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Chiquilladas

José Luis Cano Clares

Turista vete a casa, seas inglés o español de España que también los hay –te pueden preguntar si vienes de allí por el Paseo de Gracia–. Abertzales o anticapitalistas coinciden en esto; autócratas y tribales como aspiran a ser, se manifiestan, con la impunidad que les da su posición preeminente en la política aldeana, contra la presencia de forasteros indeseados, con acciones de las que no es conveniente para el común que se comenten. Así, pinchan las ruedas de un autobús turístico, vehículo diabólico lleno de peligrosos extranjeros que ansían robar sus riquezas, como decían en los países comunistas de los visitantes; o las de las bicis de alquiler ecológicas y baratas; o lanzan bengalas en un yate o en el salón de un restaurante. Y marcan territorio por tierras vecinas matando así dos pájaros de un tiro. Que aparte del escarmiento para los viajeros del bus, sirve mayormente para crear inquietud y desprestigiar a este país en el que les apena vivir.

“Mientras que muchos ven en el turismo la solución para su economía, otros lo representan como una lacra, han descubierto el escaparate por el que transmitir al mundo su presencia y su mensaje”

Chiquilladas se les puede llamar a estas actividades, como aquellas de la kale borroka que justificaba Arzallus, o terrorismo urbano en su versión light; al fin y al cabo cosas sin importancia, propias de la juventud y la cerrazón de ideas, que conviene a otros, a los que piensan comerse las nueces y a estos muchachos si llega el caso. Algo que se debe en cierto modo tolerar, como la rotura de lunas o cajeros de aquellos cachorros del Norte, quema de contenedores u otras prácticas de aquella muchachada, patriotas que expresaban de este modo sus anhelos. Unos sacuden el árbol para que otros recojan las nueces. Sencillo y razonable. Como que se caigan los nidos como dijo el patriarca, que también puede pasar. La misma murga, nada nuevo bajo el sol.

Como es sabido poco dura la alegría en la casa del pobre. Y menos aquí. Mientras que muchos ven en el turismo la solución para su economía aunque sea un pasar circunstancial o momentáneo, otros lo representan como una lacra, han descubierto el escaparate por el que transmitir al mundo su presencia y su mensaje. Salimos de la pobreza como país en los 60 con la llegada de los primeros turistas de sol y playa, y estamos manteniéndonos en esta crisis en gran medida por la mayor afluencia de visitantes. Sol y playa y otras cosas que se han venido incorporando a la oferta tradicional como cultura, paisaje o medio rural. Algo que desea quien no lo tiene en cifras altas y que produce disfunciones, fruto de la desregulación y la pillería, allí donde la presencia de visitantes es elevada o de baja calidad. El turismo de borrachera y vandalismo lo ofertan desde los hosteleros locales. O la picaresca de los nativos ofreciendo basura o alojamientos baratos de forma sumergida.

Todos los municipios costeros han venido soñando con superar la estacionalidad, con conseguir una presencia de turistas a lo largo del año, y así se han consolidado poblaciones como centro de servicios a una población permanente, que bien tiene aquí su segunda residencia o la primera como miles de jubilados. Pero, claro está, son extranjeros, cosa que para los supremacistas, estas nuevas razas arias que se cultivan por los territorios nacionalistas, contraviene su concepto de país. No ese imaginario plurinacional, sino el suyo suyo.

"El mundo debe regirse de modo asambleario, inventarse cada día desde la cháchara, y las tribus o comunas ser cada vez más xenófobas y excluyentes sin libro ni jerarquía"

Y ya, gracias a esto, tabloides ingleses y prensa amarilla en general divulgarán sus hazañas e intentarán desacreditar a España, objetivo en el que ambos coinciden. Los pondrán en el mapa, se visibilizarán como se dice ahora, y hablarán de ellos, de estos salvajes o patriotas de nuevo cuño, de su movimiento y aspiraciones. Hago actos vandálicos luego existo, que diría aquel, en esta forma de funcionar de nuestro mundo. No actúan al grito de Allahu-àkbar, pero viene a ser lo mismo. Rechazo el Estado o el Gobierno, pero quiero contribuir a la creación de otro aunque sea de momento, que intentaré como buen anarco destruir a continuación. Avisados quedan.

El mundo debe regirse de modo asambleario, inventarse cada día desde la cháchara, y las tribus o comunas ser cada vez más xenófobas y excluyentes sin libro ni jerarquía. Autárquicas si cabe y libres de la contaminación de ideas extrañas o venidas de otro lugar, como pasó con esas suecas que acabaron felizmente con el pudor de las nativas y el subdesarrollo de nuestro país. No, a ellos no les va a pasar eso. Cosas inconvenientes para quienes piensan que el buen salvaje es corrompido por los gobiernos o contaminados por esa nueva versión del hombre blanco, con sus agua de fuego, sus bacterias ysus costumbres contrarias a los lugares comunes que los complacen, dando a sus actos un sentido épico, una nueva versión de la lucha de clases o por el poder sin exponer. A la revolución pinchando ruedas de bicicletas.

 

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