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El Gobierno cambia de banda

Juan A. Gallego Capel

Todo apunta a que Rajoy podría dejar su acta de diputado en las próximas fechas, pero para empezar mañana martes, cuando se celebre el primer pleno de la Cámara tras la toma de posesión del nuevo Gobierno, Pedro Sánchez se sentará en la bancada azul justo en el otro extremo al de Rajoy, a la izquierda de la Presidencia y justo delante de los diputados socialistas. De los 14 miembros del de Rajoy a los 18 de Pedro Sánchez. El primer presidente del Gobierno investido en una moción de censura y el primero que carece de la condición de diputado, por lo que podrá asistir a los plenos e intervenir en la tribuna cuando lo considere oportuno, pero no podrá votar junto al resto de su grupo.

“Sería absurdo plantear una reforma por cuestiones ajenas a los intereses de la mayoría de los ciudadanos; Catalunya es una urgencia pero la reforma de la Constitución que los socialistas hemos de proponer es más que eso”

Suponiendo que el orden de prioridades del nuevo gobierno será definido por las distintas carteras, aprovechando las recientes declaraciones de la ya ministra de Política Territorial y Función Pública y secretaria de Impulso Federal del PSC, Meritxell Batet, que ha considerado que para "superar la crisis institucional" y, en especial, la "territorial" que vive el Estado es necesaria una reforma de la Constitución "urgente, viable y deseable", tengo que decir que no solo lo comparto sino que estoy convencido de que la única vía de solución pasa por el dialogo razonado.

Dicho esto, decir que sería un problema plantear una reforma por cuestiones ajenas a los intereses de la mayoría de los ciudadanos. Catalunya es una urgencia pero la reforma de la Constitución Española tras 40 años que los socialistas hemos de proponer es más que eso. Mejorar el modelo territorial del Estado, modernizar las autonomías, la separación de poderes, garantizar una Justicia independiente y asegurar el derecho a la participación política, la igualdad jurídica y de oportunidades y las libertades personales. Hay, por tanto, que reformarla y hay que hacerlo sin prisa pero sin pausa. Ello no consiste en blindar privilegios económicos o crear nuevos sistemas fiscales excepcionales sino para garantizar más igualdad y más bienestar para todos. No para acomodar a quienes quieren romper España sino para modernizarnos internamente y perfeccionar nuestro sistema democrático.

Además, hay que proponer una reforma para impedir ataques a la igualdad y libertad de los ciudadanos bajo pretextos absurdos. Señalar expresamente en la Constitución que “España es un Estado laico”; para suprimir la discriminación por razón de sexo en lo que se refiere a la sucesión de la Corona; para suprimir aforamientos, garantizar una Justicia independiente o disponer de una ley electoral que garantice una proporcionalidad más igualitaria de voto o una ley de partidos que mejore su democracia interna.

Ocupémonos de lo urgente, pero sin olvidar lo necesario. Es decir, más allá de atajar el problema territorial, hay que poner el foco sobre algunos de los aspectos más reaccionarios de la Constitución del 78, como el papel central del Ejército dentro del Estado, o la lectura raquítica en materias como el derecho al trabajo, a la vivienda, a una pensión digna… Etc.