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Laica Navidad

Juan A. Gallego Capel

Allá por el año el año 350, la Iglesia elige el 25 de diciembre para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret. Nadie conoce el día ni el mes exactos en los que nació Cristo, pero un papa aprovechó el tirón popular y la gran convocatoria de la fiesta del solsticio de invierno para expandir su religión al mayor número posible de personas.

De ese modo, una fiesta pagana del vencimiento del sol sobre las tinieblas (el momento en el que las noches comienzan a menguar y las jornadas diurnas se alargan, y que tenía a la agricultura como uno de sus ejes) empieza a perder su carácter aconfesional y va siendo absorbida, poco a poco, por el cristianismo.

“El país entero se moviliza, pero ya hay muy poca gente que lo celebra en el ámbito religioso, ya sólo queda el carácter festivo de la sociedad española”

Dieciocho siglos después, la impronta pagana vuelve a ganar protagonismo a la religión en el solsticio de invierno, aunque los motivos son otros. Hoy, la gente se une en torno al mercantilismo, las luces, la reunión de la familia. La celebración del solsticio de invierno es pagana y anterior al cristianismo.

En España, escuelas y empresas dan vacaciones a sus estudiantes y empleados. La actividad se detiene en el Congreso de los Diputados y las competiciones deportivas. La Bolsa hace un receso y el rey dirige su discurso anual a la población. Los padres entregan regalos a los niños para que no se sientan discriminados en la calle o en el colegio. Pero son muy pocos los que los dan o actúan en el nombre de Cristo. El país entero se moviliza, pero ya hay muy poca gente que lo celebra en el ámbito religioso, ya sólo queda el carácter festivo de la sociedad española. Ya sean cristianas, ateas o musulmanas, son pocas las personas que deciden cenar solas el día de Nochebuena. Entre quienes lo hacen, se respira un cierto resentimiento respecto a la jerarquía católica. La mayoría lo hace, también, como oposición al consumismo que empapa estas fechas. Me cuentan que en alguna casa ni langostinos, ni lujos. “Cenamos tortilla de patatas y después un rato de lectura”. No obstante, los regalos de Reyes, Papá Noel o Santa Claus para los más pequeños no faltan nunca: “Nos pasamos los días previos diciéndoles: ¡que vienen, que vienen!”

Los agnósticos y ateos no por ello vamos a renunciar a la fiesta por no creer en dios; se puede sortear el carácter religioso de la navidad de muy diferentes formas.

En el último lustro han sido muchas las organizaciones laicas las que han criticado a las tres administraciones públicas por financiar o acoger belenes en las dependencias públicas. Más airados, algunos padres de alumnos han protestado porque los colegios de sus hijos les instasen a cantar villancicos de temática religiosa o utilizasen tiempos o espacios lectivos para la construcción de belenes, al considerarlo contrario a la aconfesionalidad del Estado. Así que cada vez son menos estas representaciones del nacimiento de Jesús en sus dependencias.

Sobre la polémica de la celebración navideña en las escuelas, el Gobierno conservador sigue vacilando en su posicionamiento, apelando tanto a la autonomía de los consejos escolares de los centros como a la liberad de los propios padres a denunciar posibles vulneraciones de la ley.

Así las cosas, al muy católico le cuesta aceptar el principio intelectual de la pluralidad, que es el que profesa un auténtico progresista. Quizá el asunto precise, sencillamente, de una actualización. En cualquier caso, lo importante es que estas fiestas sigan siendo laicas. ¡Felices fiestas!

 

Comentarios

Enviado por Antonio Beltrán... el

Leed el diccionario y veréis que se llama Navidad y es fiesta porque se celebra el Nacimiento de Cristo. Y España no es laica, ES ACONFESIONAL.
Asi que mal que os pese, estas vacaciones y fiestas son por el Nacimiento de Cristo y origen cristiano.
Eso del solsticio de invierno o verano son inventos de la izquierda con tal de no pronunciar Navidad.
Dedicaros a poner un belén en vuestras casas y celebrar Navidad en paz y con los seres queridos.
Y que Dios os perdone tanta tontería y palabras vacuas.
Un abrazo NAVIDEÑO.

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