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Óscar Puente y la “superioridad moral”

Julián Molina Illán
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, junto al alcalde de Valladolid, el socialista Óscar Puente. (Sergio Barrenechea/Efe)

Después de las primarias del PSRM, tan intensas, había decidido tomarme un descanso crítico-periodístico y, ya de paso, dejar descansar a los sufridos lectores y lectoras. Sin embargo, la noticia que he leído estos días en un periódico donde el compañero Óscar Puente manda callar a compañeros “desfasados” como Rodríguez Ibarra, Alfonso Guerra, o Felipe González, me ha hecho reaccionar por el tono, el modo, y lo inoportuno siempre, de semejante comentario.

Los antecedentes tienen que ver con los supuestos excesos de la Policía Nacional y la Guardia Civil durante los acontecimientos del pasado 1 de octubre. No sé si el compañero Óscar se imagina lo que es verse rodeado por una multitud enfervorizada temiendo por la propia vida. Además, los que hemos practicado artes marciales sabemos que en cualquier clase de esta naturaleza se “reparten” más golpes, relativamente hablando, que los que se vieron en esos tumultos; por otro lado, se olvida el compañero Óscar de otras actuaciones de los Mossos de Escuadra en años anteriores, y cómo golpeaban a los trabajadores y trabajadoras, esta vez sí, con saña.

“La lealtad no consiste en guardar silencio y obedecer, sino en ayudar, algunas veces, haciendo ver los errores que se cometen”

Pues bien, no se le ocurrió a la dirección de nuestro partido otra cosa mejor que reprobar a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría por dichas actuaciones de las, al parecer, denostadas fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado. Y esto en un momento donde la unidad de los demócratas ante la amenaza golpista-independentista es más importante que nunca.

Ciertamente una mala tarde puede tenerla cualquiera, y tampoco es tan grave si una serie de compañeros, cuyo conocimiento y experiencia están fuera de toda duda, al menos para mí, así lo hacen ver al señalar lo inoportuno de esta reprobación.

Y aquí es donde aparece Óscar Puente hablando de moralidad y mandando callar a los “desfasados” y “desacreditados” compañeros. Pues bien, ahora voy a contestarle yo al compañero Óscar, con vuestro permiso.

Compañero Óscar Puente, ganar unas primarias no otorga patente de corso para imponer una política de pensamiento único. La lealtad no consiste en guardar silencio y obedecer, sino en ayudar, algunas veces, haciendo ver los errores que se cometen. La lealtad nunca debe ser hacia las personas (insisto, aquí no estamos para hacer amistades…) sino hacia los proyectos transformadores en el sentido correcto para mejorar la vida de los ciudadanos y ciudadanas. No hay otra. El socialismo es la defensa de la libertad individual y colectiva, es la defensa de la igualdad de oportunidades, pero también es deber, compromiso con tu país y sus gentes y, sobre todo, respeto. Los compañeros Alfonso Guerra, Felipe González o Rodríguez Ibarra han luchado y sangrado para que todos tengamos y disfrutemos ahora de una libertad de expresión que no se le puede negar a nadie, y mucho menos a ellos. Pero aún es peor que se les mande callar cuando ejercen esa libertad, lealmente, para ayudar al partido.

¿Y el asunto de la moralidad? Si es que, compañero Óscar, la cosa empeora por momentos. ¿Qué clase de partido estamos construyendo ahora Óscar, uno de pensamiento único? ¿Un partido de superioridades morales donde unos seres “superiores” (tú entre ellos) estáis en posesión de la verdad absoluta? Por desgracia se van acumulando ya varías actuaciones en ese sentido: expulsión “a patadas” de compañeros en Ferraz, ausencia de comunicación con importantes dirigentes regionales del partido, injerencias inadmisibles en elecciones primarias supuestamente libres, y ahora, como no podía ser de otro modo, han llegado las “superioridades morales”.

No existen, compañero Óscar, las superioridades morales. Todas las personas tienen derecho a expresar su opinión y a hacer sus propios análisis en función de las variables que conocen y manejan, y, por tanto, llegar a conclusiones diferentes. No existen ideologías mejores o peores, sino una instrumentalización benévola o canallesca de las mismas; son los ciudadanos los que, en política, dan y quitan la razón. El radicalismo del pensamiento único lleva al aislamiento político en la sociedad (donde siempre han estado formaciones “a la izquierda” y “moralmente superiores” al PSOE, por ejemplo…), y a la destrucción del propio partido por ahogamiento, asfixia y mortandad del pensamiento libre. Quiero creer, compañero Óscar, que simplemente has cometido un exceso verbal, y que aquellos que dirigís actualmente el partido no nos estáis llevando al callejón sin salida del radicalismo; para eso ya están otros partidos políticos. No hace falta otro partido radical más. Por favor, el PSOE, no. Para gobernar hay que parecerse a la sociedad a la que se aspira a gobernar. Y la sociedad española es diversa (como muy bien entendió Rodríguez Zapatero), siendo así como debe ser el PSOE. Si no cabemos todos, aquí no cabe nadie, compañero Óscar. Ni siquiera tú.

Siempre suelo terminar aludiendo al deber, en este caso de la dirección de nuestro partido. Tiene el deber de hacer de éste un partido amable, acogedor, diverso y transparente. Un partido que pueda ser “votado” por la mayoría de los españoles y españolas. España lo necesita y así lo está demandando. Espero que nuestra dirección esté a la altura y cumpla con su deber.

 

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