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La ciudad y los perros

Julián Molina Illán

Hoy hablaremos de Murcia, y de algún que otro futurible. Mi querida Murcia, esa ciudad inexistente y calurosa que al parecer sólo sirve para que algunos se rían de nuestro acento, tiene problemas mayores que el calor, su ignorancia sobrevenida o la divertida forma de hablar. Plantearemos algunos problemas y, posteriormente, algunas soluciones.

Empecemos con el ruido. Yo he viajado algo, por España y por el resto de Europa. Créanme, no hay una ciudad más ruidosa. Ni siquiera en Madrid se oyen tanto los coches. No sé si será la forma de las calles, la distancia del foco del ruido hasta las paredes que reverberan, o simplemente que la gente va demasiado rápida. Motos también hay unas cuantas. Aunque lo más significativo es el hecho de que en Murcia la gente vive en la calle, hablamos a gritos y no tenemos hora para acostarnos. Otro asunto importante es que, después de Valencia y Alicante, Murcia es probablemente la ciudad donde más petardos se tiran, y, además, siempre estamos de fiestas (incluyendo las de los barrios…). Habría que hacer algo al respecto.

“Sufrimos la peor de las ordenanzas municipales, la que criminaliza a los animales y a sus dueños; la que condena a sólo poder soltar al animal en guetos llamados pipicanes, de tierra, llenos de pulgas y garrapatas, que generan molestias a los vecinos, levantando polvo y creando problemas de salud también entre las personas”

Otro asunto, la circulación. Murcia es una ciudad que creció con estructura orgánica, desorganizada, con curvas, vericuetos y estrecheces, que hacen de la circulación en coche un problema grave, porque está pensada más bien para equinos. A esto hay que añadir que el modelo especulativo y consumista del liberalismo ha multiplicado los centros comerciales en la ciudad, siendo esto un foco de atracción para toda la región, y más aún.

La contaminación. Derivado del problema anterior, se deduce el consecuente problema de contaminación atmosférica, por el número de coches y por su concentración. Superamos ampliamente los límites máximos permitidos, estando entre las ciudades más contaminadas de Europa.

El aparcamiento. Una tarea imposible, incluso para los residentes, porque las zonas de residentes no son zonas donde hay aparcamiento para la gente que vive allí, sino zonas donde no te ponen una multa en el caso poco probable de que puedas aparcar.

Por último, expondré la imposible convivencia entre personas y animales. La creación de guetos, la persecución a las mascotas, las denuncias, la incomprensión, hacen de Murcia una ciudad donde tener un perro es casi un delito.

¿Podría Murcia llegar a convertirse alguna vez en una ciudad hospitalaria? Por supuesto, y será gracias a la tecnología, y con algo de sentido común y gobiernos decentes. Murcia no necesitaba un tranvía. Eran los gobiernos del desmantelamiento de los derechos laborales y de los derechos civiles los que necesitaban un tranvía. Un tranvía que llegase hasta la UCAM, y hasta los centros comerciales de los amigos. ¿A qué precio? Un dineral, que seguimos pagando a precio de oro todos los meses, una gran dificultad añadida a la circulación, más ruido, peligro, molestias y, por supuesto, pingües ganancias para algunos especuladores –y después de años sin sacar dinero del cajero, también para algunos políticos. Murcia no necesita un tranvía. Murcia necesita un Metro. Un Metro con líneas que vayan hasta Beniel, Santomera, centros comerciales, universidades, estaciones de ferrocarril y de autobuses, con una gran parada centralizada en la Plaza Circular. Esto sí es un proyecto vertebrador. Muy caro y para muchos años, pero resolutivo.

En superficie, lo que se necesitan son microbuses eléctricos. Ya existen. Movilidad sostenible y silenciosa que puede llegar a todas partes. Además, hay que potenciar y subvencionar el uso del transporte público, eléctrico, y el uso del vehículo propio compartido, también eléctrico. No es jauja, es posible. Con gobiernos que miren por la ciudadanía y no por los amigos, claro.

Con esto se resolvería bastante el problema de la circulación, bastante el problema del ruido, y bastante el problema del aparcamiento. Además, habría que establecer 300 zonas de aparcamiento de residentes, para que en un sitio donde viven 300 personas no puedan aparcar 30.000, como ocurre ahora mismo, convirtiendo el sistema de la zona de residentes en algo no funcional. Limitar los horarios de cierre de los locales y de las terrazas; es necesario, porque pedir a la gente que no chille sí que es una tarea imposible. Limitar también la velocidad de circulación y prohibir la circulación de motos de combustión de menos de 125 cc ayudaría algo.

He dejado para lo último el asunto de las mascotas. Hay ordenanzas municipales para todos los gustos, y nosotros en Murcia sufrimos la peor de todas. La que criminaliza a los animales y a sus dueños; la que condena a sólo poder soltar al animal en guetos llamados pipicanes, de tierra, llenos de pulgas y garrapatas, mezclando obligatoriamente a perros que, a lo mejor, no pueden estar juntos, generando molestias a los vecinos, levantando polvo y creando problemas de salud también entre las personas. Encima, esto se complementa con una persecución inmisericorde utilizando a la policía local, a la policía nacional, a la policía de paisano, y suponemos que muy pronto también a la guardia civil, para el atosigamiento y persecución de los ciudadanos y ciudadanas, que también, por cierto, pagamos impuestos y tenemos derecho a disfrutar de un parque público. Solución: establecimiento de una franja horaria de libre esparcimiento de los animales en los jardines, pudiendo así hacerse compatible el derecho de unos y otros.

Obviamente, pedir a los que nos han llevado a esta situación, con sus creencias y políticas equivocadas, que sean parte de la solución, es una quimera. ¿Qué tal un cambio de gobierno en 2019?