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La escalivada

José Luis Cano Clares

En nuestro mundo los líderes, grandes o pequeños, deben trasladar esa imagen de personas saludables practicantes de deportes a cualquier edad. Normalmente escenas tempraneras haciendo footing acompañados por guardaespaldas igualmente agiles. Golpes enérgicos con los palos de golf como el americano Trump, natación en aguas heladas o cabalgadas a pecho descubierto para Putin, el más sano al parecer de todos. Por no citar la hipersexualidad de Berlusconi, otra forma de exhibir potencia. Gentes por las que no pasa la edad, timoneles firmes e inasequibles al desaliento, madrugadores y deportistas en plena forma. Y luego tenemos lo de aquí: me refiero a la imagen en la que el presidente, con un extraño atuendo, pantalón deportivo hasta la rodilla y abrigo tipo plumas hasta el cuello, daba su habitual caminata matutina antes incluso del amanecer, a la luz mortecina de las farolas de un puerto desierto y desangelado.

Curioso atuendo y rara práctica deportiva que no creo se deba a prescripción facultativa, sino recomendada por unos asesores de imagen a los que les convendría, a la vista de esta imagen esperpéntica, despedir de forma fulminante. Y eso en plena campaña electoral con pésimos pronósticos a los que no pienso que haya favorecido en absoluto la exhibición de esta penosa caminata que tan mal rollo daba. La cosa es que los resultados han sido si cabe peor de lo esperado. Imágenes fugaces que se exhibieron brevemente en los telediarios.

“Al igual que el bipartidismo tradicional se ha cuidado siempre de aplastar opciones nacionales de centro, de forma irresponsable alimentaban y continúan engordando a los Zumalacárregui o similares”

Tremendo e inexplicable a la vista del atuendo y la desastrosa facha con la que sus asesores de imagen lo disfrazan, con esta modalidad de marcha rápida tan peculiar con la que pretenden hacernos creer que se desayuna. Cuando sería más creíble y seguramente más auténtico verlo practicar el dominó con los amigos de su infancia, jugar al mus u otro esparcimiento de salón. En fin, servidumbres que tienen nuestros hombres públicos, víctimas de los imprescindibles “coach”, necesitados de compensar su aspecto con estas prácticas que pretenden transmitir la sensación de que el hombre en nuestro caso no está tan quemado como suponemos y aparenta. Vaya, que a pesar de su aspecto está como un roble y hay personaje para rato.

Lo del resultado se veía venir, el rey del suspense a pique de reventar los nervios a medio país por fin se decidió. Si todos caemos en nuestras propias trampas, este ha sido un caso paradigmático. Es cosa sabida que en situaciones de polarización o confrontación extrema, como la que respondía a su improvisada convocatoria, los electores suelen concentrar sus votos sobre las opciones a ser posible autóctonas, nítidas y con posibilidades ganadoras, o al menos que buscan la victoria, que se la trabajan. Y de este modo al igual que el bipartidismo tradicional se ha cuidado siempre de aplastar opciones nacionales de centro, caso palmario el acoso y derribo a dos bandas a Adolfo Suarez en su segunda etapa, mientras que de forma irresponsable alimentaban y continúan engordando a los Zumalacárregui o similares. Gentes con insatisfacción crónica, a los que se hacen ofrendas, como a los dioses paganos, ofrecimientos que reciben con desdén.

Cosas del “no es no” cerril propio del bipartidismo, practicado tradicionalmente en ambas direcciones, pensando que con anular al de enmedio tenían garantizada su hegemonía. En esta ocasión el cambio ha venido por una opción autóctona y por el centro, superando a la vez a las dos candidaturas de siempre, a las que sus resultados les van costar en el futuro más de un disgusto. Con este cambio de escenario en el que se afirma una opción sólida frente a ambos partidos que, una torpeza tras otra, carentes de discurso o coherencia vienen agarrándose a cualquier clavo según y dónde, sobreviviendo ante la falta de opciones creíbles como ha sucedido ahora. Si el partido del presidente era un claro perdedor desde mucho antes del primer momento, tampoco ha sido un éxito lo del que se ofrecía a conciliar –a cambio de presidente– que se las ha llevado por los dos lados. Como el joven de la llave, que se las prometía muy felices desde la pequeñez que le daban las encuestas, ocupados ambos más de parecer diferentes, explicar lo que no harían y rechazar, como gente exquisita que pretenden ser, cualquier clase de pacto o acuerdo posterior. Y eso cuando la población no está para finuras, tontunas o postureos.

Las cartas están sobre la mesa y boca arriba. Nadie legítimamente debe pretender imponerse sobre los demás. El horno está caliente y los ingredientes de escalivada catalana están a la espera de manos y mentes hábiles que sepan cocinar el plato del que puedan comer todos.

 

 

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