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Candidatos, promesas y estadísticas

J.L. Vidal Coy

En vísperas electorales, los ciudadanos suelen empezar a dilucidar su voto basándose en lo que dicen, o más bien prometen, los candidatos de los partidos. O en los programas electorales. O, incluso, en la simple empatía que despiertan, o no, los que quieren ser elegidos. Se hace así muchas veces la elección de a quién votar por simple descarte o por sencilla subjetividad: este me cae mejor; aquel parece creíble; este otro tiene pinta de honrado.

Ocurre, sin embargo, que algunos candidatos sí pueden ser medidos objetivamente en función de lo que han hecho en el periodo inmediatamente anterior a la fecha de las votaciones. Son, claro, los que están en el Gobierno, sea éste del signo y de la competencia que sea. Por contra, los contendientes opositores juegan en este terreno con cierta ventaja: no se les pueden pedir cuentas por su trabajo ejecutivo. Más cómodos aún están quienes se presentan por primera vez.

Pero como la realidad es la que es, la mayor exigencia va dirigida a quien está ya gobernando y quiere repetir exhibiendo no solo promesas sino también realizaciones. Y como son las primeras las que más atención atraen, conviene mejor fijarse en las segundas, que son las que realmente cuentan a la hora de definir la idoneidad de un candidato que ya ha estado ejerciendo el mando porque fue elegido en las anteriores elecciones.

En este sentido, son muchas veces las estadísticas las peores enemigas de la credibilidad de un candidato. Ejemplo reciente hay en la Región de Murcia. Hace solo tres días que un documentado estudio dejó la labor de la Consejería de Educación de la Comunidad Autónoma de Murcia por los suelos, señalando, no sólo que su lugar en la lista de excelencia educativa era el antepenúltimo, sino también que había retrocedido tres puestos desde la clasificación anterior, datada en 2011.

Durante estos cuatros años, pues, en los que la Educación en Murcia ha experimentado un retroceso innegable, el departamento ha estado dirigido por Pedro Antonio Sánchez, a la sazón candidato número uno del Partido Popular a ocupar la Presidencia de la Comunidad, –designado por el aún presidente partidario regional Ramón Luis Valcárcel–, tras ser desimputado en un caso aún no aclarado relativo a la compra de su dúplex y ser desviado otro asunto también turbio a un juzgado de Lorca, en una clara maniobra dilatoria para no entorpecer sus aspiraciones políticas.

Así que, por muchas promesas que haga, el principal candidato de la lista regional del partido gobernante no puede presumir precisamente de buena gestión. Ni siquiera puede alardear de haber mejorado el sector bajo su directo mandato con respecto al periodo anterior. A no ser que consideremos a la organización emisora del informe una manifestación más de la conspiración judeomasónica que, al parecer, sigue empeñada en mancillar la honra de nuestro excelso sistema político, y cuyas estadísticas no son, consecuentemente, aplicaciones matemáticas sino puros cálculos cabalísticos.

No es el de Pedro Antonio Sánchez el único caso chocante de candidato puesto a los pies de los caballos por las estadísticas o por sus cambios de posturas políticas. Algún otro hay, del que ya se hablará.