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Prestigiar la política

Juan A. Gallego Capel

Creo que todos estaremos de acuerdo en que hace falta una reforma de la Ley de Partidos que obligue a promover el debate interno y establecer por ley un sistema de primarias que fomente la competencia entre quienes aspiren a ostentar cargos orgánicos o institucionales. Hay modelos aplicables en Alemania y Estados Unidos, y es urgente buscar una salida a la actual situación.

“Hay que desmontar la idea de que los partidos se han convertido en maquinarias para expedir cargos públicos, con un sistema extraño en el que cada sector pugna por meter a su gente, a dedo, por presiones, por negociaciones o por reparto de cuotas de poder”

Una reforma que garantice, que mejore la democracia interna y la transparencia de las formaciones políticas, con normas más democráticas en su funcionamiento interno. Se debe imponer un sistema de financiación transparente con una fiscalización eficaz e independiente de sus cuentas, con sanciones que lleguen incluso hasta la disolución en caso de incumplimiento. La norma puede vincularse a las regulaciones establecidas en la Ley de Transparencia y permitir que los ciudadanos puedan solicitar a un partido documentos relacionados con su funcionamiento. Los representantes públicos que se encuentren en procesos judiciales deberían ser suspendidos en sus funciones orgánicas o institucionales hasta que se aclare su situación.

De todo esto iba hace unos meses un acuerdo parlamentario a tres bandas, entre PSOE, Unidos Podemos y C’s para impulsar una reforma e integración de la ley de partidos, vigente desde hace cuarenta años, endurecer las penas por financiación ilegal y promover la regeneración, modernización y democratización de los partidos políticos. Que los partidos no puedan recibir donaciones de personas jurídicas, ni siquiera a través de organismos asimilados, teniendo que ser públicas a partir de un determinado importe. Regular por ley la obligación de que los partidos respondan patrimonialmente ante los delitos de financiación ilegal cometidos por sus cargos públicos u orgánicos, favorecer la paridad… En fin, sería de mérito desmontar la idea de que los partidos se han convertido en maquinarias para expedir cargos públicos, con un sistema extraño en el que cada sector pugna por meter a su gente, a dedo, por presiones, por negociaciones o por reparto de cuotas de poder. Eso debe cambiar.

Es una triste falacia cuando se dice que los electores no piensan en cómo se organiza el partido a quien quiere votar; el PP también tiene que pasar su purga, y es que por sus propios méritos perdió el gobierno y la confianza de toda España.

La renovación de la cúpula del Partido Popular no se la cree nadie. Un proceso así no se puede hacer en cuatro días; con un simple cambio de caras no se regenera nada. Hace falta algo más: sin debate, sin autocrítica, sin la inteligencia colectiva de sus bases no podrán levantarse y su adversario no ideológico se los va a comer con patatas.

Desde estas líneas, mi humilde contribución a impulsar, a retomar el consenso que se logró por el mes de marzo en el Congreso de los Diputados. Espero que alguien con suficiente autoridad lea este artículo y lo promueva, puesto que alguna experiencia sigue siendo todavía decepcionante. Los partidos (sus militantes) deben aprender a no tolerar ningún retroceso: hay que enfrentarse a los aparatos cerrados que pretendan inhabilitar, secuestrar la voluntad de las bases. Que maquillar la democracia sea imposible. Debemos favorecer que las primarias, si son a cargos institucionales, lo sean “abiertas” a sus simpatizantes; establecer la limitación de mandatos; lo de un cargo, un salario, chirría bastante: prefiero una persona, un cargo. Y transparencia, mucha transparencia, por favor.