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Bares, qué lugares

Juan A. Gallego Capel

Nos juntamos unos cuantos para ver el España-Portugal en el bar. Es decir, en uno de esos cientos de miles de bares de la esquina que hay, esos locales que, en nuestra sociedad, hacen las veces de iglesias laicas o de centros comunitarios, piedras fundamentales de la vida de barrio. Por añadidura, estos establecimientos en concreto, además, se encuentran a un tiro de piedra de tu casa, tal y como debe ser según las normas sagradas y no escritas del parroquiano tradicional.

“Tenemos más bares que la suma de todos los que hay en Estados Unidos; si añadimos los restaurantes, nos ponemos en 350 mil, es decir, un establecimiento de hostelería por cada 129 habitantes”

En España hay 260 mil bares, uno por cada 175 habitantes, la cifra más alta de la Tierra. Repito: somos la primera potencia mundial en practicar la barra fija, y es que además en ellos nos gastamos unos dos mil euros al año. Para hacernos una idea de la enormidad de nuestra afición, digamos, por ejemplo, que tenemos más bares que la suma de todos los que hay en Estados Unidos. Si añadimos los restaurantes, nos ponemos en 350 mil, es decir, un establecimiento de hostelería por cada 129 habitantes, pero ahí ya somos los segundos porque nos gana por un pelo la diminuta Chipre, con uno por cada 124 personas. Esto es interesante, porque resalta que en otros países tal vez le den mayor importancia a lo gastronómico, mientras que lo verdaderamente extraordinario en nuestra cultura es el antiguo y acendrado apego al bar. ¿Y qué significaría esto? Pues que somos animales eminentemente sociales. Que necesitamos el roce, el aliento, la compañía, el calor de los nuestros. Que, para vivir, tenemos que sentir que formamos parte de un grupo. Quizá sea un rasgo primitivo. Un residuo de los usos de la horda.

Los bares son sin duda un índice irrefutable de la situación económica del país (para que luego digan que hay crisis…). Punto de socialización y esparcimiento por antonomasia del territorio patrio. Fuente de inspiración, hilo conductor de películas, novelas y canciones.

Sólo en la Región de Murcia existen unos 2.800 bares, de los cuales casi 800 radican en la capital, pero es Los Alcázares el término municipal con más tabernas según el ratio por población. Hasta 3,14 por cada mil habitantes, frente a las 2,58 de Moratalla, las 2,39 de Bullas y los 2,3 de Mazarrón y San Javier.

Un estudio de hará unos cinco años sobre el tema ofrecía datos tan despampanantes como el hecho de que más de dos tercios de los españoles conocen el nombre del camarero de su bar favorito, o que casi el 30% le dejaría al camarero del bar de la esquina las llaves de su casa con total confianza. En realidad, esto es algo que sucede bastante a menudo: vecinos que dejan las llaves en el bar para el electricista o el fontanero que tiene que arreglar algo en casa, o para el amigo que va a venir a alojarse durante algunos días, o para la hija que se ha olvidado el bolso. Y es que lo que yo llamo el bar de la esquina, o sea, el de siempre, sirve de oficina de correos, de almacén, de conserjería, de agencia informativa barrial. Los extranjeros, sobre todo los de procedencia protestante, no entienden lo que significan los bares para nosotros. Para ellos son centros de perdición, tenebrosos lugares de pecado, mientras que para nosotros son locales familiares, ese sitio confortable y seguro en el que festejas con amigos y familia. Pura magia.

Bares, qué lugares. Según datos oficiales, de cada diez locales de copas que hay en nuestro país, seis siguen siendo estas modestas empresas familiares, oasis de tibieza en el asfalto. Cuánto más sufrimiento habría en España sin los bares. Sin estos lugares protectores en donde siempre conseguirás que alguien te escuche.