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De Patiño y sus pelotas

José Luis Cano Clares

 

Creo que a todos nos ha pasado, a mí algunas veces, que al mirar un titular de prensa apresuradamente, de soslayo o sin la atención debida, confundimos el texto con alguna idea preconcebida, de modo que esa lectura errónea se traduce por lo general entremezclada con esa idea anterior en algo disparatado, o por lo menos extraño. Llegando a veces a comentarlo con alguien que nos saca del error. Así me ocurrió el otro día en que me pareció leer algo sobre un reconocimiento por parte del pleno municipal a lo que se denominan comúnmente “pelotazos”, tan autóctonos como el autentico objeto de la crónica. No, no era eso, la noticia y el titular estaban relacionados en realidad con las conocidas y apreciadas “pelotas de Patiño”, concretamente con el festejo que por las fechas navideñas se ha hecho tradicional y que congrega en la población cuadrillas, troveros y animeros de toda la región, y en la que se distribuyen centenares o miles de estos vasicos de caldo con la famosa albóndiga o pelota, elaborada por las generosas matronas de la localidad los días previos en grandes cantidades.

"Lo de las pelotas, además de estar muy ricas y reconfortantes, tiene ahora una fecha y un evento que localiza este reconocimiento unánime que le han dedicado los grupos políticos municipales"

No creo comparables las pelotas, al menos en cuanto a las ingentes cantidades en que se consume esta pieza gastronómica, como se le llama ahora a toda clase de condumios, con la morcilla, auténtico y verdadero icono regional, cuyo consumo no se limita a matanzas o fiestas concretas sino que se lleva a cabo casi constantemente a lo largo de todo el año; o a las patatas cocidas o asadas con ajo, también muy apreciadas y demandadas especialmente en cuantas barracas huertanas o demás tenderetes de los que se montan con cañizos por las abundantes fiestas. Pero debemos reconocer que lo de las pelotas, tanto estas patiñeras de receta propia del lugar, como las que podemos consumir por doquier, además de estar muy ricas y ser reconfortantes por el caldo caliente y grasiento en que se sumergen, tienen en este caso una fecha y un evento que permite localizar en el calendario este reconocimiento que por unanimidad le han dedicado la totalidad de los grupos políticos con representación municipal, un auténtico y, por qué no decirlo, merecido consenso. Todo un acierto que pone en el mapa regional a Patiño, dado que las condiciones, como se ha expuesto, son propicias o adecuadas para señalar e identificar el evento musical y alimenticio.

Lo que es también de celebrar y agradecer, incluso para los propios ediles que con esta coincidencia muestran un adelanto del espíritu navideño tan próximo y relacionado en este caso con el asunto incluido en el orden del día del plenario, a instancia de algún grupo que se apunta el tanto del murcianismo o murcianeo, como se le quiera llamar, ahora que hay que reforzar las identidades locales frente a tanta majadería de inmersiones, inclusiones o señas identitarias como escuchamos a diario en otros lugares. Evitan también con esta coincidencia desarrollar un debate sobre el asunto en el que los opositores sin duda saldrían malparados, al tratarse de algo tan querido y localista. Un acierto, sin duda, por parte del ponente de moción tan atinada y que estaba ganada de antemano –las oportunidades no se repiten y está claro que la ocasión la pintaban calva–, y de esta manera manifiestan por unanimidad al otorgar el apoyo su conocimiento sobre la cuestión, e impulsan así, con la propuesta de declaración de interés turístico regional, un nuevo evento que celebrar y otra ocasión en la que lucir los trajes regionales, beber chatos de vino y estar convidado a comer esas ricas pelotas, más alguna que otra cosilla que caerá en la andorga a esas horas como decimos por aquí, divinamente, algo que se agradece en esta tierra nuestra en la que no estamos precisamente faltos de fiestas, desfiles o eventos como este, comparable a mi entender a ese otro día en el que se reparten pastelicos de carne con cañas de nuestra cerveza más apreciada. En este caso aguardan pacientemente en colas para degustar de gratis ese otro producto gastronómico, lo que se agradece, como los reconfortantes vasos de caldo con pelota que les reparten en Patiño las buenas amas de casa a las que corresponde todo el mérito, redimiendo estos apetitos. Ellas merecen más que nadie este reconocimiento.

De modo que, aclarada mi confusión, no tengo por menos que adherirme a la petición. Casadas o viudas, todos hemos degustado por los viejos bares esas pelotas tradicionales, con caldo hirviendo al que algunos le añaden un chorrito del vino con el que las acompañan. Pelotas melosas y tradicionales, que sin competir con esas exquisiteces tan de moda que se premian y distinguen con estrellas o menciones, no por eso dejan de tener a nivel popular una especial valoración.

 

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