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Las redes sociales

José Luis Cano Clares

 

Esta mañana tal personaje se ha expresado a través de un tuit. Un mensaje corto en el que da su opinión, comenta o se opone a algo. Y eso prácticamente recién levantado. Lo comentan después por las tertulias y así comienza a rodar la noticia, que surge así como prefabricada o inducida en torno a algún hecho o suceso que invita a opinar. A las redes tal parece que se acude según se sale de la cama, a veces antes de desayunar, como si del sueño se llegara a la vigilia a través de este deshaogo matutino. Las noticias del día incluyen habitualmente las reseñas de los tuits de distintos personajes, políticos, artistas o simplemente osados o impertinentes que disponen de seguidores. También se utilizan estas redes para provocar, tener presencia o llamar la atención, buscando réplicas de aquellos a los que se pretende irritar. También se expresan de forma organizada, repiten consignas o ideas marco dirigidas a correligionarios, que repiten reafirmándose en su misión de propagadores de los eslóganes que marcan desde la central del pensamiento dirigido.

“Hay verdaderos profesionales de estos debates, tanto en las redes propiamente dichas como en los comentarios que permiten introducir los diarios digitales”

Estamos frente a una nueva forma de comunicación entre grupos circunstanciales de gentes desconocidas entre sí, que reaccionan ante una frase ingeniosa o una imagen que transmite una opinión o pretende iniciar un debate. Debates virtuales que quedarán en la nube, sin mayor trascendencia ni continuidad. Sin contacto físico ni más identificación que una imagen adoptada como banderola por el miembro que interviene. Hay verdaderos profesionales de estos debates, tanto en las redes propiamente dichas como en los comentarios que permiten introducir los diarios digitales. Allí aparecen auténticos columnistas vocacionales que discuten el texto de autor o la noticia que se ofrece al debate. A veces con verdaderos contenidos alternativos o complementarios.

Las redes tienen esto: permiten formar parte de una comunidad o club de desconocidos, gentes de las que se muestra una foto o símbolo, y un nombre falso o cierto, lo que da lo mismo, ya que fuera de este mundo virtual no habrá de producirse otro conocimiento o contacto. Raramente coincidirán los actores en el mundo real. Quien participa de estos debates tiene, entre otras, la ocasión de meterse en lo que no le importa, en el asunto de alguien o de otros a quienes les da exactamente igual la respuesta. A las redes se conectan gentes de todo tipo, jóvenes principalmente, aunque son también refugio para los ocios de los jubilados, que son muchos. A través de este medio, desde el presidente del Gobierno hasta cualquiera se comunica, adquiere presencia y transmite sin necesidad de comparecer un comentario breve, en relación con algún asunto que se adivina como de actualidad, algo sobre lo que toda persona relevante debe tener opinión y posición, de forma obligada según parece, además de poder expresarla. Sin temor al cara a cara, réplicas o preguntas inconvenientes. Opinión bastante simple y predecible, por lo demás, que confrontar con la también imaginable de sus contrarios.

El uso de estas cuentas se ha extendido de tal manera que lo raro es no tenerlas. Por su simplicidad y publicidad se ha establecido como modo común y casi obligado de comunicación. Admiten respuestas, pero por lo general estas no tienen la misma audiencia, ni existe continuidad del debate. La presencia en los medios de estos personajes, que es lo que en realidad se busca, se hace así habitual y casi permanente. Un nuevo tuit o un comentario en el estado del muro sustituyen al del día anterior o al de hace apenas unas horas. El fenómeno de las redes sociales se ha extendido de modo que interactuar dentro de sus circuitos es tan sencillo como frecuente. La pertenencia a una o varias está al alcance de cualquiera que disponga de un dispositivo adecuado, teléfono móvil por lo general, que permite tanto conocer las noticias u opiniones ajenas como intervenir. Así, en cualquiera de los chats entre desconocidos unos expresan una idea y otros la contraria.

Cada uno interviene según su educación o estado de ánimo, a veces desde el anonimato, incluso de forma grosera o airada, llegando al insulto según casos, confirmando u oponiéndose a lo expuesto por ese desconocido que inició el chat, que lo somete a través de este medio a los me gusta o comentarios de otros desconocidos. En cierto modo, estos encuentros o desencuentros entre los actores pueden verse como un sustitutivo de las relaciones personales, una forma de liberar tensiones dentro del anonimato, en una sociedad de gente que se aísla y rehúye el contacto físico. Con nombres o pseudónimos responden a cualquiera de las novedades que en forma de notificación aparecen en la pantalla del teléfono, con más o menos interés en función del grado de aburrimiento o desocupo del que se dispone en ese momento.

 

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