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Prisión versus archivo histórico de Murcia

José Luis Cano Clares

En los sesenta, la gran plaza en la que confluían además del paseo otras dos avenidas nuevas y a medio hacer, tan vacías de casas como este, la presidía la fachada del colegio, con un par de edificios de vivienda en la esquina de levante, semejantes a la casa de Aviación en la que viven los militares. Y en el otro extremo la Cárcel, a la que siempre vi como algo oscuro o tétrico, que alojó a montones de presos en tiempos y de la que en ocasiones se han escuchado disparos. Y la estación del norte, de la que llegan viajeros de las poblaciones del interior. Las nociones adquiridas con los años, y especialmente esos juveniles, pesan sin duda en la valoración o el aprecio que de modo subjetivo sentimos hacia ciertas imágenes. En especial respecto de esa antigua prisión, que sustituye a la anterior, el llamado Casa Corrección, en la calle Vara del Rey.

“Es un gran espacio que ofrece la posibilidad de albergar una instalación importante, un museo de arte moderno o el necesario y siempre aplazado Archivo Histórico de la Ciudad”

Responde a un tipo de edificio carcelario que se repite de forma semejante en varias ciudades, que concentraban las prisiones dispersas con unos conceptos que el tiempo ha relegado al olvido. De modo que pienso que su sustitución por el Estado en archivo histórico y museo provincial en su día hubiese sido bien recibida. Recordándolo durante mis años escolares, con los centinelas armados en sus garitas, no puedo considerarlo precisamente como algo amable ni atractivo, ni encontrar, aparte de aspectos característicos o tipológicos, singularidad o valores artísticos. Sus rasgos simples y duros son propios de un concepto atávico de prisión, a un prototipo concebido para este tipo de establecimientos, situados en las afueras de las capitales de provincia y que el tiempo ha enclavado, libres de uso, dentro de los ensanches urbanos. Como esta prisión podemos encontrar entre otras la de Málaga y del Humilladero, que se corresponde con el mismo esquema y materiales que la de Murcia. Son edificios que en algunos casos han sido rehabilitados y adaptados a nuevas funciones.

Abandonada durante años, se despierta el interés sobre el edificio a raíz de la intención de la Agencia Tributaria, propietaria del inmueble, de construir en su solar su nueva sede. La adquisición municipal del edificio se produjo prácticamente de forma obligada, con un objetivo simple: impedir su demolición para posteriormente rehabilitarlo, sin fecha o finalidades especificadas entonces, unos usos que ahora se pretende definir de modo participativo, abriendo un debate que forzosamente deberá limitarse a optar entre usos concretos cuya utilidad y necesidad sea patente y requiriera un espacio y unas características constructivas semejantes. Hasta entonces, desde su clausura, sus muros perimetrales encierran las dependencias y los patios, que ahora solo contienen historias oscurecidas por el tiempo, muestra de una forma de entender el régimen penitenciario desde los años 20 hasta su cierre.

A las razones por las que se ha mantenido este edificio, comunes a las que han permitido conservar y adaptar prisiones semejantes en otras ciudades, se unen, una vez abierto el debate, las derivadas del periodo de posguerra, en el que esta prisión albergó hacinamiento y fusilamientos que constituyen, a ojos de muchos, un símbolo de la represión del régimen durante aquellos años, sin olvidar otros fusilamientos anteriores, en época republicana, entre los que destaca por su atrocidad el del párroco del Carmen, don Sotero González, fusilado junto a otros diez vecinos de la capital el 11 de septiembre de 1936, dentro de la prisión con las puertas abiertas y cuyo cadáver fue arrastrado hasta la iglesia. Memoria histórica también horrible en ambos casos, a la que se quiera o no quedará asociado este edificio, con estos terribles recuerdos de estas dos Españas que por desgracia perduran.

Al día de hoy, la voluntad municipal trata de adaptar el contenedor que encierran sus muros a nuevos usos aún por definir que complementen los existentes y contribuyan a revitalizar esta zona de la ciudad, en la actualidad una zona muerta, como un vacío en el barrio. Recordaremos cómo pudo ser, desde el Estado, biblioteca regional o museo. Es un gran espacio que ofrece la posibilidad de albergar una instalación importante, museo de arte moderno o, en mi opinión, el necesario y siempre aplazado Archivo Histórico de la Ciudad, necesitado de espacio y salas, con aislamiento acústico por sus gruesos muros, depósitos climatizados para sus pesados compactus y para sus fondos, sin precisar cimenación costosa.

El Archivo Municipal sigue siendo, además de un gran desconocido, un recurso cultural de primer orden sin explotar. Actualmente está instalado desde antiguo en el Almudí, donde se almacenan documentos valiosos que merecen un lugar adecuado para su exposición y salas de estudio propias de nuestro tiempo. Eso daría satisfacción, por fin, a un viejo proyecto siempre aplazado.

 

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