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El nuevo socialismo y la necesidad de ser moderados

Julián Molina Illán

Hablaremos hoy de nuevo socialismo, o de ser socialistas hoy día, y veremos cómo, al parecer, estamos seguros de lo que decimos; y por supuesto, todos sabemos lo que es la moderación, de lo que también hablaremos. Aún hay algo peor, y es que confundimos lo que queremos o nos gusta a nosotros, a título individual, con lo que la sociedad demanda (“cree el ladrón que todos son de su condición…”).

En realidad, yo sólo puedo hablar por mí, y tal vez por algunas personas con las que he podido debatir y llegar a un acuerdo. Me atreveré en este artículo a exponer el significado que para mí tienen estos dos conceptos que habrán de determinar el rumbo del PSOE en la Región de Murcia.

“Ninguna ideología tiene el patrimonio de la honradez, la solidaridad o la bonhomía… lo importante es saber escuchar”

El socialismo se ha caracterizado siempre por la escucha. Por hacer, en cada tiempo, lo que era más socialmente transformador y más aceptable por todas las personas. Este es el equilibrio que debemos buscar: transformar para avanzar y mejorar, pero desde la perspectiva de la mayoría social; es decir, no se trata de hacer lo que uno cree que hay que hacer, sino de escuchar a la sociedad y plasmar programáticamente sus requerimientos para ilusionarla y ganarnos su confianza.

Hay otra dinámica distinta a la escucha, y es la errónea dinámica de “tener razón”. Esta es la dinámica de los radicales, y, en algunos casos, diría que incluso fanáticos. Es la dinámica de “yo soy una persona muy lista, y estoy en posesión de la verdad absoluta, de manera que si no me das la razón es porque eres una persona malvada, o porque eres una persona estúpida”. Esta es la dinámica de la izquierda radical, que, por ende, resulta minoritaria en la sociedad, aunque pueda haberse puesto de moda últimamente. Durará poco tiempo.

Cuando el PSOE ha adoptado una actitud de escucha ha sido mayoritario y ha gobernado. Cuando se ha apartado de los intereses de la mayoría de la población, bien sea por “acomodación” o por “radicalización”, ha sido minoritario y se ha quedado en la oposición.

La “dinámica de tener razón”, que nos lleva a afirmar con fruición que “somos de izquierdas”, “rojos”, “republicanos”, “agnósticos”, “feministas”, “animalistas”… esto es, a ponernos etiquetas, supone una falta de respeto total y absoluta hacia esta sociedad a la que, por oposición, etiquetamos a su vez. Dividimos a la sociedad entre los que están con nosotros y los que están contra nosotros. Entre listos y tontos. Entre personas honradas y corruptas. Entre personas fieles y traidoras… No cabe mayor desastre para beneplácito del Partido Popular. Fuera etiquetas. Que cada cual sea, en su fuero interno, lo que considere oportuno. La identidad se lleva por dentro, y, en el fondo, solo nos debe interesar a cada cual.

Ser socialista hoy, debe consistir en escuchar a la sociedad civil para poder liderarla. Humildemente, educadamente, pacientemente, lealmente, amigablemente, socialistamente… Dejémonos de etiquetas. Una cosa son las primarias y las señas de identidad y otra muy diferente mirar a los ojos a la sociedad civil. Para ganarnos su confianza debemos escucharla, lo voy a decir otra vez, sin etiquetas.

"Debemos escuchar a la gente, porque tal vez tenga razón, y cambiar, a la velocidad adecuada, las cosas que necesiten ser cambiadas, algo que también nos lo habrá de decir la gente"

Ser moderados. Hay quien confunde los términos. Izquierda, derecha, centro… Hay quien confunde la identidad política con la identidad personal, de manera que identifica, por ejemplo, ser de izquierdas con la honradez, la solidaridad, la bondad, el progresismo… la superioridad moral, en definitiva. En realidad, no es así; en otro artículo abordaremos el tema de la diferencia “izquierda-derecha”. Sólo decir que, desde luego, ninguna ideología tiene el patrimonio de la honradez, la solidaridad o la bonhomía.

Lo auténticamente importante, y más en estos tiempos en los que las posiciones ideológicas se han radicalizado, es saber escuchar y establecer los planteamientos ideológicos desde cero. Cuando hablemos con cualquiera, cuando escuchemos a cualquier persona, debemos pensar en que la razón tal vez la tenga esa persona, y nosotros, tal vez, estemos equivocados. Esto es moderación. Ir “con la verdad por delante” conduce al desastre. Ya lo hemos abordado. Se trata de escuchar. Pero de verdad. A lo mejor aprendemos algo, y así, a lo mejor, algún día somos útiles a esta sociedad.

El concepto de moderación se opone al de radicalidad. Tiene que ver con dos aspectos: 1) partir de la base de que la razón, tal vez, la tenga la otra persona y 2) la profundidad y la velocidad de los cambios planteados. No es el posicionamiento lateral, más o menos lejano de un teórico centro, obtenido en el izquierdómetro, es decir, el estar situado en un punto u otro de una línea graduada. Es una actitud ante la vida, y con la que se va por la vida. Moderación no es tibieza, falta de determinación o ausencia de disciplina. Nada tienen que ver unos conceptos con otros.

Cuando nos planteamos cambiar las cosas, para mejorarlas, podemos hacerlo con la gente, o a pesar de la gente. Podemos hacerlo a una velocidad asimilable manteniendo lo mejor del pasado, o a una velocidad destructiva que acabe con todo y no consolide nada. Esta es la diferencia. Debemos escuchar a la gente, porque tal vez tenga razón, y cambiar, a la velocidad adecuada, las cosas que necesiten ser cambiadas, algo que también nos lo habrá de decir la gente. Si escuchamos, si nos adecuamos, llegaremos lejos y seremos capaces de consolidar cambios duraderos, que, por otra parte, son los únicos cambios que merece la pena plantearse. Si escuchamos, si nos adecuamos, podremos liderar la sociedad civil hacia un futuro donde la igualdad de oportunidades sea una realidad; donde la riqueza se distribuya con equidad; donde impere la justicia; donde nos miremos como hermanas y hermanos, como españolas y españoles, y no como adversarios o enemigos. Juntos somos más fuertes. Seamos radicales en nuestra moderación. Lideremos desde la moderación, y sin ninguna tibieza, una sociedad con futuro como es la sociedad murciana. Como decimos siempre, es un deber. A cumplir.

 

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