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Bankia pública

Juan A. Gallego Capel

El abordaje de Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa tras la moción de censura previsiblemente congelara los planes de privatización de Bankia, entidad en la que el Estado mantiene una participación superior al 60% a través del FROB. En el PSOE hay partidarios de maximizar la recuperación de ayudas públicas, pues se considera que privatizar Bankia al precio de cotización actual —cierra por debajo de los 3,5 €— supone malvender la entidad. Como mínimo hay que exigir recuperar la totalidad de las ayudas públicas, que sólo con esta entidad ascendió a la friolera de 22.424 millones de euros, por lo que gana fuerza la opción de que por el momento se prolongue más allá de 2019, conforme tenía previsto el Gobierno de Rajoy.

“Socializar las pérdidas del sector privado por ser estratégico para la economía nacional es propio de la derecha: la privatización no garantizará que el sistema financiero español se levante de su depresión”

En cambio, desde la izquierda y las organizaciones sindicales se pide que se desista de la idea y que el banco se convierta en oficial. Goirigolzarri, presidente de la entidad, manifestaba hace unos días que no sólo está completamente en contra de esta opción, sino que se ha mostrado “convencido de que la privatización no está en discusión”. Explicó también que, aunque la entidad se encuentra controlada en un 60% por el Estado, “los gestores tenemos un mandato de desarrollar una gestión profesional e independiente”, entre otras cosas, porque “es la manera de devolver las ayudas a los contribuyentes”. Ese es el modelo en el que se siente cómodo el hombre, frente a los que piden que Bankia se convierta en un “instrumento de política económica o social”. Pero eso no es todo: Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) también son partidarios de completar la privatización de la entidad financiera lo antes posible.

Esto de socializar las pérdidas del sector privado por ser estratégico para la economía nacional es propio de la derecha. Seamos serios, la privatización no garantizará que el sistema financiero español se levante de su depresión. Es imprescindible impedir su privatización. No, no se puede perder la oportunidad de poner una parte de los ahorros de la sociedad al servicio de un verdadero desarrollo social. Bankia debe consolidarse como una entidad pública de carácter estatal, cuya gestión esté participada por el Estado, las comunidades y los ayuntamientos, bajo unas normas de gestión democráticas y transparentes, que sea un servicio público vinculado a las políticas económicas y sociales de las administraciones públicas. De esta forma sería posible que la gestión de los ahorros de la sociedad depositados en esta entidad esté dirigida a la atención de las necesidades sociales, el desarrollo de unos servicios públicos de calidad y de un sector público productivo con el objetivo fundamentalmente puesto en la creación de empleo.

Todavía se desconocen los planes de Nadia Calviño, ministra de Economía y, por consiguiente los del Gobierno al respecto. Pero si yo tuviera la responsabilidad, lo primero que haría sería promover el relevo de Goirigolzarri y por supuesto del resto de miembros del Consejo de Administración, así como la fusión con el Instituto de Crédito Oficial (ICO) para comenzar a poner la entidad al servicio del bien común. Es urgente reactivar la economía y para ello se hace necesario facilitar el crédito al consumo y a la pequeña y mediana empresa, a unos tipos de interés que sean razonables.