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El Festival Flamenco de Lo Ferro entrega la Medalla de Oro 2017 a la cantaora Perlita de Huelva

Comenzó el evento con una actuación singular, inesperada por los aficionados, porque disfrutar de la magia de la guitarra de Paco Cepero es algo inusual por estos lares
Juan Tomás Frutos, Perlita de Huelva, y Antonio León Garre (Foto: J. L. Ramos)

Amparados bajo el abanico dorado que preside este año el Festival Flamenco, Luis Terry, de esmeralda y marfil, vuelve a las tablas a presentar un año más el Festival Flamenco de Lo Ferro. El presentador, pieza clave del evento, demostró sabiduría al presentar a los componentes de la Gala de la Noche, una Gala que tenía como principal a una de las artistas más queridas de nuestra España Cañí, la tonadillera -y flamenca- Perlita de Huelva, a la que se le rendía homenaje a toda su carrera con la imposición de la Medalla de Oro del Festival 2017.

Comenzó el evento con una de esas actuaciones singulares, inesperada por los aficionados, porque ver y disfrutar de la magia de la guitarra de Paco Cepero (Francisco López-Cepero García, Jerez de La Frontera 1942) es algo inusual por estos lares. Ya el año pasado cruzó guitarra con Carrión y El Torero después de recibir la Medalla de Oro 2016 del Festival, pero fueron un par de temas que nos dejaron a medias.

En esta ocasión el jerezano vino a hacer lo suyo, tocar como él sabe, y para la ocasión vino acompañado por dos singulares tocaores. El primero, la juventud con Paco León, brillante solista que en este caso vino a la sombra del maestro; el segundo, el conocimiento de Paco Pina para completar las armonías. Completaban el cuadro la percusión de Carlos Merino, -clase y compás al cajón, y brillante con los bongós-, y la violinista Sophia Quarenghi, sutil o firme según el fraseo, un conjunto formal para recrear el universo flamenco de este gran creador. Cepero vino a interpretar su nuevo disco, "Sueño Latino", y a recordar algunas de sus composiciones más queridas. Tangos, alegrías, bulería, rumbas, con reminiscencias a sus composiciones más populares, tocadas a tres con esos arreglos de violín que transmitían recuerdos pasados, de otros tiempos. Alegre, contento y animado, el tocaor derrochó simpatía -y empatía- con los asistentes que jaleaban al guitarrista. Las coplas cerradas, muy bien de interpretación, con los pupilos atentos al ir y venir del mástil del principal. Cepero no será ningún virtuoso de esos de p´arriba-p´abajo, pero en cada nota, en cada pulsación emociona más que muchos con nombre y apellidos. Despidió su actuación con su hit-parade, la popular "Agua Marina" dejando una vez más constancia del Arte del Pueblo, de la humildad de aquellos que son de verdad, sin trampa ni cartón.

Seguidamente tuvo lugar la imposición de la Medalla de Oro 2017 del Festival a la cantaora Perlita de Huelva (Antonia Hernández Peralta, Huelva 1939), artista popular y querida por el pueblo. Tras una breve presentación de la cantaora por el director del Festival, el periodista Juan Tomás Frutos, fue el alcalde de Torre Pacheco Antonio León Garre el encargado de hacer los honores. La artista agradeció el premio y rápidamente puso manos a la obra. "Suelta el play-back" ordenó Terry a los técnicos, y ahí se arrancó la cantante, por pasodoble. Luego, caliente, la coplera llamó al escenario a Antonio Carrión y a Antonio Fernández "El Torero" y se lió, cómo no,  por fandangos de Huelva. Tremenda. Y para rematar su alegría puso al respetable a cantar esa tonadilla inscrita en las meninges de España: "Precaución, amigo conductor...". Momento impagable.

El patio del Festival, prácticamente lleno, esperaba ansioso al joven protagonista de la noche. Rancapino Chico (Alonso Núñez Fernández, Chiclana 1988) debuta en Lo Ferro y viene de la manito -nada más y nada menos- del mismísimo Cepero, el escudero de referencia de su padre. Pues ya está todo el pescao vendido. ¿Saben ustedes eso de la compenetración entre cantaor y tocaor?; ¿Esa magia -o duende, que dirían otros- que surge entre dos almas sentidas?... Es la tercera vez que veo, y escucho, al chiclanero. Le he visto acompañado por Paco León y por Diego del Morao, tocaores espectaculares, pero en esta ocasión el arrullo de Cepero, el retraso esperando a que su principal -que mastica los versos lentamente- entre en el tercio, lo ajustao del toque -sin florituras ni cosas de esas-, demuestra a las claras la complicidad entre ambos: el conocimiento largo que el guitarrista tiene de su discípulo. Arrancó por soleá, suavito, con calma y orden. Siguió por alegrías, con una intro de Cepero armoniosa a la que siguió Rancapino con ese tirititrán trán trán dándole personalidad. Brillante. Luego, por fandangos, sin despeinarse, subiendo el tono y alargando el tercio. Olés del público para la pareja. Y para rematar la zambra compuesta por Cepero al cantaor, y ahí ya fue el acabose, pletórico de garganta y melisma. Aplausos y olés.

Nos quedamos con ganas de más. Sí. Tal vez algún guiño a los cantes de la tierra, minera o taranta, nos hubiera satisfecho a los allí presentes pero eso fue todo. Más vale un poco de bueno que mucho y regular, así que salimos encantados una noche más de ese paraje singular donde las estrellas son el techo y la luna sonríe complacida.

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