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El PSRM en su laberinto: tres candidatos en busca de partido

Julián Molina Illán

En las pasadas semanas me propuse escribir un artículo en el que se comparasen las propuestas programáticas de los tres candidatos para ser publicado en las fechas cercanas al 24 de septiembre, de manera que la militancia tuviera la oportunidad de discriminar más claramente qué candidato o candidata se avenía más a sus gustos o expectativas. Sin embargo, para poder hacer esto era necesario tener algo que yo no tengo: la capacidad para ser objetivo. Si lo hubiera intentado siquiera, no habría podido evitar decantarme, aunque fuese por poco, por alguno de los candidatos, y esto habría sido injusto.

De esta manera, y para evitar poner “mis garras” en ellos, he considerado oportuno compartir con todos vostr@s, queridos compañeros y compañeras, mi visión particular de cómo debería ser el PSRM. Esto es, hacer como si yo fuese “el cuarto candidato”, y exponer mi programa. Siéntense y disfruten de este humilde decálogo.

1) Poner en valor las resoluciones del 39 Congreso: más democracia interna, más transparencia y emancipación de la militancia.

2) Liderar a la sociedad civil. Escuchar a la ciudadanía es algo que se ha hecho siempre. Me consta que la dirección actual del PSRM lo ha hecho; pero ¿con qué resultado? No se trata de escuchar los problemas de la gente, ¿es que acaso no los conocemos? Se trata de escuchar las soluciones de la gente, e incorporarlas, bien organizadas, en forma de programa. Se trata de ser el instrumento transformador de la ciudadanía. Ser nosotros los servidores de su voluntad, y no prender ser los listos que tienen todas las soluciones en la mano. Ser murcianos, antes que otra cosa. Sin sesgos, sin etiquetas. El socialismo tiene que notarse en la honradez a la hora de cumplir la palabra dada, no en el sesgo de nuestras propuestas. Cuando nuestras propuestas sean las de los ciudadanos, nos pareceremos a ellos; y entonces, ganaremos.

3) Instaurar una dinámica de municipalismo político: en dos sentidos. Uno externo, haciendo política desde los municipios, y otro interno, haciendo política orgánica desde las agrupaciones: implicar y emancipar a la militancia, transversalizando la acción política, de manera que las decisiones se tomen, no solo de arriba abajo, como hasta ahora, sino también de abajo arriba; y en la medida de lo posible, que no haya, en el seno del PSRM, arriba o abajo.

4) Rendición de cuentas: establecer una dinámica de encuentros con la militancia de manera que al menos una vez al año un miembro destacado de la ejecutiva regional se reúna con la militancia en una jornada de convivencia, explicación y debate, en cada una de las áreas que se establezcan para facilitar dichos encuentros, pues la rendición de cuentas es mucho más que el mero informe de las enmiendas presentadas en el parlamento, o los actos a los que se ha acudido. Hay que explicar quién, por qué, cómo, para qué, y de qué manera. Hay que poner en valor las propuestas de la militancia al respecto, y hacer propósito de enmienda llegado el caso. Calidad total. Monitorización de la acción política.

5) Recuperación de la ilusión, a través de la participación. Hacer partícipe en primera persona a la militancia en la toma de decisiones y en la resolución de los problemas, ya que la ilusión es una emoción compleja que se desarrolla como resultado de elementos primarios que la han generado. No es suficiente con decir “tenemos que ilusionarnos”, no funciona así. La militancia tiene que sentirse partícipe de la construcción del nuevo PSRM, tiene que saberse protagonista en primera persona. Debe ser útil. Entonces surgirá la ilusión.

6) Conseguir la unidad, a través de la ilusión y la disciplina. Expresar la opinión de manera leal y constructiva en el fuero interno para ayudar a mejorar las cosas, sí; poner “palos en las ruedas” cuestionando externamente el proyecto, desmereciendo públicamente los esfuerzos realizados, o insultando a los compañeros en las redes sociales, no. Se trata de mutilar, no la libertad, sino el “libertinaje político” como resultado de decir cualquier cosa amparándose en una mal entendida, distorsionada y abusiva libertad de expresión, que tiene como consecuencia práctica que nos hayamos convertido en los principales enemigos de nosotros mismos, dando una imagen lamentable de desunión, castigada en las urnas de manera implacable. Mayor protagonismo a la Comisión de Garantías. Cuando hay un proyecto sancionado por la militancia, se ha de exigir lealtad a ese proyecto.

7) Emancipación del talento. Puesta en marcha de la “operación talento” para conocer el talento del que disponemos, no sólo a nivel curricular, sino también personal. Profesionalizar la selección de personal a través de un equipo de psicólogos, como se hace en las grandes empresas. Monitorización de los resultados. Búsqueda de la “calidad total” en nuestras propuestas. Terminar con los sistemas de selección basados en el amiguismo y la confianza, que sólo denotan la falta de conocimiento que se tiene del talento con el que se cuenta. Acabar con los cupos de representación. Si queremos que emane el talento, las personas que sean elegidas para desempeñar cualquier responsabilidad, deben serlo por mérito, capacidad demostrada, o capacidad demostrable a través de currículum, y no por pertenecer a un área geográfica, agrupación o corriente de opinión.

8) Instauración paulatina de un sistema de limitación de cargos; tenemos que conseguir en un plazo prudencial, que las personas estén en la primera línea política (es decir, cobrando de la política, bien sea de manera orgánica o representativa), no más de 10 ó 12 años en su conjunto.

9) Democratización de la selección de las personas que deban confeccionar las listas electorales, de manera que el partido, a través de su departamento de personal, proponga a los más aptos (según el momento político) y sea la militancia quien, con su voto, establezca el orden de las personas que constituyan esa lista; imaginemos que se trata de elegir la lista para el Congreso de los Diputados, y las encuestas nos dan que podemos conseguir 5; el partido propondría al triple, 15 personas entre los más capacitados elegidos objetivamente, no en función de pactos, cuotas o “mesas de camilla”. La militancia votaría y ordenaría la lista, estableciendo las preferencias; esto es, el partido propone y la militancia dispone.

10) Poner en marcha un ambicioso programa de formación, a través de dos vías: en las agrupaciones, donde expertos protagonizarían charlas-coloquio por áreas, y con la potenciación de la escuela de formación ‘José Ramón Jara’ donde se formen nuestros futuros concejales y diputados y que sea la envidia de España, homologando, para toda España, los conocimientos necesarios. También, en esta escuela, potenciar el conocimiento de nuestra historia, la política nacional y de la Unión Europea.

Este es el decálogo que someto, humildemente, a vuestra consideración.

Al igual que Martin Luther King, puedo decir que tengo un sueño. Sueño con un PSRM sin familias, unido, moderno, apegado a la ciudadanía, donde la militancia tenga un protagonismo significativo y donde las personas con talento puedan echar una mano y no se vean postergadas por mediocres cuya única virtud es su capacidad de halagar al líder de turno; sueño con un PSRM transparente, feminista, con hambre de justicia e igualdad que “se coma por los pies” antes que nada, nuestra desidia, nuestra impotencia y nuestro rencor. Escuchemos a la ciudadanía, hagamos nuestras sus propuestas; llenémonos de ilusión, mantengámonos unidos, y todos juntos conseguiremos invertir la situación en la que nos hallamos inmersos los últimos 24 años. Ánimo, compañeras y compañeros, gane quien gane el día 24, que sobre todo gane el PSRM. Es un deber. A cumplir.

 

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