Lunes, 23 Octubre, 2017 - 02:36
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‘Olvido duro’

Ramona López

"Hay rencores que circulan por la vida sin un cuerpo. Sólo existen. Se quedan prendidos a la memoria como una sombra que oscureciera las luces de la infancia, la adolescencia, la universidad, el día de la boda. A veces se olvidan las personas, pero queda el rencor, como una nube negra de polvo viejo que ensucia la nostalgia.”

La novela de mi querida Zaida Sánchez Terrer, “Olvido Duro” (Editorial Amarante, 2016) está repleta de hallazgos como éste. Os recomiendo leerlo con un lápiz para ir subrayando.

La autora se adentra con su segunda novela en el bosque psicológico de las relaciones humanas y sus complejidades. Lleva una brújula, la de su potente intuición, que nos va guiando por este territorio plagado, más que de trampas, de trampantojos; un terreno donde todo es susceptible de ser otra cosa y que a menudo es otra cosa, como sucede en los sueños. Sabemos que la literatura no nos da respuestas pero sí que nos ayuda a hacernos preguntas, que es lo importante, y a mí este libro me ha ayudado a plantearme algunas cuestiones que, casi sin saberlo yo misma, tenía en la bandeja de tareas pendientes. Preguntas insoslayables y mínimas, como los guijarros que Hansel y Gretel van tirando por el camino para ayudarse a volver a casa. Hacen falta muchos libros y muchos guijarros y es probable que nunca volvamos a casa, pero, como en el poema de Cavafis, lo importante es el viaje. Y yo en este libro he hecho parada y fonda entre otras cosas porque siempre me han fascinado las matrioskas, una muñeca que contiene otra muñeca que contiene otra y luego otra más. En Olvido duro cada capítulo puede leerse de modo independiente y tiene sentido completo pero al mismo tiempo cada historia contiene otra historia en su interior y luego otra y otra más, en un estimulante ejercicio metaliterario.

Las voces narrativas van cambiando, lo cual le confiere a la novela un enorme dinamismo y contribuye, por paradójico que parezca, a darle unidad y sentido. Esa voz se vuelve particularmente hermosa en el capítulo “Desamor”:

“Casi nadie se da cuenta del día en que aparezco. Nadie me percibe hasta que pasa algo de tiempo. Y todos se plantean los mismos interrogantes: ¿cómo fue?, ¿por qué nos ha sucedido?, ¿quién tiene la culpa? Es algo que no puedo explicar […] No me gusta molestar y ando de un lado a otro de puntillas. Al principio nadie me nota, pero llega un momento en que por quieto que esté, mi presencia es completa y lo ocupa todo”.

Zaida S. Terrer escribe de forma impecable, clara y fluida, pero no os despistéis porque no os llevará de la mano: esta novela busca lectores atentos. Espero que la disfrutéis tanto como la he disfrutado yo.

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