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Margin Call, una gran lección de economía

Sacra Cantero

En ocasiones la televisión nacional ofrece en su segundo canal, sin cortes publicitarios y a una hora tan razonable como las diez de la noche, películas que merece la pena ver. Esta semana pudimos ver Margin call, primer largometraje de J.C. Chandor, hasta entonces experimentado realizador de anuncios publicitarios. Se trata de una historia inspirada en la caída de la famosa banca Lehman Brothers, quizá junto a Los hombres de la compañía, de John Wells, una de las mejores películas sobre la crisis económica que aún persiste, mucho más profunda que el Wall Street II de Oliver Stone, demasiado acostumbrado a las líneas fílmicas de efectos más comerciales.

En Margin Call vemos conjugados diferentes estilos de narración, el compás lo marca un tempo más propio del thriller que mantiene la atención del espectador, la historia que se nos cuenta dura apenas día y medio, lo que ayuda a dinamizar la narración. Pese a ese compás se introduce también cierto melodrama, pausas más que necesarias que nos muestran la realidad de un mundo tan artificioso como el de las finanzas y las reacciones de quienes trabajan en él. Chandor comienza la película, curiosamente, con las consecuencias finales de la historia que va a relatar: los fríos despidos de trabajadores que no han sido tan productivos en cifras como la firma requería.

Con esta película no sólo entendemos los orígenes de la crisis, como bien nos reveló el gran documental Inside Job, sino que comprendemos mejor las últimas consecuencias y ese panorama cínico y del revés que domina el mundo: donde la mediocridad intelectual o académica se posiciona en la cúspide mientras los expertos reales laboran desde el anonimato de su pequeño espacio de trabajo (pongamos atención a esa frase magistral que le toca al gran jefe Jeremy Irons “hábleme como si lo hiciera a un niño o a un golden retriever, le aseguro que no fue mi cerebro lo que me trajo hasta aquí”).

Chandor gusta de perfilar cuidadosamente a los personajes, con pocas frases y situaciones sabemos qué clase de persona tenemos delante. Pese a lo aparentemente rutilante del repertorio de estrellas de cine y televisión, los actores (casi todos ellos y solo una Demi Moore que, encima, resulta ser una bruja en este cuento de terror económico) dan lo mejor de sí, quizá porque el guión reparte casi por igual la proporción de su protagonismo. Olvidadas, por poco conocidas, sobre todo en España las novelas de Trollope (autor contemporáneo del más afamado Dickens) una película como esta pasa a ser la mejor acta notarial literaria de lo que podríamos llamar, parafraseando al autor inglés, El mundo en que vivimos.

Se la ha definido como un drama muy humano que hace un favor a esos empleados de banca demonizados en estos últimos años, pero a estas alturas es un poco absurdo seguir utilizando la palabra “humano” referida a algo bueno o solidario. Lo humano es tal cual, chicos jóvenes intrigados por conocer el sueldo millonario de sus jefes, jefes más afectados por la pérdida de sus mascotas que por el despido de sus subordinados, empleados que “necesitan” el dinero, grandes jefes que calculan qué quedará de un desastre que ¿ya sabían que iba a suceder?.

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