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Mandanga neonazi

Ramona López
La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con un grupo de policías municipales. (Foto: Efe)

Hace tres semanas escribí un artículo titulado Fascismo cotidiano. Me llovieron los comentarios como nunca hasta ahora. Muchos de apoyo; la mayoría, es verdad. Pero un buen puñado también menos agradables. Alguien, no encontrando qué decirme, me dijo simplemente "fascista tú", por ahorrar tiempo. Iría con prisa, supongo. Pero hubo un comentario que me sorprendió y que no había comprendido hasta ahora: me aconsejaba no ponerme quisquillosa porque un poquito de fascismo no hace daño, siempre que no moleste. Sí, yo también puse esa cara que estás poniendo tú ahora. Como decía, no lo he comprendido hasta esta semana, cuando he visto la respuesta que han dado todos los sindicatos policiales excepto CCOO frente a los insultos a Carmena y las expresiones de admiración a Hitler en un grupo de Whatsapp de la policía de Madrid. Deben pensar, como esa persona que me glosó, que un poquito de fascismo, psss, no es para tanto, ¿a quién hace daño? A nadie que importe, ¿a qué persona bien le importan los inmigrantes, buenos sólo para alimentar peces en el Estrecho? Así que, si los chavales camelan pegarle a la mandanga neonazi, pues déjalos, aunque esos chavales que amenazan de muerte a políticos, periodistas e inmigrantes (el trío favorito de esta peña) sean los encargados al mismo tiempo de su protección y la nuestra.

"¿Qué harían estos policías si en el desfile del orgullo gay, por ejemplo, un grupo de ultras está repartiendo estopa? Quizá los invitarían a copas, al fin y al cabo son colegas"

La ley Mordaza con esto no se mete, no les debe parecer tan serio como los chistes sobre franquistas muertos, igual que tampoco le parecieron graves las manifestaciones de ultras exhibiendo la bandera preconstitucional y saludando brazo en alto mientras pedían para Artur Mas la cámara de gas y para Puigdemont el paredón, porque, al parecer, si rima no es delito de odio; es, ya sabéis, una alegre serenata como la que ofrecieron a Mónica Oltrà sin que la cosa haya tenido mayores consecuencias. Esta semana ha sido detenido un tuitero por tuits celebrando la muerte de Maza. No seré yo quien defienda tales comentarios, desde luego, pero no debemos olvidar que los tuiteros no portan armas ni son los encargados de detener a los malos.

La asimetría es tan flagrante que aturde, sobre todo teniendo en cuenta que estos profesionales deben estar al servicio de todas las personas, independientemente de las filias políticas de cada cual. Perdida la imparcialidad, ¿qué harían estos policías si los llamaran porque en el desfile del orgullo gay, por ejemplo, un grupo de ultras está repartiendo estopa? Supongo que los invitarían a copas, al fin y al cabo son colegas. Y no quiero ni imaginar el supuesto de que un senegalés fuera a la comisaría a denunciar un robo o una agresión y le atendiera uno de estos. Se le queda a una el cuerpo un poquito así, regulero, de pensar que estos sujetos que proponen “salir de cacería” son los mismos que tienen que velar por nuestra integridad.

Los sindicatos policiales, que hubieran debido pedir ellos mismos que se expedientara a estos individuos sin dilación, consideran más grave el hecho de que esos mensajes hayan salido a la luz que el propio contenido de los mensajes. Para colmo, la persona que tuvo la valentía de denunciar estos whatsapps tiene que estar de baja y con escolta porque las amenazas que está recibiendo son de quitarle a uno el sueño de por vida. Me preocupa la presencia de descerebrados entre los miembros de la policía, cómo no, pero me preocupa aún más el inexplicable e inadmisible apoyo corporativo que están teniendo, porque si estos profesionales son los encargados de protegernos, ¿quién nos protegerá de ellos?

@aclarandotemas