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Autonomías

José Luis Cano Clares

Vivimos el comienzo de una nueva etapa, en la que estas administraciones regionales tienden a erigirse en pequeñas naciones y a insistir en la busca de hechos o aspectos diferenciales, de manera que sus dirigentes intentan aparecer en plano de igualdad con el de la Nación. Así, se necesitan reajustar estatutos de autonomía, reforzar el sentido localista de nación, incluso la Constitución según algunos, y con ello reducir los horizontes y acotar el espacio a la medida de estas personas. Cualquier día de estos terminaremos por descubrir que nosotros también somos una nación situada en el culo del mundo. Morcillalandia podría llamarse, como homenaje a la morcilla, icono o referente regional. O Butifarrilandia en otros lugares. La autonomía deviene más que nunca en provincia y se adorna por tanto de elementos tediosos, de esas formas rancias en las que anida la cursilería. Tiende a reducir, a limitar el espacio y a ensalzar a sus gobernantes, cada vez más parecidos a aquellos antiguos jefes provinciales o autoridades varias del antiguo régimen.

“Como en los viejos tiempos, todo viene a estar controlado: el mundo empresarial y político nunca dispusieron de mayor armonía y los medios de comunicación tradicionalmente están como siempre, con el poder constituido”

Cuando los actos son de beneficencia, las autoridades que los presiden revelan la donación de terrenos públicos para la institución que convoca el acto, ensalzando la gran labor que tal asociación desarrolla, complementaria de la que ellos mismos ejercen, y la satisfacción que les da cooperar con sus fines. Estos hombres y mujeres del nuevo régimen están en todo y en todas partes. Se observa como una tendencia a tener presencia social aunque se trate de foros circunstanciales como las cenas benéficas, las peñas festeras o lo que sea. Y eso que todo viene a estar, como en los viejos tiempos, controlado: el mundo empresarial y político nunca dispusieron de mayor armonía y los medios de comunicación tradicionalmente están como siempre, con el poder constituido. La provincia hacía años que no se veía tan bien representada y el orden tan bien establecido. Después de tantos años no temen que sucedan cosas, sino que aparezcan publicadas en un periódico local, el de mayor difusión. Son muchos años de gobernar sin control, con una oposición desarbolada y acomodada en su nuevo papel, y lo cierto y verdad es que, aunque no les guste reconocerlo, se les ha ido un poco la mano.

Recientemente he tenido ocasión de asistir a tres o cuatro actos de este tipo: en todos lo mismo. Los personajes rigurosos en el protocolo, como en esos soporíferos actos universitarios en los que emplean más tiempo en dedicarse el discurso que en el discurso mismo; se citan y ensalzan, emplean sus títulos y alaban su propia labor con una impudicia total; dedican unas breves palabras al objeto de su presencia allí y prolongan innecesariamente el discurso de manera sistemática. Como si el público les fuese a reprochar el quedarse cortos. El acto, que ya era cursi en sus fundamentos, a partir de estos momentos adquiere ese carácter de cargante o soporífero que siempre tuvieron estos actos en esta ciudad. Seguimos instalados en la provincia y pasamos a degustar el vino español que han preparado como fin de fiesta.

Cuando se trata de cenas, lo mismo: antes o después interviene algún cargo público, agradece el estar allí y vuelve a dar la matraca con su cargo y gobierno. Antes, por lo menos, las autoridades, quizás por el mucho tiempo que ocupaban los cargos, eran personas generalmente conocidas dentro de la buena sociedad, mientras que ahora la mayoría sólo lo son dentro de su partido. Estos actos son como los mítines se celebran en campo propio. Los opositores se han convertido en ese enemigo ausente al que se le nombra con arrogancia y con desprecio, gentes parecidas a ellos que intentan arrebatarles el poder que consiguieron hace unos años. Esto de la alternancia lo llevan mal, y una vez instalados hacen todo lo posible por evitar que se produzca.

La oposición lleva aguantando muchos años alejada del poder y ahora atisba la posibilidad de regresar al paraíso perdido. Sueñan con ello. Aún no se atreven a presentarse en estos actos sociales que monopolizan los otros, como si siguieran consignas en este sentido. Estarán conspirando, soñando con el regreso al poder apoyados en la noción social de la corrupción que se los llevó a ellos por delante en su momento. Cada vez va desapareciendo la noción del decoro en la vida pública en todos los aspectos. Se acusan unos a otros: que si tal regidor mantiene sociedades con promotores, que si tú te hiciste una casa sin permiso en tu pueblo… Llevan en este aspecto como un concurso a ver quién es más deshonesto o menos escrupuloso; se denuncian ante los tribunales y confían en el escándalo como medio para desacreditar al adversario. Nadie dimite y dan por sentado que sus electores no les van a tener en cuenta esos asuntillos.

 

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