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¡Dialogad, dialogad, malditos!

Ramona López

El rey. La primera peonada. Seis minutos de trabajo en tres años y va y la lía. Le hubiera bastado con adaptar un poquito el discurso de Navidad o, no sé, leer la letra de Imagine, paz, amor, chicos no os zurréis, ya sabéis, algo que te comprometa lo justo sin que tampoco te ponga en el camino del exilio dorado. Y sin embargo en su discurso, como si a este conflicto le hiciera falta más combustible, se dedicó a canear a las instituciones catalanas, a apelar a la misma legalidad de guerra a la que apela el PP, a felicitar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Y ni una palabra sobre los casi 900 heridos en las cargas policiales, ninguna alusión a las portadas de toda la prensa internacional señalando la salvajada perpetrada por un ejecutivo español con el norte perdido, ni siquiera se le ocurrió pronunciar una sencilla frase, una palabra en catalán. Con los puños apretados y cara de mala leche se dedicó a pedir firmeza. Le habrá parecido poca firmeza la que ya se ha administrado. Ni una mención al diálogo en el alucinógeno discurso del monarca. Ver al rey legitimar con las palabras que dice y las que calla la manta de palos que le ha caído a los catalanes por querer ir a votar, sólo dan ganas de largarse bien lejos. O mejor, de que se largue él.

"Lo único que hace morir de inanición al fanatismo es el diálogo, pero nuestros políticos han actuado como si la Historia no nos hubiera enseñado nada"

Sólo tenías que hacer una cosa, Felipe, una sola: hacer como si te importáramos todos por igual. Y me hace preguntarme: ¿tan preparao, tan preparao para salir diciendo esto? ¿para eso te hemos pagado colegios caros? Eso lo hace igual el tonto del pueblo con la información que le da TVE, pero nos sale notablemente más barato.

Porque yo, republicana, que reniego de su representatividad, también le pago el sueldo a través de mis impuestos, mal que me pese. Así son las leyes. Pero si lo que quiere es representar solamente a los votantes conservadores, que le paguen ellos el sueldo y que nos liberen a los demás de esa carga, que quedaremos tan contentos. Lo que no es de recibo es que lo paguemos a escote y que hable sólo para sus coleguis. Y si no, que pongan una casilla en la declaración de la renta como la de la Iglesia, siquiera por higiene democrática, estos que tan legalistas se ponen cuando quieren. Mucho menos escrupulosos los hemos notado con el desmantelamiento del estado del bienestar.

El fanatismo jamás se ve tan legitimado como en la defensa de la nación, la que sea, y si hay algo que lo alimenta es la violencia. Lo único que hace morir de inanición al fanatismo es el diálogo. Pero nuestros políticos han actuado como si la Historia no nos hubiera enseñado nada. El catalán no es un problema penal que exija la actuación de las FSE (por cierto, qué pena que no se os ocurriera acudir a las mismas para luchar contra el ejército de corruptos que nos ha venido asolando estos años), es un problema político como lo demuestran los miles de personas que salieron a votar y que siguen manteniendo a Cataluña en colapso y lo que está demandando esta situación es negociación y diálogo. Qué lástima que estemos gobernados por pigmeos políticos: el rey, Puigdemont, Rajoy, ni uno está a la altura del reto al que se enfrentan.

Si es cierto que no se puede convivir sin respetar las leyes, también es cierto que no se puede utilizar esas mismas leyes contra una parte nada despreciable de la ciudadanía. ¿Qué nos queda, pues, por hacer? Dialogar o darnos palos. Yo voto por dialogar.

@aclarandotemas