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Murcia es capital

Faltan menos de 90 días para las elecciones municipales, y el Partido Popular todavía no tiene candidato para la alcaldía de Murcia, la principal ciudad de la Región, y el séptimo municipio en población de toda España.

Quizás alguno de ustedes espere que empiece a especular sobre quién será el candidato, en el más que probable caso de que Miguel Ángel Cámara no repita como candidato, en la que habría sido su sexta convocatoria electoral como cabeza de lista. Pero no me parece lo más importante. Porque mientras más tiempo nos tengan entretenidos con quinielas, rumores, dimes y diretes, más tiempo andaremos ajenos a la realidad de las cosas: la ausencia total de proyecto para la capital de la Región.

No es una novedad, desde luego. Vivimos sumidos en la mediocridad más absoluta desde el año 1995. Un municipio sin rumbo, sin dirección política estratégica, sin proyecto de futuro, y lo que es peor, sin alma y sin identidad.

Si los primeros gobiernos municipales de la democracia en España se dedicaron a proveer de los servicios más básicos a sus ciudadanos en todas las ciudades y pueblos, los gobiernos municipales de la década de los 90 en adelante, se dedicaron, en la mayoría de grandes ciudades, a modernizarlas, dotarlas de un proyecto de futuro, de una identidad y personalidad, y sobre todo, a competir con otras ciudades de tamaño similar.

Eso pasó en gran parte de ellas, pero no en Murcia. Hemos visto ciudades de todo signo político salir a la escena nacional con un proyecto de futuro. Así vimos cómo Cartagena desarrollaba un proyecto universitario y de turismo cultural, cómo Zaragoza se erigió en la capital del agua en España, o cómo Córdoba supo complementar su rico patrimonio histórico con una apuesta por sus alrededores de ribera y su gastronomía.

Pero si preguntamos a alguien por la esencia de los últimos años en Murcia, la respuesta será el vacío, en el mejor de los casos. Eso si no nos responden con la cruda realidad: crecimiento desnortado, especulación, incremento de la desigualdad urbana y deterioro de las relaciones sociales.

Ante esta ausencia de proyecto para Murcia, es normal que no haya nadie, de entre los muchos tanteados a día de hoy desde Génova, que quiera liderar un “no proyecto”, que además está agotado. Agotado porque nunca supieron interpretar el alma de este municipio.

Basta ser un buen murciano para saber que la huerta que dio origen a la ciudad allá por el 825, es hoy la clave para rescatar al municipio. La huerta nos rescata en cultura gastronómica como en ninguna región de España; nos rescata en patrimonio cultural enlazado con nuestro patrimonio de fortalezas y barrios árabes; nos rescata en gestión del agua y en tradición de consenso e integración; nos rescata en dinamismo comercial y emprendedor; nos rescata, en definitiva, porque da identidad a la ciudad, a las pedanías y todo el entorno metropolitano. Pero nuestra huerta muere lentamente. Y sólo saliendo al rescate de la huerta, será ella quien nos rescate del rincón del olvido.

Para darse cuenta de todo esto, y saber interpretar la esencia de Murcia, hay que tener pasión por este municipio, y sobre todo, hay que tener un proyecto. Y, hoy por hoy, tener un proyecto para Murcia, es capital.

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