ir a la portada de ELPajarito.es

Franquismo tardío

José Luis Cano Clares

Hay que guardar las apariencias, no blasfemar ni hablar de política y hacer como que todo está muy bien, como que nos conformamos con lo que hay. Además el ideario y las creencias que lo sustentan son tan simples y elementales que no resulta difícil desenvolverse con ellas. El adoctrinamiento está garantizado por los distintos frentes. Todo es muy sencillo: la cosa se resume en que ellos son los buenos y sus enemigos, es decir todos los que ellos digan, los malos. Masones, judíos y comunistas, entre otros, son los malos, que actúan formando lo que se llama un contubernio que intenta derrotar al régimen desde el exterior; como resulta perverso, según nos explican en el colegio, el liberalismo o la partitocracia, la anarquía y el marxismo, en los que radican junto a los separatismos todos los males de España, lo que se conoce como demonios familiares, a los que el régimen derrotó felizmente hace años.

“Al dictador no le gustan los políticos, ni siquiera los suyos… Ahora, ya un anciano, resultan terribles sus discursos navideños, como sus apariciones en público frente a una plaza de Oriente abarrotada por sus admiradores”

Los términos se han dulcificado, ya no se distingue abiertamente entre afectos al régimen y desafectos, aunque la cuestión de fondo se sigue manteniendo. A todos se nos supone afectos o dominados por el sistema, si bien la policía vela para retirar de la circulación a las gentes descarriadas, esos blasfemos empedernidos que se cagan en el santoral o dudan de las verdades de la Iglesia, o a aquellos infelices que piensan que desde aquí se puede cambiar el mundo. La clase social es el factor predominante y la afinidad o no con el sistema, todo. Puedes resultar en la práctica indiferente para ellos, siempre que no traspases ciertas barreras perfectamente definidas: prohibido meterse en política, excepto a través del Movimiento Nacional, un refrito de falangistas, requetés y camisas negras unificado en un grupo de poder con acceso a lo que se llama la mamandurria.

Al dictador no le gustan los políticos, ni siquiera los suyos. Últimamente lo que más le gusta son la caza y la pesca, deportes de nobles y depredadores. Ahora convertido en un anciano resultan terribles sus discursos navideños, como sus apariciones en público frente a una plaza de Oriente abarrotada por sus admiradores. En ella, frente a esas masas entregadas, discursea sobre majaderías tales como la unidad de destino en lo universal o la conspiración judeo-masónica que intenta acabar infructuosamente con su mandato. Son dignas de ver las demostraciones sindicales que se celebran en el Santiago Bernabéu el día de su patrón, San José Artesano, retransmitidas por la primera cadena, como prueba de la superación de la lucha de clases con la fundación de la CNS, los sindicatos verticales, que son en la práctica unas oficinas en las que colocar a un montón de gente. En ellas, los niños felices hacen tablas de gimnasia y los obreros ataviados con los trajes regionales bailan mostrando la variedad y riqueza de los hombres y de las tierras de España. Es la manera que tienen los supuestos obreros de manifestarse frente a esos primeros de mayo del mundo exterior, reivindicativos, propiciados por sindicatos de clase, y toda esa retahíla de enemigos de España que nos acechan desde el exterior. No es que odien al régimen, odian a España y a todos nosotros; quieren volver para trastornar este mundo tan bueno en el que vivimos, a combatir a su manera el tedio y la locura local por otra clase de lo mismo.

Aquí las cosas son de otra manera. Los sindicatos son ejemplares, está abolida la lucha de clases y en ellos conviven en armonía patronos y trabajadores, así de fácil, lo dicen con un par, como si fuese verdad. Y además ellos tienen la sartén por el mango y el mango también. Los Pirineos son nuestro baluarte, la muralla protectora que nos separa de ese otro mundo liberal y partitocrático en el que radican todos los males y en el que viven nuestros enemigos; en el que están desterrados esos locos que sueñan con acabar con el régimen, lanzando a través de las ondas consignas anacrónicas o sin sentido. Y en el que existe, según nos enseña nuestro profesor de Formación del Espíritu Nacional, una cierta envidia por lo bien que nos van las cosas. Para este hombre somos algo así como el faro del mundo, la reserva espiritual de occidente, sumido en ese liberalismo caldo de cultivo de todos los vicios; donde no reina el Corazón ensangrentado de Jesús que encontramos en las iglesias o en casa.

En Europa reside el mal, el pecado del que nos preservan nuestros maestros y buenos sacerdotes. Bueno, si Europa es mala, Rusia, que se llevó nuestro oro, es aún peor. Tras el telón de acero viven los comunistas, ateos y enemigos de España. La verdad es que nuestra nación tiene pocos amigos en este planeta.

De Un sabor agridulce