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El 155, un dilema

Juan A. Gallego Capel
Rajoy y Puigdemont, durante un encuentro entre ambos presidentes. (Las Provincias)

Preferiría hablar de la dependencia en lugar de la independencia, pero este fin de semana durante el Congreso regional del PSRM, algún compañero me reclamaba mi opinión al respecto y, la verdad sea dicha, el 155 es un dilema. Puigdemont sabe que la legislatura se ha roto, su hoja de ruta se hace insostenible, y declarar la independencia es una solemne gilipollez. Un error tras otro de un proceso lleno de carencias democráticas.

Convocar elecciones podría ser una solución, y digo podría porque no resuelve el problema de fondo; sería como dar una patada hacia delante para ganar algo de tiempo. Que hacen falta reformas es evidente. Tal vez hemos llegado hasta aquí porque nadie se atrevió a coger el toro por los cuernos.

“La solución pasa por que los pueblos puedan ser consultados, no digo a decidir sobre la independencia, pero sí a conocer su opinión con plenas garantías democráticas”

El tontolaba de Puigdemont amenaza con la declaración unilateral de independencia (DUI) y el necio de Rajoy con aplicar lo que hasta el momento era un artículo decorativo, el 155. No existe desarrollo de este precepto constitucional y por tanto se le puede conceder manga ancha al Gobierno en cuanto su disposición, pero de eso a romper desde el poder central una composición parlamentaria que ha sido elegida democráticamente por el pueblo catalán, donde reside la soberanía… Jurídicamente no lo veo sostenible; se puede cesar a miembros u órganos de la Administración autonómica y administrativos para obligar a hacer cumplir, pero no se puede cesar a todos los diputados. Por otro lado, la Constitución es la que hace valer el Estatuto de Autonomía y es la que atribuye al presidente la posibilidad de convocar elecciones. ¿Se puede destituir a alguien que ha sido elegido democráticamente? Sólo existe un mecanismo y está regulado por ley.

Tal vez se pueda inhabilitar a todo el Gobierno, pero si fuera así, sería competencia del Parlamento catalán designar nuevo presidente. En definitiva, la DUI es un veneno y el 155 no es un fármaco.

La solución pasa por que los pueblos puedan ser consultados democráticamente, no digo a decidir sobre la independencia, pero sí a conocer su opinión con plenas garantías democráticas. Se acabaría con el discurso independentista en un santiamén. Es una solución ante un problema político por la única vía para solucionar problemas políticos: la política.

Señor Puigdemont, háganos caso, disuelva el Parlamento, convoque elecciones y, resueltas éstas, forcemos entre todos a que Rajoy haga lo propio. Y del nuevo panorama político saldrá el compromiso del dialogo, un pacto para una reforma de verdadero calado, la que necesita nuestra Constitución.

 

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