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¿Dónde están los moderados en el nuevo PSRM?

Julián Molina Illán

 

Organizándose, espero. Ha sido lamentable, disgregadora, autodestructiva, y cainita, la historia del PSRM en las últimas décadas. La cosa llegó hasta el punto, para nuestra vergüenza, de censurar a nuestro propio presidente, Carlos Collado, con argumentos espurios y con el único objetivo de que “unos cuantos” se repartiesen el poder. Poco después, el compañero Carlos fue exonerado ¡por el PP! Ese día debió caernos un rayo encima a todos los y las socialistas de la Región de Murcia y partirnos por la mitad. No fue así, y el 1 de octubre de 2016 reeditamos una situación parecida, puede que incluso más oprobiosa todavía.

Sin embargo, compañeros y compañeras, yo veo buenas maneras en este nuevo PSOE. Veo que poco a poco se va produciendo un fenómeno necesario y largamente esperado: las familias, las corrientes personalistas dentro del partido se están diluyendo. Poco a poco, van desapareciendo las antiguas “baronías mandamases” con una visión unívoca, propia, específica de la acción política, desintegradora y desconcertante para la ciudadanía. De ahí la desunión, y los fracasos electorales (aunque hay otros muchos motivos para explicar los fracasos electorales, éste es probablemente el más importante…).

“Por suerte o por desgracia, eso el tiempo lo dirá, al compañero Diego Conesa se le han pegado los compañeros y compañeras del partido que miran al pasado, al siglo XIX, y no hacia el futuro”

No obstante, y aunque todos seamos, antes que nada y por encima de todo, socialistas, es cierto que existen matices importantes y necesarios entre nosotros. No se me ocurre nada más peligroso en un movimiento o partido político que el pensamiento único. Me parece muy bien que haya “corrientes de opinión”, constructivas, leales, integradoras dentro del partido. Es bueno posicionarse claramente desde la camaradería y el respeto.

Sin embargo, y tras la disolución de los personalismos a la que estamos asistiendo, podemos ver que hay una corriente de pensamiento político, Izquierda Socialista, que se ha mantenido unida y que, tras “las debacles de los otros”, ahora emerge con especial lustre. Y esto me preocupa. Me preocupa porque es una corriente minoritaria que no representa sino a una minoría, y que ahora “campa por sus respetos”. El problema no es que no sea legítimo que en el PSRM haya compañeros y compañeras con ideas radicales. Es legítimo. El problema es que no es verdad que sean mayoría, y, sin embargo, lo parecen. Y lo parecen porque chillan más, porque le echan más “redaños al asunto”, y porque, puntualmente, hasta intimidan.

Es muy bueno que haya alternativas. Entendemos “lo caliente” porque existe “lo frío”. Entendemos “la luz”, porque existe “la oscuridad”, y para entender la moderación, es necesario que exista la radicalidad. Para que entendamos lo bien que se vive en paz, en armonía, con orden, con respeto y claridad de ideas, es necesario que exista la amenaza, y la pérdida puntual de esa armonía, de ese respeto y de ese entendimiento. Así aprenderemos a valorar más y mejor lo que tenemos, y nos aglutinaremos alrededor de ideas de moderación para defenderlo.

Pero, ¿dónde están las compañeras y compañeros moderados, que no los veo por ninguna parte? En este momento, groguis. Por suerte o por desgracia, eso el tiempo lo dirá, al compañero Diego Conesa se le “han pegado” los compañeros y compañeras del partido que miran al pasado, al siglo XIX, y no hacia el futuro. Los compañeros y compañeras que dicen defender sólo aquello en lo que ellos creen, y no en los acuerdos de la mayoría; los compañeros y compañeras que levantan el puño, en vez de tender la mano. Los compañeros y compañeras que cantan canciones revolucionarias, en vez de dialogar razonada y organizadamente. Obviamente, no todos los que están a su alrededor son así. Sólo digo por quién ha apostado la izquierda radical de este partido.

Los que somos políticamente moderados estamos con nuestro secretario general, para ayudarle, siempre. La cuestión, y esto tiene que resolverlo y decidirlo él, es si quiere tenernos a su lado, ayudándole codo con codo, o será necesario situarse enfrente. Si me permitís, compañeros y compañeras, un ejemplo gráfico, el asunto se parece mucho a un conjunto de nazarenos llevando un paso de Semana Santa. Hay quien lleva el paso codo con codo, turnándose para ello, y hay quien se pone delante indicando las desviaciones que se van produciendo y las correcciones que es necesario hacer. Tanto los compañeros que están codo con codo, como los que descansan y se turnan, o como los que indican si el paso va o no va por el camino correcto, son igualmente necesarios. Mal asunto si no se arrima el hombro, y peor aún si el paso se desvía sobre la multitud. Pues bien, Diego Conesa puede contar, y cuenta, con todo el partido apoyándole. Veremos quiénes nos situamos a su lado codo con codo, o frente a él, indicándole el camino. De él depende. Como decimos siempre, todos tenemos el deber de apoyar a nuestro secretario general. Deberemos cumplirlo donde toque. Cumplámoslo.

 

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