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El PSRM en su laberinto: epílogo

Julián Molina Illán

Ha ganado Diego Conesa. Enhorabuena a María González y a Francisco Lucas. Enhorabuena a toda la militancia que ha sabido ser ejemplo de compañerismo, respeto y hermanamiento. Gracias, Rafael González Tovar, por haberte dejado la piel y por todo lo que has aportado a este partido, y que tan poco se te reconoce hoy día. La historia te absolverá, compañero. Gracias a toda la familia socialista que, paso a paso, nos ha traído hasta aquí; por su esfuerzo, su sacrificio, sus luces y sus sombras; es lo mismo. Estamos vivos, y coleando. Coleando mucho.

Hay que ser compañer@ de todas las compañeras y compañeros, leales al compromiso que tenemos con la sociedad murciana (nuestra auténtica razón de ser), moderados en nuestras propuestas, y exigentes con nuestra conducta.

Sin embargo, yo he venido a este mundo a ser crítico. Esa es mi cruz. Cruz que comparto con aquellas personas que protagonizan las actitudes que critico. Esa es la suya.

“El odio, la incomprensión, el cainismo… son los auténticos motivos de que llevemos 22 años en la oposición, y no la inoperancia de nuestros dirigentes”

Cuando yo conocí a Diego Conesa me presenté ante él con una crítica debajo del brazo. La idea era ayudarle a mejorar su discurso, sus propuestas, sus equipos de trabajo… ayudarle, en definitiva, a ser secretario general. No es muy habitual que la carta de presentación de un colaborador sea hacerle una crítica a la misma persona con la que se aspira a colaborar. Es bastante más eficiente hacerle la pelota. Y así he terminado yo, trasquilado. No obstante, me cabe el legendario honor de ser una de las pocas personas que conozco a las que Diego Conesa ha hecho un poco de caso, pues fui capaz de oírle repetir alguna de las ideas que le propuse.

Sin embargo, yo no he tenido nada que en ver en la victoria de Diego. Amén del esfuerzo de tantas compañeras y compañeros, han sido otras personas infinitamente más poderosas que yo las que han metido mano en esta campaña. No hablaré más de este tema. Todos sabemos a lo que me estoy refiriendo.

La cuestión es otra. El odio, la incomprensión, el cainismo… los auténticos motivos de que llevemos 22 años en la oposición, y no la inoperancia de nuestros dirigentes, magníficamente preparados y que lo han hecho lo mejor posible. Esa es la cuestión. En esta oportunidad que nos hemos dado llamada primarias he intentado ayudar a que no se produzcan declaraciones y errores de bulto que el partido no se merece; frases infames como la que la noche del sábado tuve que escuchar en la boca de nuestro secretario general in pectore, al decir que “los socialistas murcianos habían acabado con 25 años de cadenas”. Vamos a ver, si se refería a los gobiernos del Partido Popular y sus políticas, decirle que, afortunadamente, los años de padecimiento no son todavía 25, sino 22, pero sobre todo que no se puede criminalizar así el voto libre y legítimo de la ciudadanía murciana durante todos estos años, cuando, además, a lo mejor hemos tenido los socialistas algo que ver en esa perpetuación. La otra opción, y mucho más grave, es que se refiriese a “cadenas internas”. ¿Será consciente Diego Conesa de a cuántos compañeros y compañeras ofende con semejante frase? ¿O a cuántos murcianos y murcianas, si se trataba de lo primero? Este tipo de errores, que hipotecan todo un discurso y dañan al partido, son los errores que yo he tratado de evitar en esta campaña. Volviendo al odio y al cainismo. Hubo alguna compañera, (y sé que es compañera y no compañero…) que sacó una foto mía, ilegal e inmoral, mientras yo hablaba con la compañera María González y el compañero Emilio Ivars, como si esto fuera un delito, para difundirla por las redes sociales haciendo ver que yo era una especie de “traidor sin derecho a la vida”. ¡Menos mal que sólo estábamos hablando! No quiero ni imaginarme lo que me pasará cuando me vean tomándome una cerveza con ellos. ¿Tuvo esto alguna consecuencia, o fue producto de mi imaginación? Claro que tuvo consecuencias. Aparte de cuestionar, in situ, varias personas la moralidad de mi voto, mi lealtad, y mis intereses personales, ya por la noche, cuando yo estaba celebrando, no la victoria, porque entre compañeros no hay victorias, sino la alegría por tener un nuevo secretario general que trae un espíritu nuevo muy necesario en este partido, (exactamente me hubiera alegrado igual si la celebración hubiera sido por parte de María y el montonazo de compañeros y compañeras que la han apoyado…), hubo compañeras que, literalmente, me habían retirado el saludo. Y todo por querer ayudar. Y todo por pensar de otra manera entre aquellos que, por lo visto, abogan por el pensamiento único, y no entienden la necesidad de que todos colaboremos juntos, y sin rencores, en la puesta en marcha de una ola de cambios en positivo que nos ayuden a acabar con las políticas dañinas del Partido Popular.

Desgraciadamente, también oí comentarios que sonaban a venganzas ultramontanas, y a odio enquistado satisfecho momentáneamente por una noche. Y he dicho bien, “sólo por una noche” porque los que odian, primero vienen por mí, y mañana, compañeras y compañeros, vendrán por ti, y por ti, y por ti…

Compañeros, compañeras, hago un llamamiento al cierre de heridas. Si no queréis hacerlo por mí, pues ya sé que no me lo merezco, hacedlo por Diego. Se merece una oportunidad. La oportunidad que han tenido todas las personas que han ocupado la Secretaría General. Por favor, no le compliquemos la vida con nuestras miserias y nuestras niñerías. Ayudémosle un poco; no hagamos con él lo que antes, aquellos que odian, hicieron con otros secretarios generales. No más hilillos de sangre corriendo por las comisuras de los labios, ni brillos espeluznantes de colmillos retorcidos iluminando la negra noche de la ignominia. ¡Ya está bien! Si queréis meteros con alguien, miraos al espejo; dejemos trabajar por la concordia y la moderación a nuestro secretario general. Los del odio, dejadlo. Los de las venganzas, dejadlo; los de las “esencias”, dejadlo también. Construyamos todos juntos un proyecto, de una vez por todas, de paz y de concordia que se parezca a esta acogedora sociedad murciana que aspiramos a gobernar. Sólo pareciéndonos a ella lo conseguiremos. Es un deber. A cumplir.

 

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