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Al rescate del Servicio Murciano de Salud

Juan A. Gallego Capel

Si hay algo de lo que podíamos presumir los españoles era de su sistema de salud pública, en declive desde hace años. La reacción del sistema neoliberal fue asegurar el pago de la deuda, fundamentalmente privada, que se había generado en distintas burbujas. El Gobierno de Rajoy optó por recortar las prestaciones sociales: sanidad, educación, dependencia y derechos laborales. A consecuencia de ello, grandes sectores de la población se han empobrecido, aun trabajando, y las desigualdades sociales han aumentado de forma espectacular. Los múltiples y amplios recortes en sanidad pública han deteriorado la salud de la población y nuestra Región de Murcia no ha sido una excepción, creando las condiciones para que sectores más pudientes de la población opten por la sanidad privada.

“Le sobran ganas y músculo al personal sanitario para recuperar la dignidad perdida; hay excelentes expertos comprometidos, pero además hace falta el apoyo de toda la ciudadanía, la que no está dispuesta a perder más derechos”

Pero hay otras causas del declive de la sanidad pública. Desde hace tiempo, existen retos no abordados: nuestra comunidad autónoma tiene una de las mayores tasas de envejecimiento y de enfermedades crónicas. Un alto porcentaje de la mortalidad se debe precisamente a este tipo de enfermedades, muchas de ellas prevenibles, según expertos en políticas públicas sanitarias. Pero la gestión sanitaria va enfocada, también su gasto, a un modelo “asistencial reactivo” que espera a la enfermedad, con grandes costes, en vez a su prevención promoviendo políticas que incentiven la salud.

Es necesario pasar de las palabras a los hechos. ¿Se necesitan hospitales? Sí, pero hay que tener presente otras prioridades y pensar qué tipos de hospitales y dónde situarlos. No todas las personas necesitarán hospitales altamente tecnificados, pero sí todas las personas van a necesitar, necesitan ya de hecho, una atención sanitaria esencial, accesible y universal, una atención primaria de salud que dé respuesta a la gran mayoría de sus problemas de salud. Necesitamos más hospitales de día, cercanos y con capacidad para atender los problemas de salud más comunes.

Además, hacen falta plazas hospitalarias de cuidados intermedios, más residencias públicas y de estancia diurna, centros de salud renovados que amplíen su cartera de servicios nuevamente orientada a la prevención y rehabilitación, incorporando a otros profesionales de salud (psicólogas, terapeutas ocupacionales, fisioterapeutas…), y con más dedicación de la jornada a atender a las personas en sus domicilios. También más servicios de urgencias fuera de los hospitales, bien dotados de personal y medios con suficiente capacidad de resolución y que preserven las urgencias hospitalarias para situaciones de mayor gravedad.

La mejora de la atención sanitaria requiere no solo revertir los recortes, que es prioritario, sino transformar el gasto sanitario en inversión en salud. Esto se consigue cuando todas las administraciones, no solo la sanitaria, estén claramente dirigidas a intervenir en los factores que determinan la salud en nuestra sociedad: la desigualdad, la pobreza, el deterioro medioambiental. Evidentemente, es responsabilidad del SMS la excelencia, la docencia y la investigación. Pero para ello tiene que existir o un hospital o servicios acreditados de carácter regional altamente cualificados y con la tecnología adecuada.

Le sobran ganas y músculo al personal sanitario para recuperar la dignidad perdida. Cuenta con excelentes expertos en gestión sanitaria comprometidos, pero además hace falta el apoyo de toda la ciudadanía, aquella que no está dispuesta a perder más derechos. Es por lo que un servidor estará, e invito desde estas líneas a la participación, con la Marea Blanca en la concentración del próximo 1 de marzo, a las 18.30 horas, frente al Hospital Reina Sofía de Murcia.

 

Comentarios

Enviado por Pedro Egio el

creo que todos debemos estar ahí: nos va en juego nuestro futuro, el de nuestro mayores, el de nuestros jóvenes. el de los trabajadores en general, porque mens sana y corpore sano, y qué carajo, que si uno se pone malito o necesita atenciones diversas somos los que estamos manteniendo el sistema, y no ellos, que sólo nos roban o se pegan la vida padre con nuestro dinero: ¿es que somos tontos o es que nos lo hacemos muy bien?

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