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Por los siglos de los siglos…

Juan A. Gallego Capel
El alcalde Ballesta y algunos concejales en la procesión de los 'coloraos', en una foto subida por él mismo a Twitter.

En este país no habrá igualdad plena sin libertad de pensamiento. Si no se avanza en laicidad, seguiremos impartiendo la religión en la escuela, se practicarán indultos a petición de las cofradías, el izado de banderas a media asta por la muerte de Cristo, la concesión de medallas o distinciones a imágenes religiosas, se rendirá pleitesía por parte de las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad ciudadana en actos o manifestaciones religiosas y, por supuesto, se seguirá venerando por la autoridad gubernativa el poder eclesiástico.

“Si se quiere ir a un acto o manifestación religiosa, se debería hacer como un devoto más; el bastón de mando y la medalla municipal hay que dejarla en el despacho”

No creo que haya nadie que se atreva a prohibir que un alcalde o alcaldesa, o un concejal o concejala, vayan a una procesión o un acto religioso cualquiera. En realidad, lo que se reclama es que se cumpla con la vigente Constitución primero y segundo, en el caso que me ocupa y me preocupa, con la identidad ideológica que se representa. Del resto, que se ocupen y preocupen otros.

La representación del Ayuntamiento es competencia de su alcalde o alcaldesa o del concejal o concejala en que delegue. Si se quiere ir a un acto o manifestación religiosa se debería hacer como un devoto más; el bastón de mando y la medalla municipal hay que dejarla en el despacho. En alguna ocasión, por desgracia, hemos visto que se solicitaba esta representación por personas que antes de ser elegidas nunca se las había ocurrido participar en este tipo de actos. Es lamentable que el único motivo de querer asistir ahora sea promocional o puramente electoral, si piensan, erróneamente, que ello les puede reportar algún voto.

Es erróneo afirmar que se desea participar en una procesión porque es un acto religioso que afecta a toda la sociedad. Va todo el pueblo, dicen algunos, y la máxima autoridad municipal que les representa debe estar con el pueblo y la tradición. Este argumento se cae por su peso si reflexionamos sobre la parte de ese pueblo que va a una procesión. No hay datos que yo conozca, pero imagino que, en un acto o manifestación religiosa, no participará ni el 10% de la población total.

Soy de los que creen que la política debe estar separada de la religión, y las instituciones que representan al conjunto del Estado, también, pero ello no significa que critique ahora a aquellos que asistan a cualquier acto religioso. Cada uno sabe cuáles son sus responsabilidades, allá cada cual. Que te inviten a asistir no significa que se tenga la obligación de acudir, uno agradece la cortesía y amablemente declina la invitación. Y no pasa nada, nadie se tiene que sentir escandalizado ni censurar la ausencia; es entonces cuando de verdad se representa a todos.

Católicos y no católicos de base comparten la separación de la Iglesia y el Estado y se sienten ofendidos cuando ven en la presidencia de sus actos religiosos a autoridades que solo van a la busca de un voto más. Insisto en mi respeto a todos los que acuden a actos religiosos y a los que no van. Pero nadie puede marcarse faroles con ambición electoral sin que se denuncie el retroceso democrático que ello supone. Que lo de obligatoria asistencia era en tiempos del franquismo.

Así las cosas, a la derecha y, por simpatía, a la jerarquía eclesiástica les cuesta aceptar el principio intelectual de la pluralidad, que es el que profesa un auténtico progresista. Quizá el asunto precise, sencillamente, de una actualización. En cualquier caso, lo importante es que estas fiestas que acaban y las que ahora iniciamos en la ciudad de Murcia sigan siendo laicas. ¡Felices fiestas!

 

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