama de calidad sin caer en el dramón más burdo.

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