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El tridente de Ballesta

J.L. Vidal Coy

Como buen seguidor del Barça y a la vista del triplete de esta temporada, el alcalde Ballesta ha optado por un tridente ofensivo encarnado en Eduardo Martínez-Oliva, Roque Ortiz y José Guillén. Lo malo es que algo huele a rancio y acedado en ese trío estelar en la Glorieta: encarnan el espíritu antiguo, es decir, el del exregidor Cámara, del Partido Podrido. Con esos mimbres, iluso es quien crea que la regeneración llegará al Palacio Consistorial murciano.

Por lo menos, en algo hemos avanzado. En efecto, la mano de hierro de Cámara durante todo su mandato, Martínez-Oliva, tendrá que actuar ahora dando la cara como nuevo responsable de Hacienda y Contratación, y no en la sombra como nos tenía acostumbrados en su larga época de fiel escudero del alcalde imputado en la operación Umbra.

Al ínclito Martínez-Oliva, de acendrado abolengo derechista, le acompaña en el tridente de Ballesta otro viejo colaborador/protegido suyo de los tiempos universitarios: Roque Ortiz. Éste tuvo la sabiduría de colocarse hace unos años, coincidiendo con la salida de la Rectoría de su mentor, nada menos que en Urbamusa, empresa urbanizadora municipal que, como es sabido, ha desarrollado una febril actividad gestionando la construcción de viviendas sociales para amortiguar los efectos de la crisis inmobiliaria en las familias más desfavorecidas del municipio.

No obstante, le ha quedado tiempo para, desde Urbamusa, poner en manos de la empresa Urbatisa la construcción de los tramos, escasos, de Costera Sur que se han hecho, con la aquiescencia del alcalde Cámara. Se hablará de esto a medio plazo y de quién anda realmente a los mandos de la realizadora de esa vía periférica que tanto ha solucionado al infumable tráfico murciano. Ortiz seguirá en esa su línea, ahora como edil de Fomento.

Tercer componente del tridente en el que el nuevo alcalde deposita toda su confianza es José Guillén, funcionario administrativo de altísima cualificación profesional, como es bien sabido en la UMU, que sigue cual perro fiel las andanzas del exrector. En Obras Públicas dejó Guillén constancia fehaciente de sus capacidades intelectuales y organizativas, especialmente en su desempeño al frente de la Entidad Pública del Transporte, donde lo que más se recuerda es su empeño en pintar de blanco los autobuses rojos.

La guinda al tridente la pone un centrocampista de altísima calidad, capaz de cubrirle las espaldas a todo el equipo –al igual que Busquets en el Barça de los amores de Ballesta–, que ejerció de jefe de los servicios jurídicos de la Consejería de Obras Públicas nada menos que en los años gloriosos del boom inmobiliario. Ahí es nada.

A esta gran base del conjunto, el nuevo alcalde añade dos herederas del núcleo duro del Partido Podrido en la Región. Las queridas hijas del ex de muchas cosas Pepe Ruiz Abellán –la titulada en Periodismo Concha Ruiz, que se encargará de... ¡Derechos Sociales!–, y la hija del sumo hacedor de las listas municipales, incluyendo la de Ballesta, o sea, Lola Sánchez –vástago de Antonio Sánchez Carrillo–, que tras sus indudables y numerosos éxitos como concejala de Educación y otras cosas, se encargará de… ¡Tráfico, Seguridad y Protección Ciudadana!

Vamos que, como dijo el nuevo alcalde que debía ser, están todos bien “aprendíos” antes de estrenarse en sus cargos. Otra cosa no, pero pedigrí –o peregrín, en habla huertana– tienen. Menudo equipazo y qué inenarrables días de gloria hemos de ver en esta legislatura. Sobre todo porque el fantasma de Cámara –y el de Sánchez Carrillo– seguirá paseando por las escaleras y pasillos de los edificios municipales… ¿y moviendo papeles?